Mientras tanto‘Aión’, llamémosla moderna y dejémosla bailar

‘Aión’, llamémosla moderna y dejémosla bailar


Cartel de 'Aión' de la Compañía Nacional de Danza para Facebook
Cartel de ‘Aión’ de la Compañía Nacional de Danza para Facebook

La Compañía Nacional de Danza (CDN) vuelve al Teatro de la Zarzuela para estrenar un nuevo programa: Aión. Y pasa con el título lo que pasa con la compañía. No termina de aclararse. Esto necesita una explicación.

El título se puede encontrar escrito en minúsculas, excepto la primera letra, y con todas las letras en mayúsculas. ¿Aión o AIÓN? Desde el punto de vista del periodismo cultural y la crítica, son una dificultad porque no se sabe cómo tiene que escribirse en los artículos. ¿Es un programa en mayúsculas, mayúsculo, o es un programa en minúsculas, menor?

Siempre se puede escribir al eficiente y amable equipo de comunicación para que lo aclaren. Sin embargo, quedarse con esta indefinición puede que denote más que el termino griego con el que se ha titulado: aión. Cuyo significado es tiempo no lineal y el eterno retorno de las formas.

Esa indefinición hace pensar que el programa es una respuesta a esa parte del periodismo cultural, del público y de la crítica que reclama que la CDN sea una compañía de ballet neoclásico. Una especie de programa pedagógico con el que se intenta (de)mostrar que el ballet neoclásico de Petipá está en la danza mucho más moderna de Kyllián y Forsythe. Estos dos últimos coreógrafos a los que el público masivo de la danza sigue considerando coreógrafos contemporáneos, cuando ya son unos clásicos de la danza y sus coreografías mostradas durante la velada, también lo son.

La idea es que de alguna manera el cuerpo, sobre todo el de los bailarines, recuerda los pasos que ya se han bailado antes que ellos los hayan bailado o no. La misma idea que tiene Israel Galván sobre el baile y que comparte en sus masterclass. Por tanto, idea extendida sin que se tenga evidencia científica que la confirme, pero sobre la que están construyendo los coreógrafos actuales.

Con esa idea de que el movimiento corporal está ahí, se trae de serie y se recurre al mismo casi inconscientemente en función de las necesidades artísticas, el programa empieza con Paquita de Petipá. Un ballet de corte neoclásico en el que predominan la rigidez de unas formas y estructuras en la que se introducen movimientos acrobáticos. También de un espacio y una iluminación, y, por supuesto, un vestuario de tutús, brillo, mallas y zapatillas de puntas. Acompañado de música clásica o romántica, de su época. Con todo esto se puede hacer un espectáculo bello, pero esta vez se queda en acrobáticamente bonito. Algo que el público del estreno, en el que había muchos profesionales de la danza, celebró con aplausos, sobre todo los números más acrobáticos, como los jetés.

En Petite morte de Kyllian, la rigidez y la estructura siguen estando ahí. La variación la introduce el hecho de que el coro de línea lo formen antes hombres que mujeres. Y que en un intento de evitar esa rigidez o de introducir organicidad en el movimiento, haga bailar a los bailarines con unos floretes. Y a ellas, en un determinado momento, mover unos rígidos vestidos de ¿noche? ¿época? que parecen flotar gracias a unas ruedas. Igual de rígidos que los tutús. A parte de eso, la vestimenta es color carne, para dar la apariencia de que los que bailan están desnudos. Tampoco es que en la coreografía anterior las mallas, el tutú y los corpiños escondan mucho. Como sabe el público de la danza, el vestuario siempre marca y sexualiza el cuerpo. ¿Y la música? Sigue siendo clásica, en este caso composiciones de Mozart que no fueron escritas para ser bailadas.

A la pieza anterior le sigue The second detail de Forsythe en la que las mallas siguen estando presente. Las agrupaciones de línea de coro, también. Como los jetés y los pasos a dos y los solos. Sin embargo, la pieza se ve y se escucha radicalmente distinta a las otras dos, sobre todo a Paquita. Empezando por como distribuye los grupos en el espacio, como (des)estructura la coreografía, y como se entra y sale directamente del escenario, donde hay colocadas unas sillas donde se sientan los bailarines cuando no están bailando. Y terminando porque la música es música electroacústica de Thom Willems. Esta es la pieza mejor bailada de las tres, como si las dos anteriores hubieran sido un calentamiento, hecho de la mejor manera posible, para llegar a esta con todas las capacidades a punto y ponerlas al servicio de la pieza con alegría y convencimiento. Y, por tanto, es la que si se ve sin prejuicios, la que más se disfruta.

Teniendo en cuenta el resultado, la pregunta es si la CDN tenía que mostrarse de esta forma. Como una compañía que no solo conoce el repertorio clásico, sino que lo podría bailar con competencia. Si era necesario hacer este trabajo pedagógico, más que museístico como ha dicho su directora artística en una entrevista, en vez de fomentar la creación española, esta sí contemporánea, tanto coreográfica como musicalmente. Incluyendo su parte dramatúrgica, escenográfica y de vestuario. Como se hizo con el programa anterior, Struere.

Más cuando no parece haber una tradición de ballet neoclásico en España que preservar y mostrar al mundo. Y porque es bastante probable que el discurso que se trata de trasladar no calmará a quien quiere ver ballet neoclásico. Seguirán reclamando esa programación, y, a ser posible, en exclusiva. Incluso, puede que con más vehemencia, ahora que han visto que el elenco lo puede hacer de manera bonitamente acrobática.

Es esa falta de definición, si se quiere bailar con minúsculas o con mayúsculas, la que realmente cuestiona a la CDN. Y es la que también debería cuestionar o interpelar al público de la danza en España. Una compañía a la que hay que recordar que ya tiene un histórico, cuyos mejores momentos, y cuando más adhesiones ha suscitado coincide con el tiempo en que dejó a un lado ese tipo de cuestionamiento, tuvo un planteamiento contemporáneo y se puso a bailar. Crear para y en su tiempo. Cuando decidió ser moderna. La compañía lo tiene todo para hacerlo, como se ha visto en este programa, solo hace falta que se la deje en paz y, cuando convoque, sentarse a disfrutar.

Más del autor