Aquí sólo servimos lengua. ¿Os gusta la lengua?

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A veces Carmen Calvo me recuerda a la madre de los Fratelli, los malos de Los Goonies. La miro ahí sentada al lado del doctor Sánchez, y la imagino diciéndole al oído cosas delicadas en italiano como, por ejemplo: “¿Qué estás diciendo, idiota?”. Esto mismo me pareció ayer cuando al doctor le salió el niño caprichoso que lleva dentro (al que no le bastaron las capas de camuflaje que constantemente se le renuevan) al decirle a Casado: “No tenemos más que hablar” en sede parlamentaria.

 

Ahora que lo pienso, el doctor Sánchez se parece también a uno de los Fratelli, el de la cara picada, el mismo que cogía a Gordi por el hombro y reía mientras éste contaba entre balbuceos la historia del vómito que se guardó en el forro de la chaqueta y luego echó por una ventana provocando una cadena de vómitos entre la gente.

 

Que el presidente del Gobierno afirme en el Congreso que no tiene nada más que hablar con el jefe de la Oposición debió de desatar las iras de Mamá Fratelli cuando después tuvo que salir a ensayar una explicación de la niñería. Claro que nos vamos conociendo. De hecho, ya nos conocemos y sólo nos queda ir añadiendo matices cada vez más sórdidos de la auténtica personalidad de nuestro más famoso doctor.

 

Que la vicepresidenta salga a especificar que el “no tenemos nada más que hablar” se refería sólo a la persona de Casado y no a su partido, indica en qué alturas se manejan en un gobierno cuya principal figura, de inequívocos signos neronianos, es capaz de incendiar Roma con tal de mantener el puesto.

 

Veo al doctor Sánchez caminando deprisa hacia sus aposentos privados seguido de Calvo. Oigo los tacones apresurados de Carmen, que no puede seguir el ritmo de la zancada del doctor. Al entrar, el doctor deja la puerta entreabierta, sabedor de que le sigue. Calvo cierra de un portazo y dice: ¿Pero eres idiota o qué te pasa?, con una voz ronca de mamá Fratelli que haría estremecer a mil Gordis.

 

Sánchez solloza. Calvo insiste: “¿Es que no has aprendido nada, inútil?”. Sánchez baja la cabeza. Calvo se le acerca y le dice: ¿Qué vamos a tener qué hacer, cerrarte la boca a bofetones? Tu hermano Slot tiene más luces que tú. ¡Y deja de gimotear, imbécil! Decir en sede parlamentaria, ¡en el parlamento!, par-la-men-to, ¡de parlar, de hablar! que no tienes nada más que hablar con el jefe de la oposición… ¡No se puede ser más idiota! La próxima vez te voy a coser a las palmas de las manos lo que tienes que decir, ¡estúpido!”.

 

Carmen se mueve nerviosa y pensativa por el despacho. Sánchez parece Johnny Fontane pidiéndole al padrino que le ayude. Es cuando ella le zarandea igual que don Vito a su ahijado. Luego llama a Tezanos, del CIS: “Mañana en la encuesta le sacamos trece puntos a Casado. Trece. ¿Me has oído, José Félix?”. Ella cuelga y dice: “Todo lo tengo que hacer yo”, mientras lo mira y niega con la cabeza antes de marcharse.

 

Es por esto por lo que, aparte de por el asombroso parecido físico, a veces veo a Carmen Calvo y me acuerdo de la madre de los Fratelli. Y cuando miro a su lado y veo al doctor, me acuerdo del hijo, el que parecía duro y era siniestro y se achantaba en presencia de la madre y no tenía escrúpulos y se divertía con la historia de los vómitos de la gente, exactamente igual que Sánchez, sólo que este, en vez de ópera italiana, tararea a los Killers en la intimidad.

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