Ayudando a la RAE

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He oído en la radio que la RAE se ha puesto de acuerdo con la Academia de Publicidad y Comunicación (escribo de memoria) para hacer un anuncio que pone en solfa el abuso del inglés en la publicidad. A ver si han leído a Alex Grijelmo en el Ideas (quemecompro). Sería una buena noticia. Ya me gustaría que la Real Academia hubiera decidido echarse al ruedo  y no limitarse a hacer trabajos sesudos, aunque sean muy necesarios,  con el argumento de que ella no tiene que decirnos lo que está bien o no: “La lengua es de los hablantes”, de donde se ha derivado esa pasividad ante los desafueros y estropicios que sectores insignes –algunos de cuyos representantes están sentados en sus ilustres sillones- han cometido y/o dejado que se cometan sin emitir una sola palabrita de reproche o mejor aún, de ilustración. Lo que se pide es que de vez en cuando se oiga su voz y su opinión, con contundencia si puede ser. Y sus recomendaciones.

 

He oído en la radio que la RAE se ha puesto de acuerdo con la Academia de Publicidad y Comunicación (escribo de memoria) para hacer un anuncio que pone en solfa el abuso del inglés en la publicidad. A ver si han leído a Alex Grijelmo en el Ideas (quemecompro). Sería una buena noticia. Ya me gustaría que la Real Academia hubiera decidido echarse al ruedo y no limitarse a hacer trabajos sesudos, aunque sean muy necesarios, con el argumento de que ella no tiene que decirnos lo que está bien o no: “La lengua es de los hablantes”, de donde se ha derivado esa pasividad ante los desafueros y estropicios que sectores insignes –algunos de cuyos representantes están sentados en sus ilustres sillones- han cometido y/o dejado que se cometan sin emitir una sola palabrita de reproche o mejor aún, de ilustración. Lo que se pide es que de vez en cuando se oiga su voz y su opinión, con contundencia si puede ser. Y sus recomendaciones.

 

Yo por ejemplo quiero rechazar la furia publicista de trufar el lenguaje con palabras como veggies, foodies, tekkies, que vienen significando algo así como vegetarianos, cocinillas y obsesos por la tecnología respectivamente. No me consuela que la gente que las utiliza sean ignorantes y esnobs, porque todos los medios de comunicación les siguen la pauta con entusiasmo. Propongo algo así como vegatas, tecnatas, y para los cocinillas (esto me supera, y más abajo se verá por qué) se me está ocurriendo cocinata (como segurata) o… cocichefi. Esta suena aún peor, pero sería una venganza contra los programas televisivos (y los libros, artículos, cursos…) de cocina que ahora proliferan como las plagas. Parece que a los millones de jóvenes sin futuro les están diciendo: apúntate al único sector que parece funcionar.

 

Al final, y como lo de sibarita, gastrónomo, catador, etcétera tampoco dan en la diana, ¿por qué no seguir con el francés gourmet de toda la vida, que es perfecto? Durante años y años nadie ha encontrado un término en español que lo supere; pues ¡que siga adoptado!

 

El problema de las reiteraciones absurdas, a menudo encadenando tres verbos, es un enigma para mí. Un ejemplo: “Les enseñan a aprender a estudiar”. ¿No han caído en la cuenta quienes se expresan así de que lo que quieren decir es simplemente “les enseñan a estudiar”? Otra frase estupenda, en clave reiterativa también, es esta, pronunciada a raíz de que la alcaldesa de Madrid retirara los pinchos de hierro que impedían sentarse al personal en algunos elementos de la Puerta del Sol: “…han suprimido los pinchos, permitiendo poder sentarse en ellos”. ¿Permitiendo poder? Lo que permiten (al margen de ese gerundio espantoso) es simplemente, sentarse. No te obligan, te sientas si quieres. Puedes sentarte. Y aprendes a estudiar. Te enseñan a estudiar. De dónde sale esa mezcla extraña (tan barroca), de oscurecimiento y exageración simultáneos? Tengo verdaderas ganas de saber a qué se debe este fenómeno.

 

En vista de lo cual, propongo que la RAE lo estudie y nos lo explique a todos (incluido el ministro o ministra de Educación). En serio.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.