Balón de oxígeno envenenado

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Bruselas anuncia su balón de oxígeno para España: un año más, 2014 como horizonte, para alcanzar ese temido 3% de déficit. Una pretendida ayuda que no soluciona los problemas de España, y que, claro, no viene sola: a cambio se pedirán pequeñeces como endurecer el acceso al subsidio de desempleo, aplicar con rapidez la durísima reforma laboral, el retraso de la edad de jubilación o la subida del IVA (el impuesto al consumo). Lo dicen con todas las letras: quieren “más sacrificios” de los españoles. Más sacrificios del pueblo español; cero responsabilidades de políticos y banqueros. 

 

El gobierno conservador se opone a que el gobernador del Banco de España dé explicaciones en el Congreso, y qué decir de una comisión de investigación parlamentaria; dicen que no es el momento de hurgar en la herida del sistema financiero español. Los contribuyentes tendrán que cubrir con 23.000 millones de euros de dinero público el agujero negro de Bankia, el cuarto mayor banco del país, sin recibir siquiera una explicación, y desayunándose con que un ex directivo del grupo bancario se llevará 14 millones de euros en conceptos de jubilación, entre otras perlas que muestran cómo los principales responsables de la debacle española no es que se van de rositas, es que se marchan premiados por un sistema cuyas reglas del juego inventaron ellos.

 

Es obvio que las medidas de Bruselas sólo empeorarán aún más la economía española. Es tan obvio que sólo se me ocurre que tanto despropósito sea para preparar el terreno a las privatizaciones que se vienen.Los pueblos que no conocen la historia están condenados a repetirla. Y nuestro espejo es la América Latina de los años 90, donde el FMI ensayó las políticas de la ortodoxia neoliberal

 

El resultado fue una década perdida para el pueblo, un expolio del patrimonio público del que sólo comenzaron a salir con la llegada de una generación de políticos desobedientes que se negaron a pagar la deuda, se rebelaron contra las prácticas del FMI y renacionalizaron algunos de los servicios públicos que habían sido robados a los pueblos latinoamericanos por las multinacionales europeas y norteamericanas. Me pregunto cuánto tardarán en surgir líderes así en el sur de Europa. Como dice Elvira Lindo, “en un sistema basado en la confianza, si ésta se agota porque las instituciones no actúan con transparencia se acaba generando el anhelo de un salvapatrias populista que, al menos, se dirija al pueblo”. O, puestos a soñar, un estadista serio con un mínimo de conciencia. Sea como fuere, es urgente aprender de la historia que nos reflejan los pueblos suramericanos; y prestar especial atención a casos tan interesantes como el del Ecuador de Rafael Correa para eludir el pago de la deuda. 

 

El ataque frontal a la democracia

 

En Grecia, que vio nacer la palabra democracia, se colocó en el gobierno a una junta de banqueros. Se apartó del pueblo de la toma de decisiones. Como recuerda Naomi Klein, el sistema de mercado está en guerra con la democracia. “Nos vienen a decir: podéis votar, pero no va a ser más que un concurso de popularidad”, dice Klein en el documental Catastroika. Pero cuidado, nos advierte el veterano Ulrich Beck: el capitalismo, al destruir la democracia, está cavando el foso de su propia legitimidad. Cualquier sistema económico necesita un sistema de legitimación para mantener la desigualdad social, la opresión de la mayoría por la minoría de privilegiados. La fuerza bruta se mostró mucho menos eficiente o duradera que otros sistemas de legitimación, como el que sostuvo el capitalismo en los últimos dos siglos: el consenso en torno a la democracia representativa liberal.

 

En Catastroika nos recuerdan que de lo que hablamos no es de desregulación de los mercados, sino de que los que decidan las reglas del juego, sean quienes tienen el poder económico y no han sido escogidos democráticamente. Los políticos quedan reducidos a peleles del poder real –el poder del dinero. Y, así, liberado de todas las restricciones democráticas, el capitalismo se convierte en lo que es por sus planteamientos fundacionales: un “picnic de buitres”.

 

Dice el escritor Luis Sepúlveda que lo que se está produciendo en Grecia es “la entrega total de los derechos ciudadanos”. Cada vez más claro vemos que España viene detrás; y que, como leía hace unos días, de los dos modelos de rescate europeo, griego (por bancarrota del Estado) e Irlanda (por quiebra de los bancos), España se parece cada vez más a ese segundo modelo. No ayuda que las mentiras reiteradas del gobierno y los banqueros, que anteayer negaban las ayudas europeas para la recapitulación bancaria, siembren la duda sobre cuántos miles de millones de agujero pueden tener otras entidades, pues lo que es en Bankia, donde había beneficios “afloraron” –así, en surgimiento espontáneo y fatal como una catástrofe natural inevitable- 3.000 millones de euros en pérdidas en 2011.

 

Cuenta mi colega Gorka Castillo que, hace cinco años, cuando la burbuja no había explotado pero hasta el más ingenuo comenzaba a pensar que era cuestión de tiempo, los expertos callaron las informaciones que tenían, así los economistas como los gobernantes. Recuerdo que, en un curso sobre economía que hice en la primavera boreal de 2008, pocos antes de la quiebra de Lehman Brothers, tenía un profesor de economía, satisfecho de sí mismo porque daba clases en universidades norteamericanas, que se mostró irritado cuando la mayoría de sus veinte alumnos, todos periodistas, manifestamos nuestra preocupación por la burbuja inmobiliaria. «¿Pero qué burbuja? ¿Pero qué problema tenéis con el ladrillo?”, decía con condescendencia. Para él no suponía ningún riesgo que el 18% del PIB español correspondiese a la construcción. Siempre me pregunté si realmente un tipo que estudió en Harvard puede ser tan ignorante o detrás de esa torpeza intelectual se escondía una intención oculta. También me pregunto si aquel nefasto economista pidió alguna vez perdón a sus alumnos.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.