Bombardeo de facilidades

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Les quiero contar cuánto interés ponen nuestras autoridades –municipales, en este caso, pero… en la emergencia de emprendedores, la creación de empleo, el crecimiento económico y todas esas cosas tan buenas y de las que tanto nos hablan. Tengo una amiga periodista que perdió su trabajo en un ERE y decidió montar en Madrid un “picnic-café”. Lo pensó mucho, se informó, se formó…

 

Lo primero, después de tanto tiempo, bien hallados.

 

Ahora les quiero contar cuánto interés ponen nuestras autoridades –municipales, en este caso, pero… en la emergencia de emprendedores, la creación de empleo, el crecimiento económico y todas esas cosas tan buenas y de las que tanto nos hablan. Tengo una amiga periodista que perdió su trabajo en un ERE y decidió montar en Madrid un “picnic-café”. Lo pensó mucho, se informó, se formó…

 

Pidió licencia de apertura en diciembre de 2013 y a pesar de la falta de respuesta municipal hizo las obras correspondientes y en abril de este año abrió el negocio. Lleva más de cinco meses funcionando sin licencia. Es decir, que, con la ley en la mano, ella tendría que estar a día de hoy esperando la licencia, y pagando el alquiler, los gastos de las obras…

 

De momento, el negocio funciona. Está lejos de su casa, así que tiene que llevar su coche, por si tiene que hacer gestiones o acudir a los proveedores. En la zona no hay aparcamiento libre. Ninguno. No tiene derecho a una plaza en la zona verde: no es residente. Ha tenido que alquilar una plaza de garaje, 90 euros al mes, un gasto que no puede desgravar: sólo desgrava si el coche es de empresa. Eso la obligaría a dejarlo a dormir en el aparcamiento. No podría llevárselo al final de la jornada. Y ella tendría que volverse a su casa en metro.

 

A todas estas, cotizaba como autónoma 50 euros al mes. Pero como la cosa marcha y sola no se puede atender un café, ha contratado a dos empleadas. Ahora tiene que cotizar por 300 euros. “Como he creado empleo, me penalizan”, resume. Ambas son eventuales, ya que el nuevo contrato indefinido la obligaría a sustituirlas en el plazo de 15 días si tiene que prescindir de ellas. Si no cumple el plazo, tendría que devolver las bonificaciones de ese contrato, con los intereses correspondientes.

 

El Canal de Isabel II le hizo en el exterior el contador del agua. Parece que siempre cobra un sobreprecio, porsiaca. A ella le quedó un saldo positivo de 600 euros, pero no se lo devuelven: lo irán descontando de las sucesivas facturas…

 

Como ven, todo son facilidades. ¡Cuánto apoyo!

 

El otro día, estrené mi vuelta a Madrid dando un respingo cuando un experto que hablaba de Siria, Irak y demás espantos en la radio dijo algo sobre la posibilidad de “bombardear facilidades”, frase absurda donde las haya, reo de servilismo lingüístico (facilities significa en inglés medios, instalaciones…).

 

Sin embargo, después de hablar con mi amiga, y cada vez que lo pienso, la frase va adquiriendo más sentido: es eso, claro: la costumbre ancestral de bombardear facilidades.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.