Cartas desde Nueva Inglaterra

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Se trata de un país cómodamente en declive.

 

Sus habitantes y hablo muy especialmente del sector burgués, son  nerviosos. Se levantan tempranísimo. Muchos tienen un televisor permanentemente encendido en sus cocinas emitiendo programas sobre el tiempo, para distraerse, para que no hay silencios prolongados, esos que favorecen la salida de demonios y miedos internos. Se visten por la madrugada en plan deportivo como para irse al gimnasio o ‘hacer footing’ (una frase en castellano – en mi opinión – especialmente desafortunada) pero la gran mayoría van directamente a un café, de esas con wifi que se abren a las 06:00, donde piden cafeína y dulces justificados gracias al uso de leche con 1% de grasa y azúcar orgánico. Muchos son gordos y a la hora del almuerzo, sobre las 12:00 piden ensaladas, ensaladas enormes presentadas dentro de un especie de mega-taco mejicano.

 

 

Son inquietos y agresivamente amistosos, riéndose con demasiada facilidad, dando la impresión de que están imitando el ritmo y estilo de jocularidad forzosa utilizados en las series de comedia tan populares en la tele. Los que se comportan con la contención y la dignidad de antes se destacan por su singularidad.

 

 

Los motivos, los factores responsables para tanta ansiedad pueden ser muchos, la misma ausencia de cultura que hay aquí como en España, razones psicodinámicos, la situación financiera, el aislamiento acoplado con una cultura muy enraizada aquí de auto-dependencia.

 

 

Pero también veo el lado bueno de su nerviosismo en publico – y es que se trata de una sociedad realmente multi-cultural, no pseudo-multi-cultural como hay todavía en España. Empezando con el señor que es el presidente del país hasta que la gente que viven en esta pequeña comunidad universitaria en medio de la nada (una nada preciosa y muy privilegiada por la naturaleza) – gente de todo el mundo, gente que vienen de culturas muy variadas y todos haciendo el esfuerzo para integrarse lo justo, sin pasarse. Por mucho que algunos sectores en Madrid se jactan del barrio de Lavapies y tal los españoles burgueses en general siguen buscando los suyos – allí ser distinto, ser de otro país, vestirse de otra manera te marca como alguien ‘rara’. Y aquí, no. O sea esa cliché Americano sigue en pie y funciona y es admirable. Ayer fui a comer en un café que pertenece a un club de golf, un sitio con muchos rasgos de pijeria en plan Yankee Americano, un sitio super bien cuidado, relajado y algo exclusivo a la vez y con vistas hermosas. Pues en las mesas lindantes había gente de todo, gente de color, latinos, gente de la India, gente de Asia, todos prósperos y integrados, vendiendo un poco de nerviosismo y falsedad a cambio de sentirse todos compatriotas y miembros de una sociedad que rechaza el extremismo como algo que sencillamente es de mal gusto. Que haya obesos paseando como zombies por el Wal-Mart a diez kilómetros de aquí también es la verdad, parientes de soldados y de gente encarcelada, gente pobre con problemas, pero también sintiéndose ellos parte del mismo país.