¿Champú o acondicionador?

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La autora le escribe a los fabricantes de champús y acondicionadores para recordarles que "la mayoría de la gente se ducha sin gafas de leer" y que, aunque le consta que "deben invertir una gran cantidad de tiempo y de dinero en enviar a sus científicos a la selva tropical en busca de esas increíbles proteínas y raíces de plantas exóticas", deberían pensar en cambiar el etiquetado de sus productos

Querido fabricante de champús y acondicionadores:

       Puede que lo que le voy a contar le resulte una novedad: la mayoría de la gente se ducha sin gafas de leer.

        Me consta que en su compañía deben invertir una gran cantidad de tiempo y de dinero en enviar a sus científicos a la selva tropical en busca de esas increíbles proteínas, nuevas vitaminas y raíces de plantas exóticas que conseguirán que nuestro cabello esté más sano y brillante que nunca y, lógicamente, quieren que nosotros, los inexpertos en cuestiones capilares, conozcamos los beneficios de estos ingredientes recién descubiertos. Obviamente, esto les obliga a incluir en las etiquetas términos como aceite de jojoba,  ketoconazol, queratina suave y relación a largo plazo en una tipografía mucho mayor que la que utilizan para escribir conceptos simples como champú o acondicionador. Pero seamos honestos. Yo ya he dejado atrás la edad de creer que mi pelo volverá a ser igual que cuando tenía quince años (aunque debo admitir que sigo comprando esos productos rejuvenecedores que prometen resultados increíbles). Y a pesar de que mi hija de dieciséis años, que ve perfectamente, agradece toda esa información, soy yo la que paga por estos productos milagrosos. Así que… ¿no debería tener derecho a poder leer lo que estoy comprando sin tener que usar una lupa?

         Piénsenlo. La mayoría de la gente empieza a comprar su propio champú y acondicionador hacia los veinte años de edad. Luego, unos veinte años más tarde, la edad pasa factura al cuerpo y muchos nos vemos obligados a usar gafas para leer… Ahora tenemos cuarenta y tantos, pero nos quedan treinta o cuarenta años por delante para seguir comprando productos para el pelo (a menos que te quedes calvo, claro). Es fácil echar cuentas: veinte años frente a treinta o cuarenta. ¿Por qué se empeñan en castigar a sus clientes más entrados en años?

        No quiero parecer ingrata con sus esfuerzos. Aprecio de verdad las horas que sus diseñadores deben emplear en crear esas etiquetas tan atractivas y rebosantes de información. Algunas veces hasta me pregunto si esos jóvenes diseñadores vienen de la industria editorial y han trabajado en libros como ¿Dónde está Wally?, y por tanto les divierte tener al consumidor entretenido en la ducha mientras trata de encontrar la información oculta, estirando los brazos y entornando los ojos en balde. Probablemente, a sus diseñadores les resultaría muy difícil incluir una gran letra A o C en la etiqueta de la botella para ayudar a identificar su contenido fácilmente. Eso sería como dar la solución.

       En muestra de mi aprecio y respeto al trabajo de sus diseñadores, he intentado seguirles el juego de “busca la palabra escondida” sirviéndome con la ayuda de uno de esos espejitos de aumento que se pegan a la pared de la ducha con una ventosa. Pero me temo que no tengo la habilidad de Leonardo Da Vinci de leer de atrás hacia delante, y lo único que conseguí fue quedarme en la ducha cinco minutos más gastando agua caliente, un recurso muy valioso.

        Entiendo que no sería razonable pedirles que hicieran etiquetas en Braille, aunque la comunidad de invidentes se lo agradecería. ¡Ah! ¡Quizás no sepa esto! ¡Los ciegos tampoco se duchan con sus perros guía! Y aunque lo hicieran, sería muy difícil adiestrar a un perro para que dijera la diferencia entre el champú y el acondicionador. Pero, vaya, siempre podemos intentarlo…

       Así que ¿qué es lo que quiero? Todo lo que necesito es que pongan en letra grande si el producto que estoy usando va a lavar mi cabello o va a deshacer sus marañas. Es decir, Champú o Acondicionador. ¿Ve? ¿A que lo ha leído bien? Si es que en realidad no es tan difícil.

       Bueno, no quiero robarle más tiempo, ya que seguramente se encontrará en alguna parte del bosque del Amazonas buscando nuevas plantas que solo mejorarán mi cabello, y acceder a sus emails debe de ser un verdadero desafío por lo que le agradezco mucho su atención a este asunto.

       Respetuosamente,

 

Ana Galán

La mujer que a menudo usa acondicionador pensando que es champú

 

 

Traducción de Verónica Puertollano

 

Ana Galán es escritora

 

 

English version

Autor: Ana Galán