Citas y comentario: ‘Artículos’, Mariano José de Larra

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En el número 5 de esta serie me ocupo de los últimos artículos de Larra (1809-1837), publicados en prensa a finales de 1836 y principios de 1837, poco antes de suicidarse.

Nota previa. Esta vez el comentario va antes que las citas.

Comentario. La lectura de los artículos de prensa de Larra, desde finales de los años veinte del siglo XIX hasta poco antes de su suicidio en febrero de 1837, muestran al lector un periodista de gran curiosidad y preocupación por el mundo que le rodeaba. Era su país, España, con su situación política y su vida social, el que centra sobre todo su atención y su escritura.

Leyendo los artículos de forma cronológica el lector puede ir viendo cómo Larra lucha por hacerse escuchar, cómo sufre por la censura que se impone a los periodistas, cómo intenta que la España que le rodea cambie y mejore, cómo sufre por no ver que todo sigue igual o peor.

Tres de estos últimos artículos son los que citaré para mostrar al lector de esta reseña cómo Larra deja entrever su desesperanza, su tristeza, su desencanto.

Al final, Larra no pudo más, pero al leer lo que escribía parece que lo intentó.

También dejó un testimonio para los que vinieron después, para los que empezaron a preocuparse por el mundo que les rodeaba e intentar que algo cambiase a través de la escritura. Dejó un ejemplo, dejando su vida, de cómo puede alguien acabar después de intentarlo tanto.

Más de un siglo después, en 1942, el escritor Stefan Zweig también se suicidó. No quería ver cómo el nazismo de Hitler invadía el mundo, echaba de menos la vida de antes, donde había estado a gusto. Él creía que no había escapatoria, que todo se estaba hundiendo e hundiría con el avance de la dictadura nacionalsocialista.

Pero tres años después fue Hitler el que se suicidó: no pudo soportar lo que se avecinaba.

Cita 1. El día de difuntos, publicado el 2 de noviembre de 1836.

No tengo muy presente en qué artículo escribí (en los tiempos en que yo escribía) que vivía en un perpetuo asombro de cuantas cosas a mi vista se presentaban… Lo que sí me sucede es no comprender claramente todo lo que veo, y así es que al amanecer un día de difuntos no me asombra precisamente que haya tantas gentes que vivan; sucédeme, sí, que no lo comprendo… Corriendo siempre tras la felicidad sin encontrarla en ninguna parte… Las campanas han alcanzado su última hora, y sus tristes acentos son el estertor del moribundo; ellas también van a morir a manos de la libertad… Madrid es el cementerio. Pero vasto cementerio donde cada casa es el nicho de una familia, cada calle el sepulcro de un acontecimiento, cada corazón la urna cineraria de una esperanza o un deseo… ¿Vais a ver a vuestros padres y a vuestros abuelos, cuando sois vosotros los muertos? Ellos viven, porque ellos tienen paz; ellos tienen libertad, la única posible sobre la tierra, la que da la muerte; ellos no pagan contribuciones que no tienen; ellos no serán alistados ni movilizados; ellos no son presos ni denunciados; ellos, en fin, no gimen bajo la jurisdicción del celador del cuartel; ellos son los únicos que gozan de la libertad de imprenta, porque ellos hablan al mundo… Aquí yace media España; murió de la otra media… Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos… ¡Aquí yace la esperanza!

Cita 2. La Nochebuena de 1836, publicado el 26 de diciembre de 1836.

El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer… Porque en cada artículo entierro una esperanza o una ilusión… Así se empaña la vida, pensaba; así el frío exterior del mundo condensa las penas en el interior del hombre, así caen gota a gota las lágrimas sobre el corazón. Los que ven de fuera los cristales los ven tersos y brillantes; los que ven solo los rostros los ven alegres y serenos… Come y bebe de mis artículos –añadí con desprecio–; solo en esa forma, solo por medio de esa estratagema se pueden meter los artículos en el cuerpo de ciertas gentes… Miserable humanidad, destinada siempre a quedarse más acá o ir más allá… Y yo rondo de calle en calle a merced de mi pensamiento… Tú [dice el criado del Larra del artículo, nota de Jesús J. Prensa] lees día y noche buscando la verdad en los libros hoja por hoja, y sufres de no encontrarla ni escrita… Yo [dice el criado del Larra del artículo] estoy ebrio de vino, es verdad; pero tú lo estás de deseos e impotencia… ¿Llegará ese mañana fatídico? ¿Qué encerraba la caja? En tanto, la noche buena era pasada, y el mundo todo, a mis barbas, cuando hablaba de ella, la seguía llamando noche buena.

Cita 3. Necrología. Exequias del Conde de Campo-Alange, publicado el 16 de enero de 1837.

Agotó en su corazón la fuente de su esperanza… Amaba la libertad… Español por carácter y por afición, estudió y conoció su lengua y sus clásicos, y supo conciliar las aficiones patrias con ese barniz de buena educación y de tolerancia que solo se adquiere en los países adelantados, donde la civilización ha venido a convencer a la sociedad de que para ella solo las cosas, solo los hechos son algo… Pero su patria gemía despedazada por dos bandos contrarios que algún día acaso se harán mutuamente justicia. El corazón generoso del joven no pudo permanecer indiferente y dormido espectador de la contienda… Ha devorado y devora diariamente la sangre de los pueblos y la felicidad, acaso ya imposible, de la patria… Se vio español y nada más y no envainó la espada. No queremos ofender a nadie; pero si los demás que como él pensaban habían ofrecido hasta entonces su vida a la patria, él ofreció más, ofreció su opinión… Pero era justo; Campo-Alange debía morir. ¿Qué le esperaba en esta sociedad?… ¿Qué papel podía haber hecho en tal caos y degradación?… Ha muerto el joven noble y generoso, y ha muerto creyendo… En la vida le esperaba en desengaño; ¡la fortuna le ha ofrecido antes la muerte!


Puedes leer las ediciones anteriores de Citas y comentario en 1, 2, 3 y 4.

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