Correr y no pensar

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Leila Guerriero corre para escribir. Corre porque escribe. Joyce Carol Oates escribe mientras corre. Laura Ferrero corre –corría– para pensar y nunca solucionar nada. Dennis Kimetto corre a 2 minutos y 54 segundos por kilómetro durante cuarenta y dos. A falta de cinco kilómeros era capaz de calcular que batiría el récord del mundo. Yo corro para no pensar.

 

Lunes, 29 de septiembre

 

Leila Guerriero corre para escribir. Corre porque escribe. Joyce Carol Oates escribe mientras corre. Laura Ferrero corre –corría– para pensar y nunca solucionar nada. Dennis Kimetto corre a 2 minutos y 54 segundos por kilómetro durante cuarenta y dos. A falta de cinco kilómeros era capaz de calcular que batiría el récord del mundo. Yo corro para no pensar.

 

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Martes, 30 de septiembre

 

Leo, en las páginas del ‘New York Times’ que traduce los jueves ‘El País’, un artículo sobre el lado más cruel de internet. En el mundo virtual nos desinhibimos, como el que se toma alguna copa de más, y entonces nos revelamos como lo que somos. Si somos unos pedantes haremos todo lo posible por que la gente lo sepa. Incluso sin pretenderlo. Y si somos maleducados no tendremos problema en insultar a quien se nos ponga delante. «Cerca del 69 por ciento de los adultos usuarios de redes sociales en Estados Unidos dicen que han visto a gente comportarse de forma ‘mezquina y cruel’ con otros internautas». Pero podemos entrenar la mente para ignorar a los mezquinos. «Pawelski sugiere leer los comentarios ofensivos con voz ridícula, para que a nuestra mente le suene absurdo». (Yo he hecho eso con textos escritos por pedantes que se creen brillantes y es muy divertido). «¿Y por qué no compartir con los amigos alguna alabanza en vez de la crítica que nos ha dolido?». «Regodearse con un cumplido –concluye el artículo– es inteligente, además de agradable». ¿Para que ser humilde si se puede ser feliz?

 

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Miércoles, 1 de octubre

 

Unos trescientos agentes antidisturbios llegaron el martes a Cataluña para reforzar la seguridad de los edificios dependientes del Estado en Barcelona y otras partes de la región. No son tanques, insiste el Ministerio del Interior, es una maniobra que se realiza periódicamente y entra dentro de la más absoluta normalidad. Interior actúa desde la más absoluta normalidad. Nace Unidad y orden, una nueva plataforma contra el soberanismo catalán. El acto de presentación, en Tarragona, será un homenaje a José María Sentís Simeón, que fue director de prisiones en época de Franco, «entregándose a la lucha contra separatistas». «Todo aquel que intente fracturar España debe ser señalado públicamente y combatido hasta ser eliminado. Este es el destino que le espera al nacionalismo catalán», explican. Desde la más absoluta libertad de expresión. El Parlamento de Cataluña, pese a la suspensión de la consulta del 9 de noviembre, aprueba la junta electoral para la cita. Desde la más absoluta normalidad democrática. Manos Limpias, un sindicato personado como acusación en numerosos casos de corrupción, equipara el 9-N con el golpe de Estado del 23-F y pide cárcel para el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Desde el más absoluto respeto a la legalidad. «Qué feo se está poniendo lo de Cataluña», me dice un compañero. «Al final van a terminar mandando los tanques. Desde la más absoluta normalidad».

 

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Víctor Guerrero, en su sección ‘Notas de extramuros‘, en ‘Siglo 21’ (Radio 3):

 

«Un periodista alemán ha publicado un libro en el que da nombres de periodistas vendidos. El autor va al grano: lo ha titulado ‘Periodistas comprados’. Uno de ellos es él. Nombra a los compradores: Estados Unidos, la CIA y la OTAN. La forma de pago: en sobres, cargados en la embajada estadounidense en Berlín. Y a los intermediarios: entidades como el Instituto Aspen. Esta ONG tiene oficina en Madrid. Aquí la preside Javier Solana, ex secretario general de la propia OTAN. En el patronato hispano se sientan los presidentes de Telefónica, Iberdrola o Repsol, entre otros. Dicen que promocionan el liderazgo.

 

El periodista alemán que señala a sus colegas trabajó veinticinco años como reportero. Afirma que en ese cuarto de siglo le enseñaron a mentir, a traicionar y a esconder la verdad al público. Udo Ulfkotte cuenta que a él le pagaban para que hablase bien de las guerras de Estados Unidos y, en general, de su política internacional. Le untaban para desinformar y dar munición en forma de artículos. Ahora asegura que está arrepentido. Su libro es un ‘bestseller’ en Alemania, donde precisamente la prensa denunciada asegura que hace falta gastar más en Defensa. O sea, en cañones, helicópteros y más guerra. No es pura coincidencia.

 

[…]

 

Aquí a los molestos no los matan. Los mandan al paro o a la jubilación anticipada. Que escriban un blog, si quieren».

 

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Jueves, 2 de octubre

 

«No hago más que pensar y pensar. Y siempre llego a la misma conclusión: y es que me parece muy fuerte todo», dice, en un arrebato de lucidez, mientras yo corro. Mientras no pienso.

 

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«Al leer –dice Edward St Aubyn en ‘The New York Times Book Review’– elegimos pasar tiempo en compañía de un autor. En el caso de Javier Marías, se trata de una buena decisión».

 

No es que me haya infectado el virus Pla y ya no pueda leer a Marías, como me dice con algo de maldad un colega. Ni que me cueste leer la primerísima persona de Marías fuera de Oxford. Aunque también: ahora leo de otra manera y Marías nunca va a mejorar ‘Tu rostro mañana’. Es que el arranque de ‘Así empieza lo malo’ no brilla como suelen hacerlo sus libros anteriores. (Las tres primeras páginas me resultaron ininteligibles). Es que Marías se pierde durante demasiadas páginas en sus vicios, en digresiones no siempre interesantes y parones que carecen de tensión narrativa. Como escribe Jordi Gracia, «se resiente el engarce entre los motivos iniciales y las doscientas páginas últimas».

 

Qué doscientas últimas páginas.

 

La historia coge vuelo y las insinuaciones iniciales –todas son necesarias– empiezan a tener sentido, a unirse, a reclamar las frases largas y las comas rebeldes que antes irritaban. Marías siempre escribe la misma novela –»Si leo a Faulkner, me gusta que sea Faulkner», dice–. En ‘Así empieza lo malo’ vuelve a estar el recuerdo de la Guerra Civil; están los silencios, los olvidos, los secretos, los petulantes, los diálogos imposibles. Están las infidelidades, las dudas, las pulsiones sexuales, las miradas. Doscientas páginas para ser devoradas con velocidad, pero que sólo pueden ser leídas al ritmo que marcan, insumisas, esas comas que deberían ser puntos. Para qué correr tanto, para qué esta avaricia, me pregunto ahora que lo he terminado, con la lengua fuera. ¿Para pasar otros tres años, cuatro, lamentando lo mucho que tarda en escribir su nueva novela?

 

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Sábado, 4 de octubre

 

J. M. Pozuelo, en el Cultural de ABC: «Con Marías ocurre que el lector asiste a lo que no ha conocido, pero que una vez lo lee, cree reconocerlo, porque está en el fondo mismo de lo que siente, imagina o sueña. El lector se autodescubre en la literatura de este novelista verdaderamente único».