Cosas de las que no se habla, 1: Que en España también se fabrican armas, y muchas

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Siempre
me llamó la atención cómo funcionan los mecanismos de los medios de
comunicación de masas en estas democracias nuestras. Lo dijo Noam Chomsky:
«La propaganda es a una democracia lo que la coerción a un estado
totalitario». No es de extrañar entonces que, diariamente, unas veces de
forma más sutil y otras más descaradamente, los grandes medios nos vayan
diciendo qué pensar y en qué pensar, o quienes son los buenos y los malos -y
cuándo son una cosa u otra, véase Bin Laden, Sadam, Gaddaffi y etc, etc-.
Europa es, claro, de los buenos: la defensora mundial de los derechos humanos,
la creadora de los ideales de igualdad, libertad y fraternidad. España es, cómo
dudarlo, de los buenos, sobre todo después de que Zapatero nos sacó de los
deslices bélicos de Aznar para meternos en la senda de la alianza de
civilizaciones, la paz y el amor.

 

¿Cuántos
sabíais -yo me acabo de enterar- que España es el sexto exportador
mundial de armas
? Tenemos muy asumido que en Estados Unidos, más que la
Casa Blanca, manda el complejo industrial militar, pero, ¿y en casa, qué? Ya
con Zapatero en la presidencia, el Estado español ha autorizado la venta de
armas en países como Israel, Colombia, China, Marruecos y Pakistán. No hay que
tener una carrera diplomática para saber que estos estados utilizarán estas
armas para cometer terribles violaciones de los derechos humanos. Para masacrar
a su propio pueblo o para promover guerras fraticidas o para mantener la
coerción totalitaria sobre sus súbditos. Y yo me digo, ¿de esto por qué no se
habla?

 

El fotógrafo Gervasio Sánchez consiguió en 2008 uno de los prestigiosos
premios Ortega y Gasset que concede El País, pero nadie en la sala
quedó muy contento con la honesta contundencia de su discurso, que sigue
todavía dando vueltas por la Red:

 

«Es verdad que las armas que circulan
por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el
nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy
poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.

Es verdad que todos los gobiernos
españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes
Adolfo Suarez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José
Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a
países con conflictos internos o guerras abiertas. Es verdad que en la anterior
legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el
presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo
comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas
.

Es verdad que me siento escandalizado cada
vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del
tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos. Pero como
Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en
quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que,
por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes
para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país,
nos guste o no, en un exportador de la muerte

Es que hay algunas cosas de las que a nadie le gusta
hablar.

* Para los que queráis más información, encontraréis
completos informes y muchas noticias en las webs de Amnistía Internacional y Greenpeace.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.