De Giovanni Trapattoni: un genio moderno (Parte II)

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El pasado martes 15, en el marco de los partidos de vuelta de la repesca para la clasificación a la Eurocopa, la República de Irlanda, dirigida por Giovanni Trapattoni consiguió el triunfo que se esperaba ante un rival débil en la figura de Estonia y se clasificó por primera vez en una década a las finales de un torneo internacional. En las ruedas de prensa posteriores, Il Trap mostró la misma dignidad en su más reciente logro, que mostrara hace dos años, tras la injuriosa mano de Thierry Henry en el repechaje de la eliminatoria de la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, cuando los irlandeses fueron eliminados por Francia.


 

  

la mano de HenryEl más reciente logro en una carrera como entrenador que se encuentra próxima a los 40 años y en la que Trapattoni ha ganado todos los títulos internacionales existentes, a nivel de clubes.

 

 

 

Iniciándose en el Milán con una breve estancia en el banquillo apenas un par de años después de retirarse como jugador, fue su llegada al Juventus de Torino lo que forjaría su reputación en el fútbol mundial. Cuando Giovanni Trapattoni se hizo cargo de la Juve, en 1976, la vecchia signora era, sin lugar a dudas, el más galardonado de los clubes de Italia, pero seguía, con más de 70 años de historia, sin haber conseguido un solo título europeo.


 

 

 

Con la Copa UEFA del ’77, conseguida a expensas del Athletic de Bilbao y por goles como visitante, Trapattoni saldaría esa cuenta. En los próximos 10 años la Juve se alzaría con seis ligas, dos Copas de Italia y, sobre todo, la Recopa de Europa de 1983-84 y la Copa de Europa de 1984-85. Trapattoni había conseguido elevar a un club de gran prestigio a la calidad de realeza continental, de la mano de un equipo espectacular (Boniek, aquel gran 7 polaco, Scirea, Tacconi, Cabrini, Manfredonia, y, desde luego, Michel Platini) que ya poco tenía que ver con la generación de Zoff y Gentile del comienzo de su era.


 

 

 

De los mejores de todos los tiempos, Juve Desafortunadamente el legado de ese equipo se verá ligado por siempre a la tragedia de Heysel, en aquella final contra el Liverpool, donde una pelea en las gradas llevó a una avalancha espeluznante que aplastó a 39 italianos. La UEFA, mostrando toda su clase y consideración, no suspendió el encuentro, de manera que, cuando Platini marcó un penalti dudoso y la Juventus finalmente pudo poner sus manos sobre la Copa de Europa, ya poco importaba.

 

 

 

Ese fue el final de la primera etapa de Trapattoni en la Juve, marchándose rumbo al Inter, donde crearía uno de los más potentes equipos que los neroazzurri hayan tenido en su historia. Era el final de los 80, y el Milán, de la mano de un tal magnate de los medios de comunicación de nombre Berlusconi, resurgía del bochornoso escándalo de corrupción que, hacia comienzos de la década, había enviado al equipo a la segunda división. Veinte años más tarde, la rivalidad entre el Milan y el Inter volvía a cautivar a los medios, con Arrigo Sacchi en el banquillo del A.C., blindado con una generación dorada de futbolistas holandeses, y Trapattoni, repleto de galardones y alemanes, en el lado opuesto del campo.

 

 

 

A pesar de conseguir el scudetto en 1989, por primera vez en casi 10 años, y luego la Copa UEFA en una final entre italianos que disputó contra la Roma en 1991 y en la que figuraron cinco alemanes (los tres del Inter más Berthold y Völler por parte de los capitalinos) aquella generación de Bergomi, el gran capitán en defensa, Brehme por las bandas, Berti de lateral, Mattheus de 10 y Klinsmann, Altobelli, Serena en el ataque, no llegó a cumplir con todo su potencial, acaso porque le tocó rivalizar con la máquina que era aquel Milán. El fútbol es así: a veces hay grandes equipos que se topan con otros más grandes y quedan en el olvido.

 

 

 

Trapattoni pasaría por la Juve una segunda vez, entre el ’91 y el ’94, donde conseguiría la Copa UEFA del 93, con un equipazo en el que ya jugaban Peruzzi, Ravanelli, Vialli, además de Roberto y Dino Baggio, Jürgen Kohler y Andreas Möller. Sin embargo, esa Juventus palidecería frente al vendaval que Marcello Lippi habría de construir pocos años más tarde, llevando a la vecchia signora a tres finales consecutivas de la Copa de Europa. Para entonces, Trapattoni ya habría empezado sus experimentos fuera de Italia. Primero fue en el Bayern de Munich, donde estuvo en dos ocasiones diferentes, consiguiendo la liga en el ’97 y la copa al año siguiente, pero donde su estadía fue controversial, su relación amor-odio con Jürgen Klinsmann famosa y su mayor legado una rueda de prensa en la que el italiano no pudo perder los estribos sencillamente porque no los había traído consigo.

 

 

 

ENTREVISTA DE TRAPATTONI

 

El éxito relativo de Trapattoni como entrenador continuó a finales de los ’90 en su paso por aquella Fiorentina de Gabriel Batistuta, que no consiguió ganar nada, pero que clasificó a la Copa de Europa (Champions League) en 1999. Llegó entones lo que sería el máximo reto de Trapattoni como seleccionador, al hacerse cargo de la nacional italiana en verano de 2000. En sus manos, Italia fue eliminada por Corea del Sur y la mala suerte en los cuartos de final de la Copa Mundial Corea/Japón 2002, y sufriría la ignominia de ser eliminada de la Eurocopa 2004 en la fase de grupos, sin perder un solo encuentro, pero con empates contra Suecia y  Dinamarca, los equipos que resultaron clasificando en aquella ocasión.

 

 

 

Parecía que Trapattoni hubiese perdido su toque mágico, o quizás fue simplemente que el fútbol moderno lo dejó un poco atrás, con su estilo conservador, su ataque preciso pero mesurado, y su catenaccio ancestral que solo logra convencer cuando el resultado es favorable.

 

 

 

Il TrapSin embargo, y a pesar de su historia y de su edad, Trapattoni ha demostrado que su verdadera pasión y su mayor entrega es por el fútbol. Así lo ha hecho durante toda su carrera, pero aún más en los últimos años, cuando sus victorias se han hecho más escasas. Aún así, la aventura, europea de Trapattoni ya cumple casi 20 años y, tras su paso por el Benfica (con quien consiguió la liga portuguesa en 2005) y el Red Bull de Salzburgo (con quien consiguió la liga austriaca en 2007) suma ligas en todos los campeonatos que ha disputado (cuatro). La deuda que le queda pendiente tras su fracaso como entrenador de Italia será difícil de saldar, pero desde 2008 pareciera que Il Trap estuviese buscando algún tipo de reivindicación con el once de la República de Irlanda. Hace dos años se lo negó la FIFA, Henry y alguna pérfida parca que tejió una mano en su camino. Pero dos años más tarde, Trapattoni se ha incorporado al lore, también, de los de Eire, pues es apenas el tercer director técnico (tras Jack Charlton en 1988, ’90 y ’94, y Mick McCarthy en 2002) que consigue clasificar al país a una competencia internacional. Queda ver qué puede conseguir Irlanda en la Eurocopa – pero, sea como sea, este nuevo logro le devuelve un poco de lustro a una figura inigualable que a recientemente a pasado desapercibido, quizás porque su presencia se da por sentada.

 

Longevo, sí, y no siempre tan digno como se ha visto recientemente. Pero a lo largo de sus más que cincuenta años de trayectoria Trapattoni ha conseguido tres Copas de Europa (dos como jugador, una como entrenador), tres Copas UEFA (dos con el Juventus, una con el Inter), dos Recopas de Europa (una como jugador), dos Copas Intercontinentales (una como jugador), nueve scudettos (dos como jugador), tres Copa Italia (una como jugador), una Copa de Alemania y la liga en Alemania, Portugal y Austria. Ya no queda nada más que decir… 

MONTAGUE KOBBE es un ciudadano alemán con nombre shakesperiano, nacido en Caracas, en un país que ya no existe, en un milenio que ya pasó. Estudioso de la lengua, de todas las lenguas, una década de exilios y academias lo han convertido en un especialista del timo escrito que encanta con espejos y humo a todo tipo de serpientes. Como prueba de ello, su trabajo ha aparecido en la prensa digital y escrita de más de media docena de países, desde Argentina o Venezuela, pasando por Jamaica, Trinidad y Antigua, hasta llegar al viejo mundo, a España y Gran Bretaña. En The Daily Herald de la isla de Sint Maarten escribe, desde 2008, acerca de cultura y literatura caribeña y latinoamericana y a partir de junio de 2011 El nuevo herald de Miami publicará una serie acerca de literatura contemporánea venezolana. Ha sido traductor, editor, corrector y portador de cafés en el pasado, aunque el gran reto ha sido siempre, y lo sigue siendo, pagarse el vermut de la tarde con cuentos y novelas. Como la esperanza es lo último en perderse, ha decidido repartir sus sueños entre Madrid y una recóndita roca en el Mar Caribe, llamada Anguilla.   ADOLFO JOSÉ CALERO ABADÍA Investigador venezolano (Caracas, 1978). Es licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y licenciado en Artes, Mención Cinematografía, por la Universidad Central de Venezuela (UCV). En el período 2007-2008 cursó estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, España), obteniendo el título de Maestría en Técnicas Editoriales. Ha publicado algunos trabajos y artículos relacionados con la literatura, el cine y la fotografía en revistas como Logotipos, Escritos o Dramateatro. Ha sido profesor de iniciación al guión cinematográfico en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y ha colaborado con diversas editoriales en España y Venezuela, labor que prosigue en la actualidad. Actualmente es profesor en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y cursa la Maestría en Literatura Comparada (UCV).