De la nostalgia a la muerte anónima

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Mira, Juan Balboa, no has podido volver. Los dueños del poder han plantado una barrera en las mentes y en todos los puntos fronterizos físicos y metafísicos del país. Así, y como te había ocurrido, llegas aquí y sientes que un calor extraño te come la conciencia y ves una vaciedad tal que aunque te dijeran que este es Bopé, ésta, Marta, alias Rijole, y este mozo es tu primo del pueblo, sentirías el retumbar de la nada en tus oídos, acostumbrados a la ciencia gaya. Pues sí, este país no es sitio para regresar con ciertas edades, incluso con ninguna edad, sobre todo si no estás dispuesto a renunciar a tu sustrato humano. Escribo hoy de la muerte del escritor guineano Juan Balboa Boneke

 

 

Sí, como poeta, y ejercí poco esta arte, hablo de la muerte de Juan Balboa Boneke.

 

Lo conocí, y por lo que leí de él, tenía mucha fe en la poesía y creía que valía para contar historias, y sentimientos. Y sentía mucha nostalgia de su Rebola natal. Una nostalgia grande y llorosa, como si en llegando a Rebola, respiraría y viviría en paz. Entonces fue esto lo que le hizo venir unos años después de que Macías dejara este mundo. Bueno, para ser precisos, le quitaron del mismo por la vía sumaria.

 

Se vino Balboa, intercambió dos poemas laudatorios con Ciriaco Bokesa, habló mucho de Almudena y luego vio claro que con el nuevo dueño del poder no se podía hablar de poesía ni de nada que no sea comer el alma a los que no quieren el poder para atormentar a los demás. Había que resignarse a hablar de Rebola desde el extranjero, y esto que hasta fue ministro. Lo dejó y se fue. La última vez que lo vimos fue en un congreso organizado por Donato Ndongo en  Murcia. Si no me equivoco, sólo lo volvimos a ver en un documental, hablando de lo que le había matado: nostalgia de Bioko.

 

Mira, Juan Balboa, no has podido volver. Los dueños del poder han plantado una barrera en las mentes y en todos los puntos fronterizos físicos y metafísicos del país. Así, y como te había ocurrido, llegas aquí y sientes que un calor extraño te come la conciencia y ves una vaciedad tal que aunque te dijeran que este es Bopé, ésta, Marta, alias Rijole, y este mozo es tu primo del pueblo, sentirías el retumbar de la nada en tus oídos, acostumbrados a la ciencia gaya. Pues sí, este país no es sitio para regresar con ciertas edades, incluso con ninguna edad, sobre todo si no estás dispuesto a renunciar a tu sustrato humano. En todo caso, no aguantaste y ahí te perdiste para siempre, por más versos escribiste parara sobrellevar esta desazón, esta angustia por haber perdido para siempre las ganas de envejecer en Rebola.

 

El que esto escribe creyó que tu historia fue tan conocida que cualquier homenaje sonaría a burla, a un reconocimiento soltado a la última, cuando no valdría para nada. Porque, ¿dónde estaban todos cuando no te sostenías y buscabas por doquier un árbol al que arrimarse? Pero somos un mero sonajero en manos del destino, voluntades meras al servicio de las musas. Así que no me reprimí, solté la mano para que fluyeran las palabras. Vete, Balboa Boneke, a sabiendas de que aquí abajo dejas a unos cuantos con el cuello agostado por la nostalgia de que un ayer, este ayer que tú siempre has mencionado, se convertirá en un mañana con menos dramas a la vista de los mortales.

 

Malabo, 11 de marzo de 2014

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.