De mi Diario : 3.ª semana del 2024

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Rodenkirchen, 14.1.

En la Sabrina buena, la de Sydney Pollack, de 1995, cuando ella le pregunta a Linus, en el invernadero de la mansión de los Larrabee, si no le molesta que venga de la cochera esa «suave brisa nueva» que parece haberse adueñado de la casa desde que ella regresó de París, Linus le contesta: «¡Son los 90s, Sabrina!» Un año antes, en la tercera versión de Love Affair, se produce un paralelismo cuando Terry mira por la ventanilla del avión de Qantas con el que regresan a Nueva York y localiza el lugar donde se deben encontrar tres meses más tarde, para cerciorarse de que están enamorados, y le dice a Mike: «[El Empire State] ya no es el edificio más alto del mundo». Sí que lo era en 1939, en la primera versión, con Irene Dunne y Charles Boyer. Del mismo modo que en 1954, que es cuando se rodó la primera Sabrina, la de Billy Wilder, aún había clases, algo obsoleto 41 años después. Al menos en el cine.

A punto de salir para almorzar llamo a Rebeca para preguntarle si sabe dónde se encuentran mis guantes, un rato antes había estado nevando. Rebeca no lo sabe y llamo a Montse, quien tampoco lo sabe pero añade: «Aprovecho que llamas para decirte que os voy a visitar mañana, alrededor de las 11». Mi alegría es inmensa, más que por la visita porque eso significa que ya se siente bien, aunque en su último email hablase de que todavía se encuentra recuperándose.

En el Steep’s tenemos hoy a Anna, y Diny le encarga sopa de tomate y un filete empanado de ternera con pommes y ensalada, yo mi salchicha al curry también con pommes. A la mesa de seis plazas, al otro lado del pasillo en el centro de la sala, llegan y se sientan cinco mujeres y un hombre. No logro adivinar si él es el marido de alguna de las cinco, o si se trata de seis viudos. Y al poco rato llega la pareja de viejitos que conocemos del Bistro Verde: ayer, allí, sólo apareció él y cuando le pregunté por ella hizo un gesto de resignación y me contestó que sus condiciones físicas y mentales estaban sumamente averiadas. Me alegro de que haya podido sacarla hoy a almorzar, pese a lo ártico de la temperatura.

Después de leer mi Diario, Guglielmo me cuenta desde su Orquidiócesis cerca de Paisápolis: «Mi suegro, toscano, solía enriquecer el “Porco Dio!” así: “Porco Dio, porca la Madonna e cornuto san Giuseppe!” Le acuso recibo diciéndole que  parecería que su suegro hubiese sido napolitoscano. O toscanapolitano.

Rodenkirchen, 15.1.

Al levantarme por la mañana encuentro este email de Montse en mi estafeta: «Buenos días mamá y papá, lamentablemente tengo que cancelar hoy. Me siento enferma y cansada. Lo siento mucho porque me hubiera encantado veros. Pero intentaré ir el jueves, ¿vale? Besos y abrazos, Montsi». ¿Cómo decía la abuela Remedios en estos casos? «Mi gozo en un pozo». Le contesto a Montse (para mí siempre Montse, para el resto Montsi): «Buenos días, Montse (espero que lo sean para ti). Lo principal es que te recuperes lo antes posible de las náuseas y de la flojera. El jueves, a las 11 de la mañana, mamá tiene cita con la oftalmóloga Dr.ª Sulimma, enfrente del ReWe. Estaría bien que la acompañaras, pero si no puedes, no te preocupes, yo lo haré. Que te mejores pronto, querida Montse. Mucha suerte, mi amor, Papá».

Mi compadre José María me escribió a propósito de lo que conté aquí acerca de la solución de un problema de ajedrez, algo que no se lo esperaba. Le contesto: «He jugado ajedrez en competición, en el torneo de los equipos de las empresas de Colonia. En la Deutsche Welle teníamos dos equipos. Uno, el mejor, lo componían colegas de las redacciones yugoslava y rusa, en el otro jugábamos cuatro alemanes, un turco y un español (yo). Nuestro equipo A se proclamó un par de veces campeón del torneo y siempre quedó entre los tres primeros; el nuestro creo recordar que una vez arañamos el podio, un cuarto lugar. Pero mi jefe (uno de los cuatro alemanes del equipo) tenía en su despacho un tablero gigante y todos los jueves nos encerrábamos allá para resolver el problema del semanario Die Zeit, que solía ser bien difícil, y no pocas veces fui yo quien resolvió el problema: mi jefe, en cambio, era mejor que yo jugando, ocupaba el tercer tablero de los seis, mientras que yo ocupaba el sexto».

Escribí esta tarde mi artículo para Nexos, sobre Somerset Maugham, con motivo del sesquicentenario de su nacimiento, el jueves de la próxima semana. Creo que me ha quedado redondo, como don William se lo merece.

Rodenkirchen, 16.1.

A punto de irme llama Montse diciéndome que pasó el mal rato, que se siente bien y que vendrá el jueves. No pego un salto de alegría ni me pongo a dar zapatetas en el aire ni a gritar “¡Aleluya!” porque está la señora de la limpieza, con su aspiradora, y pensaría que me volví loco o bien que la llamada fue para comunicarme que murió mi tío de América y me legó su fortuna. Pero alabado sea el santísimo sacramento del altar.

Hace un frío del carajo, casi me congelo en la Gudrunstrasse esperando que me pasen a recoger Ulli & Carlitos para ir a almorzar en La Modicana, adonde no vamos desde el 19 del mes pasado. Estaban Gabi & Carlo, nos saludamos a la distancia, no hubo por parte suya ninguna explicación ni disculpa por haberme excluido de su compañía el martes siguiente, el segundo día de fiesta navideña; tampoco pienso tocar el tema, pero creo que les queda claro que estoy dolido, ni una sola vez les miro, ni siquiera cuando vienen a despedirse como siempre lo hacen. En cuanto al condumio, de nuevo una ensalada en 3D para Ulli, mientras que Carlitos y yo pedimos los fogatti (creo que se llaman así, son una especie de ravioles) con pera y una crema de parmesano, deliciosos. Al final, cuando Ulli y yo ya estábamos pensando en irnos, de repente a Carlitos se le antojó un postre, nada menos que una mousse de chocolate. Terminamos casi a las 3 pm, parecía como si estuviésemos en Madrid.

Rodenkirchen, 17.1.

En el avión de Qantas que vuela de Tahití a Nueva York, Mike [Warren Beatty] se decide a cambiar de vida y le dice a Terry [Annette Bening] que nunca le ha sido fiel a nadie pero que ahora está dispuesto a hacerlo, preguntándole luego: «¿Qué diría tu padre acerca de alguien como yo?» Y ella: «Pues diría “¿Estás loca por un hombre sólo porque has estado tres días con él en una isla del Pacífico? ¿No te parece eso una estupidez?”» Me ha hecho recordar una de las más originales declaraciones de amor de la literatura, la conté en este Diario el 25.12.2021: En La vuelta al mundo en 80 días, cuando Phileas Fogg llega por fin a Londres y cree perdida la apuesta, se lamenta con Aouda de haberse arruinado, y ella, la princesa india a quien salvó de morir incinerada junto al cadáver de su anciano esposo, le dice (el diálogo es memorable): «“En todo caso, la miseria no puede cebarse en un hombre como usted. Sus amigos” “No tengo amigos, señora”. “Sus parientes” “No tengo parientes”. “Pues le compadezco, mister Fogg, porque el aislamiento es cosa bien triste. ¡Cómo no! No tiene un solo corazón con quien desahogar sus pesares. No obstante, dicen que la miseria entre dos es soportable”. “Así dicen, señora”. “Míster Fogg   ̶ dijo entonces Aouda levantándose y extendiendo su mano al gentleman ̶ , ¿quiere usted tener a un tiempo pariente y amiga? ¿Me quiere usted por esposa?’»  Chapeau, Alteza! Pero lo curioso es que a la princesa Aouda la interpreta Shirley MacLaine, y el Mike de Un asunto de amor es su hermano en la vida  real. Y ya señaló Roger Ebert en su reseña de esta peli, que cuando Mike le dice a Terry «Ya sabes que nunca le he sido fiel a nadie en toda mi vida», tienes la extraña sensación de que esas palabras podrían haber pasado entre ellos en esa vida real.

Fui donde el cardiólogo, el Dr. Stäblein, que me trata desde el milenio pasado y mantengo con él una relación de confianza muy grande. Como es miércoles y tiene la tarde libre, mi consulta se alarga hasta una hora y ½, con resultados más que satisfactorios, al parecer mi corazón está en condiciones muy buenas, algún que otro valor es incluso semejante al de hace tres años, es decir, mejor que la última vez que vine a su consultorio. Nos despedimos hasta enero del 2025.

Al salir del consultorio me encontré con una copiosa nevada, vine al Maternus, recogí a Diny y fuimos a almorzar al Steep’s. Nos recibió Tom con una cierta sorpresa porque es la primera vez que llegamos a las 2 pm, y tenemos toda la sala para nosotros solos. Le recomienda a Diny una chuleta de cerdo con tres albóndigas de papa y algo de chucrut, y yo le encargo tres Reibekuchen con salmón ahumado. Se acerca a nuestra mesa –somos los únicos comensales– y charlamos amigablemente, le trae un postre a Diny sin incluirlo en la cuenta, que ya sabe por mí que en España la llamamos “la dolorosa”. Tom es una de las ganancias plenas de nuestra forzosa mudanza a Rodenkirchen. Y luego, al salir de regreso al Maternus, sigue la nevada y debemos andar con pies de plomo porque en algunos puntos la nieve se ha convertido en hielo y una caída en plena calle y nevando es lo peor que nos podría pasar. Pero volvimos sanos y salvos, y en el ascensor una ATS le dice a otra: «Mi hija vive en la Selva Negra, y cuando le conté que acá está nevando se rio mucho, porque la nieve aquí no alcanza más allá de la suela de los tenis, y en la Selva Negra les llega a las rodillas».

Rodenkirchen, 18.1.

No me canso de ver Un asunto de amor. Y creo que alguna vez escribiré un texto sobre los finales de pelis más memorables que recuerdo: Ser o no ser, Casablanca, Senderos de gloria, Adivina quién viene a cenar esta noche, ¡Qué sabroso era mi francés!, éste de Love Affair (1994), Sabrina (1995), podrían ser una docena, seguiré escarbando en mi memoria. El propósito sería contarlos de la misma manera que cuenta pelis Molina en El beso de la mujer araña, para mí la mejor novela de Manuel, y eso es ya mucho decir.

Vino Montse para acompañar a Diny donde la Drª. Sulimma, nuestra oculista, su consultorio está al otro lado de la calle, enfrente del Maternus y de ReWe, y en realidad Montse llegó cuando ya íbamos saliendo, yo iba a acompañar a Diny. Luego, almorzando con las dos en el Primo Piano, comenté que se me murió el único amigo de la infancia que me quedaba, Joselito, el dueño del pequeño bar con su nombre en la Plaza Niña, corazón del barrio donde nací. Y Montserrat quiso saber qué amigos viven todavía del grupo que formamos en 1954 y fue la levadura de la vida intelectual onubense de la posguerra: le dije que Marina y Javier, amén de Vicente. Comentó Montse que me olvidaba de KMH, el señor H., y tuve que explicarle por qué rompí con él, se me escandalizó: «¡Esa no es manera de comportarse con un amigo hospitalizado en la misma ciudad!», dijo, y que haber dejado sola a Diny en ese trance era imperdonable. Y sí, ni siquiera a mis hijos les he contado nada de lo que pasó en el 2012, cuando me llevaron por segunda vez en ambulancia al San Carlos, en Madrid.

Ecuador, ay, Ecuador Hace muchos plazos lo dije: que cuando el Gobierno de los EE.UU. le pidió a la Mafia que colaborase en el desembarco en Sicilia, durante la 2.ª guerra mundial, se comportó como el aprendiz de brujo.

Luis Miguel me envió desde Chilango City un ejemplar de la Autobiografía de John Stuart Mill en la edición de la Colección Austral, donde la leí años ha, en la Biblioteca Provincial de Huelva. Me dice LM en la carta que acompaña el libro, que tenía ganas de regalármelo tras de leer lo que escribí en este Diario mientras lo releía hace algunos meses en alemán. Luis Miguel, qué buen amigo, y ¡Madre del Amor Hermoso, qué poetazo! Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas es uno de los mejores poemarios que he leído en muchísimo tiempo.

Rodenkirchen, 19.1.

Hoy ha sido un día sin historia. Me levanté a las 8:15 am, me aseé, me preparé el desayuno, leí el correo llegado durante la noche y me tendí en la cama a reposar. Me levanté de nuevo, a la hora coloniense por excelencia, las 11:11 am, me vestí ropa de calle, salimos a desafiar las acumulaciones de nieve sin derretir a ambos lados de la calle principal y los charcos donde se ha convertido en hielo, fuimos al chino, almorzamos (Diny pechuga de pollo al curry, yo mi pescaíto frito de todos los viernes), regresamos al Maternus, Diny subió a nuestro apartamento, yo entré a hacer compras en el ReWe: manzanas (Diny come una al levantarse, todas las mañanas), queso neerlandés, yogur con stracciatella, leche, jugo de manzana, agua mineral, y me permití el lujo de una trucha asalmonada Bío en salmuera para la cena de esta noche. Volví a nuestro apartamento y en el camino me acordé de algo que todavía no creo haber registrado acá, y es que en los doblajes españoles de los años 30s y 40s, tal vez también los 50s, usaban la voz  “apartamiento”. Me tendí a dormir una siesta que duró tres horas. En cuanto a la trucha, estaba de chuparse los dedos, y lo acabo de hacer para no empercochar las teclas. EmperpocharOtro verbo que usaba mi abuela Remedios, y es tan gráfico, pero EL olímpico diccionario lo ignora. Él se lo pierde.

Rodenkirchen, 20.1., san Sebastián, patrón de Huelva

Hoy es la fiesta del patrón de Huelva. En mi infancia, la calle San Sebastíán, desde la Plaza de San Pedro hasta el cementerio viejo se llemaba de puestos de venta de palmito, que era tradición comer en este día. Creo que se ha recuperado la fiesta como tal, pero se me hace que no lo de comer palmito Le preguntaré a la Nena cuando la llame el lunes.

Se retrasó el bus, o pasó 4’ adelantado (lo que también es impuntualidad), y llegamos al Bistro Verde a las 12:15, Paul ya nos estaba esperando. Parece que el BV se ha puesto de moda, todas las mesas estaban reservadas, menos mal que reservé una anoche para nosotros. Paul camina con dos muletas, pero según él (y quién mejor que él para saberlo) el corte de la operación, aunque todavía no cicatrizado, ya no le duele y el lunes volverá al trabajo. Diny encargó ensalada de papa à la renana y con Frikadelle, Paul un plato doble (Rösti con salmón en salmuera y un filete de ternera empanado à la vienesa) y yo un plato sencillo de Rösti con el salmón de marras. Hablé mucho y Paul tomó varias notas en su tableta, para ver las pelis que le mencioné. Se interesó sobre todo por lo que le conté de las tres versiones de Love Affair, y en especial de la tercera, que es la más afín a su edad, y además ya conoce la intrahistoria de la actuación de Katherine Hepburn y la relación amorosa excepcional en la vida de Hollywood, entre Annette Bening y Warren Beatty, que le ha parecido de lo más interesante. Creo que entretanto he logrado alguna pericia en la tarea de contar pelis, aunque no tanta como la de Molina en El beso de la mujer araña. Pero, me digo, eso tan sólo demuestra que Manuel era un gran narrador y yo no.

Una niña de nombre Ilona y 9 años de edad, «mi profesora de inglés» (su abuelo Óscar dixit!), tuvo este sueño cuya traducción la hizo Andrea, su mamá, hija de Gloria Luz y el susodicho: «Mi sueño. Fui al parque y mis abuelos no estaban ahí. Luego vi dos pájaros que se veían como ellos. Entonces les dije: ¿Ustedes se comieron a mis abuelos? Ellos dijeron que no, que ellos eran mis abuelos y que un pájaro malo los había convertido en pájaros. Yo me fui a buscar al pájaro para que los convirtiera en humanos. Lo encontré y dijo que no y me convirtió en un pájaro también». Si esto no es realismo mágico en estado puro, que venga Dios y lo vea, como diría mi abuela Remedios.

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