De mi Diario : Semana 16 / 2020

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Weiß/Colonia, 12.4., Domingo de Resurrección 

Como todos los domingos desde que comenzó la crisis –antes sólo llamaba cada dos domingos– telefoneo largo con la Nena y me refresca ese acento choquero en la línea (¿cuándo ingresará este gentilicio popular en EL diccionario?, en el Seco ya lo ha hecho). Me cuenta la Nena, entre otras cosas que se siente como James Stewart en Rear Window [La ventana indiscreta], ahí sentada junto a la ventana de la cocina, cosiendo o tejiendo y mirando para la calle y sacándole el padrón a todos los vecinos. Me lo cuenta con tanta gracia que me paso el desayuno/almuerzo riendo.

Después de leer hoy mi diario, Manu me deja en Fronterad este comentario: «Qué satisfacción encontrar a alguien que no soporta a Aute. He dejado de pensar que soy un bicho raro». A ello se une lo que me escribe KT: «Gracias por decir lo que dices de Aute: hasta leerte hoy pensaba que era yo el único que pensaba lo que tú tan claramente dices». Pues qué bien, si una gran lectora y un grandísimo poeta coinciden en pensar como yo acerca de Aute, la verdá es que me siento en muy buena compaña, como hubiera dicho mi abuela Remedios.

Más sobre el tema de las ayudas estatales a las pequeñas empresas: Desde que Suzana me escribió la semana pasada contándome que había presentado su solicitud y que sin pérdida de tiempo le habían consignado 9.000 € en su cuenta (y que la revisión se haría una vez pasada la crisis), cosa que me confirmó Montserrat que también le había pasado a ella, me estaba preguntando cuánto tiempo iba a transcurrir hasta que el padre Estado cancelase la presunción de honradez de todos sus súbditos. Ya la canceló. En su afán de ayudar y de hacerlo de una manera casi a–burocrática, el Estado le abrió puertas y ventanas a los criminales, quienes sin más ganzúas que un número fiscal (no verificado en Hacienda) y otro de una c/c., tapadera de otra c/c. en un paraíso fiscal, ya han desplumado bastante a la gallina de los huevos de oro. Soy un riguroso abolicionista de la pena de muerte, pero tratándose de canallas como estos defraudadores de la buena fe y el erario públicos, y por ende responsables de una mayor miseria para quienes están más afectados por los efectos negativos de la crisis, yo miraría para otro lado si los llevasen a fusilar al paredón.

Weiß/Colonia, 13.4., Lunes de Pascua Florida

2:00 am : Decidí volver a ver Guerra y paz, la versión de King Vidor, pero lo decidí muy tarde, estoy súper cansado de todo un día contestando emails a todo el mundo, desde Toronto por el norte a Huelva por el sur, desde Los Ángeles por el oeste hasta Varsovia por el este. Dejo, pues, la segunda mitad de la peli para mañana, o pasado. Vamos al catre.

En mi diario aparece hoy un nuevo comentario, de un lector que me aconseja, a pesar de mi gran renuencia a leer textos abstractos, la lectura de El banquete, de Platón. Me ha hecho recordar que en mis años más mozos sí he leído a Platón, aunque creo que El banquete lo dejé justo por tratar el tema de que trataba. En cambio recuerdo haberme entusiasmado con el Fedón, y de ello dejé constancia cuando murió James Dean, en el poema que le dediqué y que años después aparecería en las páginas de La Jornada mexicana; en su día lo publiqué en la revista Camino, en Huelva, ilustrado con un dibujo muy expresivo de Alberto, el pintor de cámara de nuestra pandilla. Y sí, aquellos años alborotados de lectura también le hinqué el diente a Erasmo, Schopenhauer y algo de Nietzsche, inevitablemente a Unamuno y Ortega (aunque a estos dos los leí más bien como literatura), y andando el tiempo a Camus, María Zambrano, Bertrand Russell, Hannah Arendt, Huizinga y Karl Jaspers, pero siempre con la convicción íntima de que me faltaba ese, vamos a llamarlo así, lastre fundamental que me permitiría aquilatarlos mejor. Otra vez será.

Weiß/Colonia, 14.4.

1:25 am : Concluyó la (creo) cuarta temporada de Muerte en las Shetlands, la saga de Jimmy Perez. Un solo caso en tres capítulos densos y llenos de sorpresas por completo inesperadas hasta para viejos zorros como quien suscribe. Una gran serie. Ojalá sigan más temporadas.

Al leer la homilía de Pascua Florida del cardenal arzobispo de Colonia uno siente muy fuerte una lancinante vergüenza ajena. La sarta de gilipolleces a propósito de la resurrección de Jesús, que es un episodio de ciencia ficción hasta ahora inigualado, le lleva a un festival de vaciedades que es de alquilar balcones. La guinda del pastel es cuando cita el encuentro de Jesús con la Magdalena y olvida citar la frase con que también ahora la saludaría: «Noli me tangere! [¡No me toques!]» ¿Qué ancestro lejanísimo del Coronavirus infectaría en aquellos tiempos la Palestina?, ¿ah?

Después de leer la entrada de hoy en mi blog del EE, me escribe Jaime desde Valencia que le quedo a deber a sus lectores la historia del aparador de Mühsam. Le contesto ipso fuckto que «en realidad lo único que hay que contar es lo siguiente: Durante muchos años, nuestros vecinos del piso de abajo fueron un matrimonio de un alemán converso al Islam y su esposa marroquí. Él trabajaba como yo en la Radio Deutsche Welle y cuando se jubiló y decidió irse a vivir a Marruecos (a Agadir) me preguntó si estaríamos interesado en quedarnos con ese aparador que le había regalado la hija de Mühsam cuando a su vez ella hizo una gran mudanza. El traslado del aparador de su piso al nuestro fue toda una operación digna de la logística de un Estado Mayor porque ambos éramos conscientes de que no debía sufrir ningún daño, debía conservarse en su estado original, incluidos los cristales de sus cuatro puertas (dos arriba, combadas, y dos abajo, rectangulares). Con Mourad –su nombre de converso– y su familia mantuvimos los contactos por teléfono y correos virtuales, y el que le mandé con motivo de su cumpleaños fue lo último que leyó en su ordenador, murió al día siguiente, así me lo contó su hija al comunicarnos su fallecimiento. Una pena, era un gran tipo, amante de Al Andalus y autor del mejor libro que conozco sobre Andalucía, pena también que se murió sin que se lo publicaran en español, un idioma que asimismo amaba. Esa es toda la historia del aparador de Mühsam».

Weiß/Colonia, 15.4.

1:20 am : Argo, una gran peli que no conocía. Por cierto que en varias críticas españolas leídas ahora acerca de ella, tras de ver la peli, se habla de los refugiados en la embajada americana, y en realidad donde se refugian esos seis gringos es en la canadiense. Aunque, claro está, no se les puede pedir a los críticos cinematográficos que además de cine sepan de geografía. Ay.

Hoy se reunirá Angela Merkel, por videoconferencia, con los presidentes de los 16 Estados federados para consensuar qué medidas de alivio del confinamiento y el cierre de negocios se pueden empezar a poner en práctica. En el chiste gráfico de hoy en el Kölner Stadt Anzeiger se ve una pareja sentada ante el televisor, ambos con los pelos greñudos, mugrientos y en desorden. Y uno de los dos grita en dirección a la pantalla: «¡Venga, Angie, por lo menos las peluquerías!» Lo que me hace recordar algo que nos contó Montse, y es que Oskar no se ha ocupado de buscar ningún trabajo durante la cuarentena, porque como las peluquerías están cerradas, todos los amigos acuden a él para que los motile. ♫♫ Largo al factótum della città de Colonia! ♫♫

Llamo a Goran en París para saber cómo andan las cosas por allá y me cuenta que andan como nosotros, confinados, y que tuvieron que cerrar el Esmeralda, donde él se desempeñaba un par de días a la semana como portero nocturno. La última noche, con el hotel vacío, llegaron dos ingleses recién casados con idea de quedarse tres días de luna de miel, pero ese mismo día ya se les cayó el mundo encima: ningún bistró, ninguna brasería, ningún café abierto, se tuvieron que conformar con una botella de vino y unas salchichas compradas en un supermercado para festejar su noche de bodas en el hotel, y al día siguiente regresaron a Inglaterra.

Ángeles nos regaló una nueva entrada archiarcangélica en su blog Del Absurdo Cotidiano, y después de leerla le dejo este comentario: «Hay algo que no veo escrito ni dicho por ninguna parte, y es que, a pesar de todo, deberíamos considerarnos felices de ser protagonistas y a la vez espectadores de un show down como no se ha dado nunca no sólo en toda la Historia (con excepción tal vez de la caída del meteorito y la extinción de las especies que hacen las delicias de Spielberg) sino ni siquiera en las fantasías mas apocalípticas de Hollywood. De repente incluso estemos llamados a escuchar las trompetas del Juicio FInal, de lo que mucho me alegraría porque sé que dos de ellas son las de Louis Armstrong y Miles Davis. Pero si sobreviviéramos, seríamos unos privilegiados de la Historia. Y a ver quién de nosotros no estaría tentado de decir entonces, una de dos, “Después de mí, el diluvio”, o bien “Que me quiten lo bailao”. Así es, Arcángeles querida, que a seguir bailando. Vale (que, como sabes, es la última palabra del Quijote)»

Weiß/Colonia, 16.4.

30 días, con hoy, de total confinamiento. Y ayer murió Rubem Fonseca, hoy Lucho Sepúlveda. De la de este me enteré por Pepe Oliver. Y bueno, lo único que se me ocurre pensar es en lo que dijo Camus el 3.1.1960, al enterarse de la muerte del gran campeón de ciclismo Fausto Coppi en un accidente de tráfico el día anterior: «No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto». Lo dijo un día antes de morir él mismo en uno de ellos. Morir nos tenemos que morir, de todos modos, pero morir por culpa de un arma bacteriológica china que, como la escoba del aprendiz de mago escapó al control del mismo eso es perfectamente idiota. Nadie se merece una muerte así. Y desde Pekín no llega ni una sola palabra de disculpa: los totalitarismos poseen, al parecer, la misma o mayor infalibilidad que los Papas romanos. O sea, ninguna. Imbéciles. Imbéciles y asesinos.

Inesperada visita de Rebeca, que aprovechando el buen tiempo salió a dar un gran paseo con su bici, y ¡ay! el contradiós de no poderla abrazar a mi Rebecota querida, la que más se parece a mi padre de nuestros tres hijos.

Canetti en tiempos del Coronavirus: «No hay nada que una persona tema más que ser tocada por algo desconocido. Se quiere ver lo que viene a uno, se quiere ser capaz de reconocerlo o al menos ser capaz de clasificarlo. En todas partes, la gente evita el contacto con extraños. Por la noche, o en la oscuridad en general, el susto de un contacto inesperado puede conducir al pánico. Ni siquiera la ropa le proporciona a uno la suficiente seguridad; qué fácil es rasgarla, qué fácil es abrirse camino hasta la carne desnuda, lisa e indefensa de la persona atacada». Así traduzco el primer párrafo de Masa y poder. Siento un vago temor a releer el resto.

Me manda Santi la necrológica dedicada a LS y aparecida en el pasquín de Prisa, donde se dice que el éxito mundial de su narrativa comenzó a partir de la publicación francesa de El viejo que leía novelas de amor. Le acuso recibo ipso fuckto: «La fama de Sepúlveda no proviene de la publicación de la novela en francés en abril del 92, sino de su traducción y publicación en alemán, en septiembre 1991, que estaba en la cabecera de los bestsellers alemanes durante la feria del libro de Fráncfort de ese año, en el mes de octubre, y Annemarie Metailié, la editora francesa, enseguida se avivó y compró los derechos y la hizo traducir a la carrera. Cuando salió editada en París, llevaba seis meses en la lista de los bestsellers alemanes. Puedo documentarlo todo con las dedicatorias de puño y letra de Lucho. La de la edición alemana dice: “De alguna manera, de muchas, y de todas maneras, Ricardo es culpable de la publicación de este libro en alemán. Por eso, este, uno de los dos primeros ejemplares que llegan a mis manos, que sea para Dinny [sic] and Ricardo, ¡coño! Y con mi cariño de siempre, Luis Sepúlveda, Hamburgo, Agosto 91”. La dedicatoria está firmada incluso antes de la fecha oficial de la publicación, Frankfurt am Main, September 1991, según consta en el colofón del libro. Faltaban ocho meses para que apareciese en francés». Hay redacciones que nunca aprenderán el doble chequeo de The New Yorker.

Weiß/Colonia, 17.4.

2:00 am : Vi primero L’Avenir [El Porvenir], nominada para el Oso de Oro de la Berlinale 2016 y por la que Mia Hansen–Løve ganó el Oso de Plata a la mejor dirección. Es una gran peli que acumula el mérito de no parecerlo. E Isabelle Huppert da toda una lección de interpretación, está fabulosa, y me parece justo que los críticos cinematográficos le concedieran en 2017 el premio a la mejor actriz que desafía la edad y el envejecimiento. Me encantó también la aparición en la música diegética de una balada de Woody Guthrie en la radio del auto de Fabien, quien además corea el canto, se sabe la balada de memoria, un detalle simpático y raro en una peli francesa. Luego terminé de ver Guerra y paz, un poco a la trágala, para no dejar esa asignatura pendiente. Cómo va a gustarme una peli que comienza con una voz en off diciendo: «A comienzos del siglo XIX una sombra oscura se extendía por Europa, encarnada en la persona de Napoleón Bonaparte. Sólo Inglaterra y Rusia le oponían una decidida resistencia». Ajajá, y así Hollywood se pasa por el arco del triunfo la guerra de la independencia española, que significó el principio del fin de Napoleón. Salvo de la peli la partitura de Nino Rota, que sabe usar de modo muy eficiente La Marsellesa y el himno zarista, como Chaikovski en su “Obertura 1812”.

Leo en Clarín que los casos de Coronavirus de las islas Malvinas se incluirán en el total nacional argentino. Espero que en justa reciprocidad, los casos de infectados argentinos continentales se incluyan en el total insular welper. Sería un salto de 11 a 2.582, toda una plusmarca digna de ser homologada en el Guinness Book of Records. ¡Ay, señor, cuánta idiotez procrea el nacionalismo!

Varios amigos me hacen llegar necrológicas panegíricas de LS, a todos les contesto lo mismo: «Suma y sigue de una vida de mitómano que sus adeptos de repente quizás lleguen a eternizar. Quién sabe, p.ej., de qué desinformada cabeza salió la idea de confiarle la dirección de un film con Harvey Keitel como protagonista. Es la peor peli filmada por HK en toda su vida, y eso, desde luego tiene mérito: filmar una mala peli con HK como protagonista, no cualquiera está en condiciones de llevar a cabo esa hazaña. Todo lo que tiene que ver con él me hace recordar que su agente, la malograda Ray–Güde Mertin, siempre que nos encontrábamos me decía: “A lo que más le temo en el mundo es a que un mal día se te ocurra escribir su biografía”. Le prometí que no lo haría nunca porque no merece la pena que invierta trabajo en su persona».

Me escribe Manu desde mis madriles para decirme que el título del último artículo de Marcos le ha recordado el de una novela de Böll que le gustó mucho. Le respondo altiro: «El tren llegó puntual. Fue el primer libro de Böll que se publicó en castellano, por Guillermo Kraft Editor, en 1955, y yo le regalé mi ejemplar de la primera edición (comprado por unos centavos en una librería de viejo en Buenos Aires) al Archivo Böll, donde se encontraba todo su legado, y en él los ejemplares de sus novelas traducidas a todos los idiomas; justo ése no lo tenían. Así, cuando venían amigos a Colonia, los llevaba a la Biblioteca Central, en cuyo segundo piso se encuentra reproducido el cuarto de trabajo de Böll, todo con materiales auténticos cedidos por la familia, y luego pasábamos en el mismo piso al Archivo Böll, de cuyo director soy amigo desde hace añares. Allí les enseñaba orgulloso ese ejemplar de El tren llegó puntual, con mi firma y la fecha de la compra en la primera página de guarda. Años después el Archivo Böll fue integrado al Archivo Histórico de Colonia, y no sé si lo sabes pero en marzo del 2009 se produjo un corrimiento de tierras en esta ciudad, a consecuencia de una chapuza en la construcción de la línea del Metro que sería el eje Norte-Sur de la red, y ese desplazamiento subterráneo dejó vacío el subsuelo del Archivo, que se desplomó como un castillo de naipes y arrastró en su caída un tesoro documental incalculable, documentos algunos de 1.000 años de antigüedad y también el Archivo Böll. Me encontré al poco en la calle con René, el hijo y albacea de Don Enrique (como siempre llamé a Böll), y estaba súper triste porque tan sólo una semana antes había llevado allí varios fajos de documentos que añadir al legado ya existente. Ya ves, la escueta frase de tu email ha sido como la magdalena al principio del novelón por entregas de Monsieur Proust».

Weiß/Colonia, 18.4.

En el cuaderno del Kölner Stadt Anzeiger con las esquelas fúnebres, dos de ellas merecen mi atención por sus epígrafes. Una de ellas luce estas palabras de García Márquez, en el original y en su traducción: «Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para el que tiene corazón». La otra lleva como epígrafe esta frase de Marlene Dietrich: «Los que cuentan son esos amigos a quienes puedes llamar a las 4 de la madrugada». Luego veo en mi horóscopo que «Venus, el planeta de la armonía, recomienda: No sea usted demasiado severo con aquellos a los que el Buen Dios no dotó de muchas células grises». Lo haré, Venus bendita. Me costará un esfuerzo, mas harelo.

Mi columna de ayer ha tenido bastante repercusión, en su foro y en emails de varios amigos, e incluso ha sido pirateada en México sin darle el crédito correspondiente a El Espectador. Escribo a don Fidel Cano dándole cuenta del asunto, y le pregunto «si semejante práctica es lícita o si está tácitamente permitida, o bien si a los redactores de ese medio hay que tirarles de una sensible parte de su anatomía. Sólo decírselo, para no quedarme con la inquietud, como creo que suele decirse por esos pagos».

Repasando las notas de esta semana antes de subirlas a Fronterad, veo que olvidé consignar el miércoles cómo es que Lola me certificó que Aute fue un trampantojo de la prensa del corazón española dizque progre. Dóminus nobíscum [sic]!

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4 COMENTARIOS

  1. Gracias a Doctor Golfin por sus generosas palabras sobre mi poema a James Dran. Y sí, Alberto fue sobre todo un excelente dibujante, soy orgulloso poseedor de un dibujo suyo a todo color, pensado para portada de una novela mía que, por dicha, como dicen los costarricenses, nunca se publicó. Vale.

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