De mi diario : Semana 44 / 2019

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Weiß/Colonia, 27.10.

2:00 am : Esperé en esta compu ese instante mágico en que los dígitos no saltaron de las 2:59 a las 3:00 sino que retrocedieron a las 2:00. Einstein se hubiera divertido mucho con esta boludez.

2:30 am, horario de invierno : estuve viendo hasta las 11:25 am, horario de verano, Survivor [Persiguiendo a Abbott fue su titulo en Argentina], que no conocía y que me entretuvo, pero más nada. Y después del cambio de horario, Persuasion, la segunda versión, con Sally Hawkins. La anterior con Amanda Root no es mala, es incluso muy buena, pero esta es la que probablemente más se acerque a los sentimientos de Jane Austen al escribir la novela aunque eso, quién diablos puede saberlo, nada más lo intuimos. (Pendejo plural mayestático camuflado: lo intuyo, y punto).

Detecté un cabo suelto en Sense & Sensibility: Si Mrs. Ferris deshereda a su hijo Edward en favor de su hijo Robert porque Edward se prometió con una joven  pobre, qué sucede cuando esa joven pobre se casa con Robert, a quien adjudicó la herencia que le correspondía a Edward, quien a su vez también se casa con una de las tantas desheredadas de la fortuna que pululan en la obra de Jane Austen. Doña Jane, usted nos quedó debiendo una explicación. A no ser que Mrs. Ferris legara su herencia a las putas redimidas de las mancebías portuarias de Cornualles o a las monjas.

Hoy ha sido un día de adelantar trabajos fijos para poder tener libre todo el siguiente largo fin de semana, cuando debo ordenar el papelerío para mi declaración de ingresos y gastos del 2018, ya agendé una cita para el lunes 4 con mi asesor fiscal. ¡Virgencita de la Cinta, no me desampares!

Weiß/Colonia, 28.10.

1:30 am : Comienzo a ver Mansfield Park en la versión 1983 de la BBC. Si la contrasto en el recuerdo con la de 1980 de Pride and Prejudice, se me hace que la de Mansfield Park, de tres años después, parece como si la hubiesen filmado 50 años antes. Pero la seguiré viendo hasta el final, haciéndole caso a la motivación sugerida por Eugenio D’Ors para justificar que la venganza de Guillermo Tell necesitara de nada menos que cinco actos: «cargarse de razón»

Mi columna para EE la he dedicado a los 30 años de la caída del muro de Berlín, y lo he hecho de una manera muy personal, recordando la glosa que le dediqué al tema el 9.11.1999 en nuestro informativo ¡Buenos días, América!, en la Deutsche Welle. Mi texto era tan vitriólico que Ovidio me llamó a su despacho después de la transmisión y me pidió que lo revisara y le quitase un poco de mordiente en la segunda edición. Lo hice. A regañadientes, pero lo hice, sobre todo porque ya lo había dicho en voz alta por el micrófono ½  hora antes, y hay palabras que no se las lleva el viento. El texto que canibalicé hoy para la columna es el primero. Elemental, querido Guasón.

Me mandó Loyola su discurso de ingreso en la Academia Brasileña de las Letras. A diferencia de lo que sucede en la Española, los nuevos miembros de la brasileña deben centrar su discurso en la cauda de antecesores en el sillón, especialmente el último, y Loyola ha sabido aprovechar esta circunstancia para citar extensamente pasajes de la obra de Hélio Jaguaribe que le vienen como el yelito al whisky on the rocks a la situación por la que atraviesa el Brasil. Me dice Loyola en su email que en la Academia se respiran otros aires que en la viciada política nacional. Y creo que eso viene siendo tradición desde que la fundó Machado de Assis, mi autor brasileño predilecto y una de las lumbreras más grandes de la novelística mundial en el siglo XIX. Pena lo poco que se conoce su obra entre nosotros. Y es porque siempre hemos vivido de espaldas al Brasil. Yo no.

Weiß/Colonia, 29.10.

Pasada la medianoche : Atomic Blonde [Atómica], con Charlize Theron, una sudafricana blanca a la que adoro porque en una entrevista, cuando le preguntaron por su héroe histórico preferido dijo sin andarse por las ramas: «Nelson Mandela». Aquí intrepreta el papel de Lorraine Broughton, una agente del servicio secreto del State Department gringo, que en los días previos a la caída del muro de Berlín debe acudir allí a salvar una lista de agentes dobles. La peli es una sucesión de coreografías de artes marciales, donde el poderoso físico de Charlize impuso tanto al director, David Leitch, que añadió escenas extra para que se luciese, y comentó admirado: «Con un diente roto y unas costillas magulladas, siguió rodando como si nada». Soberbia su actuación, y muy conseguido el ambiente callejero que aquel Berlín de la revolución pacífica, subrayado en fondo  por la canción de Nena, “99 Luftballons [99 globos]”, que funciona casi como un mantra musical.

El idioma alemán puede ser a veces de una inocencia y una comicidad involuntarias e irresistibles. Hoy, al abrir la compu por la página web de Telecom, para ver el resumen de noticias importantes, la primera que veo es una titulada WIRTSCHAFTSMINISTER PETER ALTMAIER STÜRZT SCHWER VON DER TRIBÜNE [literalmente: El ministro de Economía Peter Altmeaier se cae pesadamente de la tribuna]. Viene ilustrada con una foto del ministro discurseando. Ahora bien: Herr Altmeier pesa sus buenos 120 kg: ¿cómo coño va a caerse livianamente de ninguna parte?  Otra vez, hace años, encontré este titular acerca del partido de los verdes, metido en un dilema: DIE GRÜNE MÜSSEN FARBE BEKENNEN. “Farbe bekennen“ es una expresión que viene de los juegos de cartas y quiere decir “servir al palo”, y por extensión“tomar partido, decidirse, declararse partidario, etc.“, pero literalmente significa “reconocer un color”, así es que el titular de marras podría leerse como “Los Verdes tienen que reconocer un color”. ¡Joder, si lo reconocen hasta en el nombre de su partido! Carlitos opina que, al menos en este segundo caso, el periodista quiso hacer un chiste. Mi escepticismo refulge al mirarle, mientras deniego mudo al escucharlo.

El Kölner Stadt Anzeiger cumple hoy 70 años, y nosotros 45 de estar suscritos a él. Las pocas veces que ha fallado la entrega en esos 45 años, el día se quedó como colgado en el aire. Ni Diny ni yo podemos pasarnos sin la lectura minuciosa de sus páginas durante el desayuno.

Hoy, en La Modicana, sólo un comensal, de espaldas a nosotros, en la mesa más próxima a la cocina y el mostrador. Habla de vez en cuando con la signora y como parece italiano pero no lo es, suponemos que hablan en la parla de Sicilia. Carlitos encarga spaghetti modicana y yo la sopa de pescado. Me dedico a comer todos los tropezones de pescado y marisco para dejar tan sólo el caldo y bebérmelo luego, pero la hechura del plato hondo no me lo permite, y al primer sorbo de caldo termino empercochándome el chaleco. (“Empercochar” es un verbo de la abuela Remedios y no figura en el Diccionario. Peor para el Diccionario, porque “empercochar” no puede ser más gráfico). ¿Por qué no tendrá la signora cuencos, será que los ignoran en Italia, será que las normas de buena educación en la mesa italiana excluyen beber el caldo en vez de cucharearlo? Muy bien pudiera ser porque en L’amante senza fissa dimora [El amante sin domicilio fijo], una estupenda novela de Fruttero & Lucentini, la buena sociedad veneciana se queda estupefacta pero como en éxtasis cuando el enigmático forastero, en una cena por todo lo alto, toma por las asas la taza del consomé, se la lleva a los labios y bebe así su caldo, despreciando la cuchara. Cito de memoria.

Hoy subí a mi blog de EE un post acerca de Alberti, a los veinte años (y un día) de su muerte, y Pepe Baena me lo comenta desde Punta Umbría, señalándome ciertas ausencias. Le contesto: «No me tocaba esa semana del jueves 28 de octubre 1999 la conducción de nuestro informativo ¡Buenos días, América!, de manera que en la reunión de pauta a las 9:00 de la mañana me tocó ocuparme de alguno de los espacios del mismo, no recuerdo cuál. La primera emisión era a las 12:00 y estuve trabajando en mi tema y lo tenía ya listo cuando a las 11:30 entró en mi despacho el redactor–jefe, enarbolando un cable, y me dijo que le pasara mi texto a otro colega, para que lo leyera ante el micrófono y que yo me tenía que ocupar de «esto» (me entregó el cable) sin pérdida de tiempo: «esto» era el cable anunciando la muerte de Rafael Alberti. Tenía media hora para la necrológica. Pero no me amilané. Le despaché mi texto ya terminado a otro colega, por intranet, le avisé por teléfono para que lo imprimiera y lo leyese en mi lugar, abrí un nuevo archivo en la pantalla, y me puse a teclear. A las 11:45 acudí al despacho de nuestro redactor–jefe llevando ya impreso el texto de la necrológica. Aunque estaba acostumbrado a mis improvisaciones, de todas maneras se admiró: «¡Pero y esas tres citas de poemas!» «Tranquilo, son literales» –le respondí–, «me los sé de memoria». Ésa es la historia del texto que has leído hoy en mi blog de EE (donde sólo he corregido un verbo en futuro poniéndolo en pasado, el referente a sus cenizas). Y tienes razón, muchísima. En las prisas de componer el texto me olvidé de Dámaso Alonso. No tanto de Miguel Hernández, a quien yo no hubiera encasillado entre los del 27 hasta hoy que me llamas la atención al respecto. Y te lo agradezco porque así me has permitido corregir el post y dejarlo de grana y oro. Todas las necrológicas de ¡Buenos días, América! las escribí yo durante los cinco años que el programa estuvo en antena, pero ninguna lo hice en ese tiempo récord. Y fue, hasta donde yo recuerdo, la última. El programa desapareció de antena el 31 de diciembre de 1999, y fui yo quien lo despidió, despidiéndome al mismo tiempo de 35 años en la Radio Deutsche Welle, la tercera emisora internacional del mundo. No fue nada mala la decisión que tomé en 1963, la de no regresar a la Cope 14 (¡Troglodia!) y el inefable Roldán».

Weiß/Colonia, 30.10.

Hice por mi cuenta el descubrimiento de la saga de Charlie “Bird” Parker escrita por el irlandés John Connolly. Hoy comencé a meterme entre pecho y espalda las más de 500 páginas del primer episodio de la saga, Every Dead Thing [Todo lo que muere], y me apasionan su estilo y sus buenas hechuras de narrador. ¿Me dará tiempo a leer toda la saga antes de que se me acaben los días en este planeta? Por de pronto ya tengo en astillero el segundo episodio. Interesante será ver cómo se han aproximado al idioma de Connolly los dos traductores, porque el primer episodio lo estoy leyendo en alemán y el segundo –El poder de las tinieblas– está en español,

Acabo de ver una maravilla, Loving Vincent [Cartas de Vincent van Gogh, su título mexicano], una coproducción anglo–polaca de una altísima calidad técnica. Me faltan palabras para describir la emoción de sentir moverse las pinturas de Van Gogh, como si asistiéramos al milagro de su creación. Compraré el DVD apenas tenga la oportunidad, es una peli para ser vista muchas veces.

Weiß/Colonia, 31.10.

2:30 am : Empecé a ver Nocturnal Animals, de Tom Ford, porque me quedó muy buen recuerdo de su primera peli, A Single Man, con Colin Firth y Julianne Moore. Pero sus animales nocturnos no lograron atraparme en los primeros 10’ y eso para mí es fatal cuando me pongo a ver una peli. Por supuesto que si hubiera ido al cine a verla me habría quedado hasta el final, para no padecer la frustración de haber derrochado mi dinero. Pero sólo por esa razón. De manera que activé  mi DVD–Player (¿cómo se llamarán estos artefactos en español) y me puse a rever Mansfield Park, la versión de 1999 con Harold Pinter en el papel de sir Thomas Bertram. Es infinitamente superior a la de 1983. No “por una cabeza”, como en el tango famoso, sino por una docena de largos.

Weiß/Colonia, 1.11.

1:00 am : Cold Mountain, una epopeya admirable, que veo siempre que la pasan. Y a propósito: ayer o anteayer leí en el diario la nota necrológica dedicada a Robert Evans, y en ella se cita lo que Evans le dijo a un Francis Ford Coppola de 33 años: «Filmaste una epopeya pero lo que me entregas es un trailer. Vuelve a empezar desde el principio y me traes una peli». Coppola lo hizo: fue The Godfather. Productores como Evans se da uno por generación. A él le debemos El hijo de Rosemarie, Love Story, Harold & Maude, Chinatown, Marathon Man, El gran Gatsby (de cuyas páginas parecía llegar el propio Evans, se lee en esta necrológica)¿Hay quien dé más?

Hoy canta en la Philarmonie mi soprano predilecta, Diana Damrau, cuatro Lieder de mi tocayo Richard Strauss. De haberlo sabido antes me hubiese avivado en comprar unas entradas (aunque a Diny no le gusta ella, una antipatía que me resulta inexplicable porque sólo la ha oído cantar en su  aria de Cunegunda, del Candide de Leonard Bernstein, durante la inauguración del Mundial de fútbol del 2006, en el estadio de Múnich). Pero me enteré tarde y cuando entro en la página de la Philarmonie me entero de que sólo quedan a la venta unas pocas entradas de precios superiores a lo que mi presupuesto está en condiciones de bancar. No importa, siempre nos quedará Youtube.

Otra circunstancia contraria a una asistencia hoy a la Philarmonie es que desde hace más de un mes tengo agendada para el lunes 4 una cita con mi asesor fiscal y debo ordenar todo el papelorio de mis ingresos y gastos del 2018, para hacer la inevitable declaración anual a la ávida Hacienda. Y para ello programé justamente este viernes y si viene al caso el sábado y el domingo. Lo dicho, todo se conjuró para no ir a la Philarmonie este 1.º de noviembre. Con lo que no podía contar es con que tengo ya tan desarrollado el sistema contable doméstico que en un tiempo récord logré reunir todos los datos que necesito el lunes. Hossana in excelsis!

Weiß/Colonia, 2.11.

1:15 am : Una deliciosa comedia de William Wyler, How to Steal a Million [Cómo robar un millón y ], hacía años que no la veía y es una maravillosa manera de terminar el día de Todos los Santos. La elegancia de Wyler y la de Peter O’Toole, amén de la insuperalable Audrey Hepburn, son una bendición para la vista en estos tiempos de la chatarra de las galaxias y los supermanes y las putas que los parieron a todos ellos. Con mi debido respeto a la más profesión más antigua.

Se marcha Diny temprano a la estación para tomar su tren a Holanda: el Kölner Stadt Anzeiger prevé dificultades para el transporte público a consecuencia de una manifestación de los kurdos contra la invasión de su territorio en Siria. En la bolsa de mano lleva Diny la nouvelle de David van Reybrouck sobre ese territorio neutral durante 105 años, Altenberg, del que conté su historia en este diario el día 20. En el reportaje donde encontré la curiosa historia se mencionaba que hay un relato acerca de la misma, debido a Van Reybrouck, y como es seguro que él acudirá mañana a la entrega del premio de traducción a Willy, en La Haya (son muy amigos), lo compré para que Diny lo leyese y lo lleve allá, y que Van Reybrouck, que ya conoce a Diny, se lo autografíe.

Voy con Ulli & Carlitos a almorzar al Bistro Verde. Nunca lo hiciéramos. Menos mal que reservé mesa a tiempo, pero era una de cuatro plazas que tuvimos con compartir con un matrimonio súper Rodenkirchen, que para empezar pidieron media docena de ostras, y después sendas porciones de ganso y de gallineta nórdica, pescado típico del Mar del Norte. Pero no es por esa compañía a la mesa que me quejo. Es que ocupamos los tres únicos sitios vacantes en el local, estaba lleno hasta la bandera, como se dice en términos taurinos, y el ruido era como si estuviémos en Madrid. El pobre Carlitos hasta amenazó con irse luego de haber encargado la comida. Ellos pidieron lo que les pedía el cuerpo, Reibekuchen con salmón marinado Ulli, con compota de manzana Carlitos. Yo no me sentí capaz de arrostrar esa bomba de calorías, me limitè a una tabla de quesos con la mostaza de higos que es una golosina para el paladar. Cuando nos despedimos, Carlitos reafirma su decisión de no volver a comer en el Bistro Verde, al menos en un sábado. Oremus.

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