Desembarazada

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Una tarde, sentadas en la cafetería de la universidad, Valeria le confesó a Felipa que estaba en embarazo. Ambas estaban en el segundo semestre de Ingeniería y ya habían sobrevivido juntas al primer semestre, presentando exámenes de Cálculo diferencial.
Estaba haciendo nuevas amigas, pero quería estar segura. 

 

Una tarde, sentadas en la cafetería de la universidad, Valeria le confesó a Felipa que estaba en embarazo. Ambas estaban en el segundo semestre de Ingeniería y ya habían sobrevivido juntas al primer semestre, presentando exámenes de Cálculo diferencial.
Estaba haciendo nuevas amigas, pero quería estar segura.

Luego de toda la alarma por la noticia, la pregunta por el papá del hijo, por la plata, la casa, su madre, Felipa le preguntó cuánto tiempo tenía.

 

―Seis meses. ―contestó Valeria―, pero no se lo digas a nadie.

 

Alarmada, Felipa buscó a Fabián, el primo de Valeria, que también estudiaba en la universidad, y le comentó la noticia.

 

―Tienes que decírselo a tu tía, a doña Flor, la mamá de Valeria.

 

―¡Será una abuela! ―comentó Fabián entre aterrado y feliz.

 

―Pero solo a ella ―contestó Felipa.

 

A los días, la tía Flor, la mamá de Valeria le reclamó:

 

―¿Usted por qué no me había contado?

 

―Contado ¿qué, mamá?

 

―No se haga la boba, mi querida.

 

Valeria la miró con cara de “a ver, mamá, diga pues”.

 

―¿Te puedo dar un abrazo? ―le preguntó la mamá con los ojos encharcados―. ¿Tiene seis meses?

 

Valeria soltó la risa:

 

―¿Usted cree, mamá, que si eso fuera cierto estaría así de flaca?

 

La tía Flor se llevó las manos a la boca:

 

―Ese Fabián como es de chismoso ―dijo la tía.

 

―No, mamá, el primo Fabián es un lindo, pero después le cuento.

 

Y Valeria salió.

 

Las dos chicas hablaban por chat a toda hora y se llamaban una vez en la noche. Ese día, Felipa le escribió y le escribió, pero Valeria no le contestaba. Entonces Felipa la llamó al celular. Luego de hablar las mismas cosas de siempre, Felipa le preguntó:

 

―¿Cómo va aquello?

 

―Ya me desembaracé.

 

―¿Abortaste? ―preguntó asustada Felipa.

 

―Es que nunca tuve un embarazo, pero desembaracé.

 

―¡¿No?! ―y Felipa quedó con la boca abierta.

 

Entonces Valeria le dijo:

 

―Me desembaracé de las personas que no saben guardar un secreto.