Desórdenes traumáticos te voy a dar yo a ti

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Por enésima vez recojo un uso obtuso del verbo adolecer; simplemente por ignorancia de su significado. La frase la dice un personaje de una serie española a la que me he enganchado, y no digo cuál porque es mi privilegio, como he visto que dicen en las pelis norteamericanas. “Narciso adolece de una cualidad fundamental” (llevarse bien con todos sus compañeros). Se usa como carecer, y no es lo mismo. Culpa de sus guionistas. Otro ejemplo: “Adolece de una política clara”. Pues tampoco. Habría que decir, por ejemplo, adolece de falta de compañerismo, en el primer caso, y adolece de opacidad en su política, o algo parecido, en el segundo. De acuerdo, es un verbo difícil de usar, pero por qué tanto empeño… pásense a carecer cuando vayan en esa dirección; debe de ser que les parece culto y elegante.

 

Y todavía recuerdo una cosa que oí en el canal televisivo cnn+, que tanto me gustaba: “No es el primero, ni nos tememos que sea el último”. No me acuerdo quién lo dijo, pero está claro que querían decir “ni, nos tememos, será el último”, o bien “y nos tememos que no será el último”; son los ejemplos más preocupantes, porque adolecen de falta de lógica (¡aquí sí!). Siguiendo tras las huellas de la feminización a lo grande, ande o no ande, me encontré en El País un breve que hablaba de una lincesa, ni más ni menos que un(a) lince hembra. Pero claro, habrán pensado, si existe la tigresa

 

Y en la radio, o en televisión, ya no me acuerdo, escuché otra novedad, al hilo del frenesí deportivo: “España se mide a Suecia”. A correr. Claro que en ese terreno los periodistas deportivos ya han conseguido introducir cuando hablan de resultados lo de “ganaron de tres puntos”.

 

Pero lo más feo que traigo hoy es un “falso amigo” del inglés, que escuché en La 2, en un documental sobre la guerra de las Malvinas. Unos soldados galeses fueron diagnosticados de… “desorden de estrés postraumático”, con toda seguridad ese «desorden» es una traducción mostrenca del término inglés disorder, muy utilizado en medicina, que, como cualquiera medianamente preparado sabe, nunca se debe traducir servilmente por “desorden”, sino por trastorno, enfermedad, síndrome, etcétera, según las circunstancias. Y a veces –como en este caso- ni hace falta traducirlo, basta con decir que padecen estrés postraumático. Pues, señores de la tele pública, a ver si subimos un poco ese listón, ¿no?

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.