Dos reflexiones y media sobre el dormir o la poesía

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Desde Brasil no dejo de pensar en si yo sería capaz de escribir una obra de teatro. Ya intenté algo durante unas semanas de junio, y el resultado son 40 páginas sin revisar que guardo encima del armario. Quiero seguir con ella y sin embargo no lo hago.

 

Me aferraba a esas risas como se aferra uno a las cosas frágiles y perecederas, y que están condenadas.

Nota del autor en Jacques y su amo. Milan Kundera

 

 

Hay obras de teatro que despiertan al leerlas tanta simpatía como una gran novela, como la mejor autoficción, o como unos diarios de esos imprescindibles que deberían revisarse casi a modo de terapia. Encontré en una librería de Madrid, donde cada libro es de tercera o cuarta mano, un ejemplar de Jacques y su amo, del escritor checo Milan Kundera, que él define como un homenaje a la obra de Denis Diderot, Jacques el fatalista. Rescato el siguiente diálogo:

 

EL AMO: Un joven poeta vino a ver a nuestro amo, el que nos inventó. Los poetas venían con frecuencia a importunarlo. Los jóvenes poetas son siempre legión. Aumentan en unos cuatrocientos mil al año. Sólo en Francia. ¡Pero es aún peor en las naciones menos cultivadas!

 

JACQUES: ¿Y qué hacen con ellos? ¿Los ahogan?

 

EL AMO: Ésa era la costumbre de antaño. En Esparta, en aquellos buenos tiempos. Allí arrojaban al mar a los poetas desde lo alto de un acantilado inmediatamente después de su nacimiento. Pero en nuestro iluminado siglo se permite que cualquiera viva hasta el fin de sus días.

 

Desde Brasil no dejo de pensar en si yo sería capaz de escribir una obra de teatro. Ya intenté algo durante unas semanas de junio, y el resultado son 40 páginas sin revisar que guardo encima del armario. Quiero seguir con ella y sin embargo no lo hago. En el penúltimo vagón del tren, leo a Josep Pla, quien escribía en El cuaderno gris que siempre le aborda esa sensación desagradable de querer hacer tantas cosas y no hacerlas:

 

Con este temperamento, ¿qué podré hacer en la vida? ¿Haré algo más que charlar, pasar, vagar, deliberar, huir? Me pasa lo mismo que a aquel hojalatero de Palafrugell que un día me decía:

 

¿Sabe lo que hago cuando me desborda el trabajo, cuando me acosan por todos lados? Pues ahora se lo diré: me voy a dormir…

Antonio Mérida Ordás nació en Madrid en 1992, y veinte años después se fue de Erasmus al sur de Alemania en busca de sol y playa. Estudia comunicación audiovisual en la Universidad Complutense y ha colaborado desde Alemania con El Viajero, y a su vuelta a Madrid con Koult.es, y Achtung Magazine. Hasta hace no mucho, ha sido becario de redacción en Canal Plus. También ha trabajado sirviendo champán con una mano, de pinche de cocina, y eligiendo corbatas en Massimo Dutti entre otras cosas. Ahora escribe de cuando en cuando. Le gustan las películas. Twitter: @antoniomerida92 Aquí se viene a desnudarse, a tomar seis tragos, a bailar un boogie-woogie aunque no bailes, a enfundarse los guantes y saltar al ring agitando las caderas, para terminar brindando por un buen polvo o mejor combate.