El desafío kosovar (12+1 después de la guerra)

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La antigua provincia yugoslava de Kosovo es todavía un palo colocado entre las ruedas europeas. La Unión Europea no quiere asumir el problema kosovar como ocurrió con Chipre en su día. Eso dificulta la llegada de Serbia a la 'troika' y también la normalización del territorio. Queda mucho por andar y regularizar en las relaciones entre Belgrado y Pristina.

Kosovo vive una lenta pero incesante metamorfosis, ajeno a la Europa que abriga sus fronteras. Serbia, amamantada religiosa e ideológicamente por la región durante toda su historia, avanza hacia su ingreso en la Unión Europea (UE). Tantos años tierra de su iglesia, el protectorado suelta lastre con su pasado a cambio de un acercamiento entre Belgrado y Bruselas. Poco a poco, el Consejo Europeo abre sus brazos a la incorporación serbia en el baqueteado club económico y político que es hoy Europa, después de muchas reticencias y gracias a algunas garantías alcanzadas por sus minorías.

 

Pero Kosovo es todavía un palo colocado entre las ruedas europeas. La UE no quiere asumir el problema kosovar como ocurrió con Chipre en su día. Eso dificulta la llegada de Serbia a la troika y también la normalización del territorio. Queda mucho por andar y regularizar en las relaciones entre Belgrado y Pristina.

 

Ambos Gobiernos caminan en paralelo y equidistantes. Condenados a entenderse, un principio de acuerdo casi off the record garantiza la participación de Kosovo en varios foros regionales bajo bandera propia y estrenada con su independencia, una tela de fondo azul con el mapa de la región en primer término, más acorde con las aspiraciones europeístas de sus vecinos serbios.

 

También se abrirán puestos fronterizos conjuntos Kosovo—Serbia. Las detenciones de Radovan Karadzic y Ratko Mladic ayudan a dar fluidez a las relaciones entre Belgrado y el Gobierno albanokosovar. Pero la situación de la minoría serbia en la región, parapetados en sus casas, ajenos a su entorno y utilizados por sus líderes políticos como escudos humanos añade nubarrones al futuro kosovar. El pasado sórdido y macabro de su Ejecutivo, señalado como responsable de crímenes atroces durante la guerra y la posguerra, también.

 

Hasta llegar a la situación actual, la coctelera tuvo que ser agitada en numerosas ocasiones en los últimos tiempos. Los excesos e ideas ultranacionalistas de sus dirigentes en el pasado explican su presente; los rencores y celos vecinales perfilaron sus diferencias irreconciliables casi insalvables.

 

Cuando el Gobierno de Belgrado revocó la autonomía de Kosovo a finales del siglo pasado las autoridades serbias cerraron las escuelas a los niños no escolarizados en esa lengua. Los trabajadores albaneses perdieron sus empleos en las empresas de propiedad estatal y el parlamento de Kosovo quedó en suspensión. Hasta entonces, la región funcionó como una república dentro de Yugoslavia, con derecho a voto en el Consejo Federal.

 

Serbia inició en 1989 un régimen de opresión contra la mayoría albanesa y las violaciones de derechos humanos se generalizaron. La población respondió de forma pacífica al principio. Las palabras se cambiaron por armas con el tiempo. Los ciudadanos se desengañaron por la actitud de su clase política, incapaz de luchar por sus aspiraciones legítimas.

 

El pueblo de Kosovo celebró elecciones libres en 1992. La mayoría eligió a sus dirigentes y expresó sus deseos de recorrer el camino hacia la independencia. Pronto se formó un Gobierno paralelo, al margen de las decisiones que se tomaban en Belgrado.

 

Trece años después de la campaña de bombardeos de la OTAN sobre Kosovo, la región se encuentra en una situación similar, aunque con los papeles intercambiados. La política de apartheid de la minoría eslava sobre la población albanesa tiene a los serbios ahora como víctimas. Recluidos en pequeños enclaves y sobreviviendo al margen de las autoridades de Pristina y de su Gobierno, tolerado por gran parte de la comunidad internacional a pesar del pasado reciente de sus líderes principales, señalados por violaciones atroces durante la guerra.

 

Los soldados y la policía serbia comenzaron una ofensiva contra el Ejército de Liberación de Kosovo en 1998. El ELK era un movimiento guerrillero armado con gran respaldo social de la población albanesa. El apoyo creció ante la ineficacia del enfoque pacífico que los representantes políticos quisieron dar como respuesta a la brutalidad de Slobodan Milosevic.

 

La guerrilla sufrió un crecimiento exponencial a partir de entonces, alimentado por la sucesión de operaciones represivas contra la mayoría albanesa. Su gran objetivo de la independencia de Kosovo y la unión con Albania pronto pasó a un segundo término, en detrimento de la explotación de actividades ilícitas como fórmula de subsistencia.

 

La financiación de la insurgencia llegó siempre por una doble vía: el control del tráfico de heroína y las colectas económicas entre la diáspora albanesa por todo el mundo, especialmente en Suiza, Alemania y Turquía.

 

El primer Gobierno kosovar en el exilio se instaló en Bonn. Al frente se encontraba Bujor Bokosi, un líder de la guerrilla en aquellos años.

 

La fuerza de la insurgencia crecía. La vecina Albania suministró armamento al ELK. Los servicios secretos de Tirana disfrazaron la entrega de material militar a la guerrilla en los saqueos de sus arsenales durante las revueltas de 1997, en los disturbios por las crisis de los bancos piramidales.

 

La política serbia de tierra quemada en 1998 provocó un éxodo de más de un millón de desplazados y refugiados. Las atrocidades en contra de civiles desarmados, mujeres y niños se repitieron por toda la región.

 

La guerrilla kosovar jugó un papel fundamental durante los bombardeos de la OTAN en 1999. Los rebeldes contaron con el apoyo de la CIA, que colaboró señalando sobre el terreno los objetivos militares serbios.

 

El ELK tuvo una corta historia, pero muy intensa. La organización mantuvo lazos estrechos con el crimen organizado albanés y negocios con la mafia siciliana y la ‘ndrangheta calabresa. Juntas establecieron rutas de contrabando y redes para su financiación. Ahora, uno de sus principales dirigentes, Hashim Thaçi, es primer ministro del nuevo estado de Kosovo, declarado unilateralmente el 17 de febrero de 2008 con el apoyo de algunas superpotencias, aunque sin el respaldo de los grandes organismos internacionales, tampoco de España.

 

La campaña de bombardeos de la OTAN en 1999 se inició por la negativa de Milosevic a firmar un acuerdo de paz. El tirano capituló en junio de ese año y accedió a retirar sus fuerzas de Kosovo. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas estableció la resolución 1244, administró la región y permitió a la OTAN responsabilizarse del mantenimiento de la paz hasta la fecha.

 

La guerra de Kosovo creó un millón de refugiados y desplazados internos. 300.000 personas quedaron sin hogar. Más de 14.000 individuos murieron. Cientos de cadáveres de uno y otro bando se hacinan en decenas de fosas comunes aún sin descubrir.

 

El pueblo kosovar y las instituciones internacionales hacen esfuerzos por reconstruir esta tierra, reanimar su economía, asentar la democracia y cerrar las cicatrices dejadas por el conflicto.

 

Con la declaración de independencia bajo el brazo, la viabilidad económica de Kosovo es su mayor desafío junto a la integración de las minorías, muy especialmente la serbia.

 

Kosovo es la región más desfavorecida de los Balcanes. 2.000 hombres de la Unión Europea toman actualmente el relevo de la ONU en su administración y trata de relanzar su economía, hundida tras el conflicto de 1998 a 1999.

 

Las ayudas de dinero extranjero a la región durante los primeros cinco años de posguerra superaron los 2.000 millones de dólares anuales. Estas inyecciones sólo sirvieron para crear una economía de consumo, pero nunca para reflotar la actividad productiva.

 

Muchas infraestructuras continúan destruidas años después de la guerra. Cientos de kosovares carecen de electricidad un buen número de horas al día, especialmente la minoría serbia recluida en pequeños enclaves. La tasa de paro alcanza a casi la mitad de los habitantes. El 70 por ciento de los desempleados son jóvenes. Más de dos millones de personas viven en la región, un 37 por ciento de la población lo hace por debajo del umbral de la pobreza y con menos de 1,5 euros al día, según el Banco Mundial.

 

El Plan para el Desarrollo de Naciones Unidas denuncia que uno de cada diez habitantes pasa hambre. 1.300 millones de euros aproximadamente se dedican anualmente a la seguridad y administración de Kosovo, mientras que apenas un centenar de millones tienen como destino el desarrollo.

 

Algunos analistas afirmaron que la independencia traerá mayores y más eficaces inversiones extranjeras, y que la población se ocupará laboralmente con celeridad. Pero contemplar la actual apatía de la juventud kosovar por las calles de Pristina ahoga de inmediato buena parte de esas expectativas.

 

Más del 92 por ciento de la población en Kosovo es albanesa; sólo el 4 por ciento son serbios. La comunidad eslava representó la mitad del padrón kosovar hasta la Segunda Guerra Mundial. Las cifras son motivo de controversia. Censos de las autoridades otomanas hacia finales del siglo XIX hablan de un 60% de la población con apellidos albaneses. Los serbios se defienden y afirman que la mayoría de esos albaneses eran en realidad serbios albanizados e islamizados, es decir, eslavos convertidos al islam para pagar menos impuestos y que también modificaron sus apellidos.

 

El éxodo del campo a la ciudad y la alta natalidad de las familias musulmanas cambiaron el mapa demográfico drásticamente en unas décadas. El resto del espectro social lo forman minorías como la comunidad turca, gitanos, húngaros y bosnios. Las cifras se contradicen dependiendo del organismo o institución que las facilite.

 

El desempleo y la pobreza no tienen lindes étnicos. La miseria amenaza a los grupos más desprotegidos: las familias víctimas de la guerra, la población rural, ancianos, mujeres o niños.

 

La incertidumbre por las sombras que plantea el futuro político dificultan las inversiones extranjeras. La confluencia en un mismo espacio de la administración internacional a través de la UNMIK, las instituciones provisionales del Gobierno autónomo –ahora unilateralmente declarado independiente- y la gerencia paralela de Belgrado respecto a sus ciudadanos dificultan la creación de condiciones atractivas para la llegada de dinero revitalizador.

 

La comunidad internacional prestó ayudas a la reconstrucción y para la creación de nuevas instituciones. Las inversiones de la Unión Europea ascienden a 2,3 millones de euros en los últimos seis años. Aunque parezca una paradoja, Kosovo nunca estuvo más aislado del resto del mundo que desde que en 1999 Naciones Unidas se responsabilizó de su administración.

 

Durante esta travesía de años tras la guerra, los representantes de las administraciones locales, los compromisarios de su Asamblea Nacional o ministros nunca pudieron reunirse con sus homólogos internacionales. Las minorías no fueron escuchadas y mucho menos atendidas.

 

El aislamiento no es sólo institucional, también es físico para sus habitantes. Los kosovares sólo pueden abandonar la región presentando documentos expedidos por la UNMIK. Estos papeles son muy difíciles de conseguir y expiran con celeridad. Muchos países no reconocen estos documentos.

 

Kosovo tiene una superficie aproximada de 10.800 kilómetros cuadrados. La mayoría de la población albanesa profesa el islam como fe, pero la asistencia a las mezquitas es baja y los ciudadanos conservadores practicantes escasos. Descienden de católicos romanos y cristianos ortodoxos convertidos al Corán durante los quinientos años de ocupación otomana. El 3 por ciento son católicos. Sus orígenes se remontan a la tribu balcánica de los ilirios.

 

Entre 70.000 y 130.000 serbios viven en la región, según diversas fuentes, pero viajar por las renovadas y laberínticas carreteras de la región alerta de que esas cifras pueden ser menores. Gran parte son ortodoxos y con un sentimiento nacionalista muy ligado a sus creencias religiosas  basadas en la tradición rusa, griega y búlgara.

 

Apenas unas decenas de personas son judías y viven en Prizren. En breve puede no quedar ninguno. No hay sinagogas en el país. La comunidad hebrea tuvo cierta importancia hasta la Segunda Guerra Mundial. Su exterminio llegó con la ocupación del Eje. Las deportaciones fueron realizadas por la Skanderberg Division, una unidad de las SS que los alemanes formaron entre la población albanesa reclutada.

 

La religión nada tuvo que ver en el conflicto de Kosovo. El islam, el cristianismo ortodoxo y el catolicismo siempre convivieron pacíficamente en estas tierras. Afirmar lo contrario es mentir.

 

Los albanokosovares no justifican su identidad nacional a través de su creencia, pero sí a través del lenguaje. Los líderes religiosos no se hicieron notar durante los años de represión. En cambio, la imagen de los serbios está muy ligada a sus monasterios. Iglesia–Estado forma un binomio indivisible: la tierra, la fe y su identidad nacionalista. Milosevic siempre jugó con la propaganda y alertó de la persecución de la mayoría sobre sus templos y monasterios. Los líderes religiosos ortodoxos se terminaron distanciando del dictador, pero no lo suficiente.

 

La minoría serbia vive con mayor temor e incertidumbre aún desde la declaración unilateral de independencia. La mayoría se concentra al norte de la ciudad de Mitrovica, donde no tiene la sensación de vivir en un país ajeno. Sus vidas son muy diferentes a las de sus compatriotas dispersos por los pequeños enclaves de la región, en aldeas muy pequeñas, rodeados de población albanesa, siempre amenazados. Muchos vendieron sus casas a vecinos albaneses y regresaron a Serbia a pesar de las escasas facilidades que el Ejecutivo de Belgrado les ofrece.

 

Solucionar su futuro puede suponer despejar el presente de Serbia en Europa, también el kosovar.

 

 

 

Abel Ruiz de León Trespando es periodista y foto-documentalista, autor de los libros Kosovo, venganza en la tierra de los cuervos y Escuchar a Iraq. Mantiene un blog sobre los asuntos que le interesan, como muestra esta selección de posts sobre Kosovo:

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?cat=9

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?p=82

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?p=23

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?p=21

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?p=20

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?p=19

 

http://www.abelruizdeleon.com/blog/?p=18

 

 

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Autor: Abel Ruiz de León Trespando