El gallego y el Ser (va por M.-A. Murado)

0
228

Detesto los estereotipos. Sobre todo los negativos, que suelen ser denigratorios. Y en casi todos se echa de menos algo más de finezza (sin llegar al nivel de Andreotti, también llamado Belcebú). El otro día me sorprendió Javier del Pino en su programa matutino del fin de semana, donde entrevistó al filólogo de la Complutense Javier López Facal, investigador del CSIC, que acaba de publicar una Breve historia cultural de los nacionalismos europeos. Llegué un minuto antes del final, así que no sé qué cuestiones concretas tratarían, pero lo que sí oí fue cuando Del Pino le pidió su opinión sobre la inmersión lingüística en Cataluña.

 

 

 

Detesto los estereotipos. Sobre todo los negativos, que suelen ser denigratorios. Pero en casi todos se echa de menos algo más de finezza (sin llegar al nivel de Andreotti, también llamado Belcebú). El otro día me sorprendió Javier del Pino en su programa matutino del fin de semana, donde entrevistó al filólogo de la Complutense Javier López Facal, investigador del CSIC, que acaba de publicar una Breve historia cultural de los nacionalismos europeos. Llegué un minuto antes del final, así que no sé qué cuestiones concretas tratarían, pero lo que sí oí fue cuando Del Pino le pidió su opinión sobre la inmersión lingüística en Cataluña. El hombre dijo algo así como: bueno, es un tema complejo y tratarlo me exigiría más tiempo, pero sí le diré dos cosas; una, de todos los casos de territorios europeos con bilingüismo, Cataluña es el único en que la escolarización se hace en una sola de las lenguas oficiales, y dos, creo que el sistema catalán es perfectible.

 

Yo no se qué piensan ustedes de esta respuesta, pero a mí me pareció bastante  aceptable (y discutible, claro). Lo primero es un dato (que yo desconocía) y eso siempre viene bien (información veraz). Lo segundo abre un melón opinativo en un sentido inequívoco, apoyándose en lo anterior. Parece que el hombre cambiaría algunas cosas y no será el único. Eso es lo que yo entendí. Pero Javier del Pino le respondió ágilmente algo así: Bueno, si Javier López Facal no ha respondido a la pregunta “¿Qué es ser gallego”? –ya me alegro de no haber asistido a esta parte metafísica de la entrevista-, su respuesta sí que ha sido totalmente gallega.

 

No pongo comillas porque no he podido pillar en la SER el fragmento literal, dado mi bajo nivel tecnológico-cibernético.

 

A mí me encanta el programa A vivir de Javier del Pino. Por los temas, por el ritmo, por la música, por divertido, por fresco. Procuro no perdérmelo. Creo que es un periodista enorme. Pero ya estoy más que cansada de este pinpanpún desnortado que merodea por los medios, que no pueden pronunciar el término “gallego” sin dar por sentado que lleva adherido algo siempre peyorativo (hay niveles, como en su momento aclaró Rosa Díez). Desconozco por qué esta respuesta tan prudente, académica y nada escapista, llevó a Del Pino al socorrido huerto del ‘gallego en la escalera’. ¿Esperaba una respuesta más torera, un gesto (cómo le gustan los gestos al personal), por ejemplo: “me parece un completo disparate”? ¿Un titular?

 

Pues eso no es todo. Hoy domingo, en el mismo programa, criticaba el historiador Josep Fontana el discurso de Rajoy en el debate del estado de la nación por “hablar mucho sin decir nada, al modo galaico” (cito de memoria). Vaya. Yo de eso no tenía ni idea. Palabra. Hablar mucho sin decir nada es también típicamente galaico…

 

Así que le brindo esta entrada a Miguel-Anxo Murado, una contribución para cuando reedite su estupendo libro Otra idea de Galicia, y en concreto para el capítulo “Gallegofobia y gallegofilia” (tengo más).

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.