El golazo que nos metieron los bancos y la búsqueda de una teoría de la emancipación

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Me encuentro en el diario argentino Página 12 esta entrevista al italiano Maurizio Lazzarato, un pensador que, en la búsqueda de una teoría para la emancipación, critica el marxismo clásico apoyándose en las ideas de Deleuze y Guattari. Sus respuestas me dan algunas claves para entender lo que está pasando en el mundo poscrisis financiera. Como cuando dice, en referencia a la crisis financiera en Europa: “La deuda de bancos privados está reasegurada por la deuda pública, y los que van a pagarla serán sobre todo los menos ricos. Y hay quienes aprovechan la deuda: por definición, la aprovecha el sector financiero”. Lo más irónico de todo es que la deuda pública de los países europeos, y de tantos otros, engordó para poder salvar a los bancos, esos mismos que ahora se relamen viendo las ganancias que obtendrán de la quiebra de un par de estados. ¡Qué golazo nos metieron! ¡Cómo nos seguimos dejando! Los sindicatos tímidamente anuncian reeditar una huelga general en España -¿será la misma huelga pautada, institucionalizada, inofensiva de septiembre?- para protestar por el retraso de la edad de jubilación hasta los 67 años, mientras la OCDE va avisando, para que luego no digan que fue traidor, que con eso no basta. Y lo que nos queda. Todo con tal de frenar la quiebra, el default, el desastre. Qué golazo nos metieron. Porque, como dice Lazzarato, “la deuda privada se ha transferido al Estado, es decir, ya no hay otro a quien transferirla”. Y, ante esos malabarismos del sistema -¿cómo puede ser todavía catastrófico que las agencias le bajen la calificación a la deuda española? ¿cómo podemos darle la más mínima credibilidad a la Moody`s y compañía, después del lío que nos armaron?-, parecemos no tener armas de lucha. Los sindicatos ya no sirven, porque, como dice Lazzarato, “todavía actúan como si se tratara de asalariados estables”, cuando la situación es muy diferente para quienes se incorporaron al mercado de trabajo en las últimas décadas.

 

“El problema es que la forma de explotación ha cambiado y no tenemos conceptos”, dice Lazzarato. Él rechaza el concepto clásico de ‘plusvalía’, que durante una década y media ha servido para conceptualizar la expropiación ilegítima que el patrón hace del trabajo obrero. “La plusvalía supone una concepción antropomórfica del valor: en El Capital, el valor lo produce sólo el trabajo humano”. Para Deleuze y Guattari, en cambio, la máquina también crea valor. “Hoy existe la explotación de personas que trabajan como asalariados, pero no sólo esa (…) También los consumidores son explotados”. ¿De qué forma? “Para que algo se venda, debe construirse como objeto de deseo; cuando usted lo compra, además de poner dinero, se empobrece subjetivamente. Porque hay una estandarización de la subjetividad”. Es de Lazzarato ese concepto de que el capitalismo es “productor de subjetividad”. La producción ya no antecede al consumo; antes de que se produzca algo, tiene que haber sido constituido como objeto de deseo. Con el marketing y la publicidad, claro. Así, “el individuo es, al mismo tiempo, trabajador, consumidor y deudor. La misma persona está presa en distintas relaciones de poder. (…) Por una parte, se es un componente de un sistema que nos sobrepasa; por otra, se hace como si fuéramos centros de decisiones con soberanía”. Y se nos hace creer que somos responsables de estar parados, por ejemplo.

 

No conozco la revista que Lazzarato ayudó a fundar, Multitudes, pero me apunto el dato. Y, por el momento, recomiendo encarecidamente la lectura de esta entrevista de Pedro Lipcovich.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.