El insulto final a la democracia

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El mayor escándalo de corrupción, el más amplio que afecta a un partido político en la joven y tímida democracia española, esa que un amigo bautizó una vez, hace años, de ‘demogracia’. Sucede, además, en un momento en que, con más de un 25% de paro –se dice pronto- y con la incontestable disculpa de la crisis del euro, la deuda y la ‘troika’ de hombres vestidos de negro, se está forzando a los ciudadanos españoles a tragar con “sacrificios” que pasan no sólo por una caída brutal del nivel de vida, sino sobre todo, por la aniquilación de un Estado de bienestar que en nuestra Españita era todavía muy insuficiente, pero era. 

 

Así que con España entera indignada y boquiabierta, asistiendo en cada telediario a ‘urdangarines’ y ‘gúrteles’[1], a banqueros indultados, a amnistías fiscales, a policías exculpados por sus excesos en la represión de manifestaciones pacíficas, a comedores sociales que ya no dan abasto, a hospitales que cierran y jóvenes que hacen las maletas para irse a Alemania como cuarenta años atrás, así, digo, con los españoles indignados y atónitos, navegando los tiempos de crisis entre ese pesimismo que bloquea la acción y esa indignación que mueve al cambio, llega el escándalo mayúsculo de los papeles de Bárcenas y hemos de asistir a la última tomadura de pelo, al insulto final a nuestra inteligencia, cuando nuestro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuyo nombre aparece con insistencia en aquellos papeles, después de días de silencio, decide que es aceptable para los españoles comparecer mediante una videoconferencia medida, sin periodistas ni preguntas.

 

La falsa comparecencia fue indignante en las formas, pero también indignante en su contenido. ¿Que por qué se vincularon los 22 millones en Suiza de Bárcenas con el PP? Pues porque fue durante muchos años el tesorero del partido, Sr. Rajoy. ¿Que va a hacer pública su declaración de la renta? Es que los sobres de los que hablamos son el dinero negro, presidente. ¿Que hay quien pretende poner en juego la imagen de España? Estimado Sr., creo que de eso se ha encargado, mejor que nadie, la cúpula al completo de su partido…

 

Millones de españoles se preguntan ya hasta dónde tienen que llegar los saqueos del patrimonio público, la desfachatez de ladrones y mentirosos o, en el mejor de los casos, la incompetencia sin más, para que hagamos algo. ¿Y si en vez de seguir preguntándonos, hacemos que ocurra? La fruta está madura. Estamos más cerca que nunca de conseguirlo. En pocos días se han recogido más de 700.000 firmas para forzar la dimisión de Rajoy. Urge volver al Congreso, ocupar las calles. Hay alternativas no sólo plausibles, sino necesarias, para una democracia real (ya).   Que se vayan todos, porque ninguno –perdón: excepciones honrosas las hay, contadas con los dedos de una mano, pero las hay- ha sabido ni ha querido representarnos. El Congreso es la casa del poder popular, y hace mucho está pervertida por una partitocracia en sólida alianza con la plutocracia. Recuperemos el Congreso. Si alguien lo habita, ha de ser para representarnos, para servirnos. Que no se nos vuelva a olvidar.  


 

[1] Para quienes me leéis fuera de España, me explico brevemente: aludo a dos casos importantes de corrupción que han sacudido a la opinión pública española en estos tiempos de crisis: el caso Urdangarin, que afecta al yerno del Rey y ha actualizado el debate sobre la monarquía, y el caso Gürtel, la red de financiación ilegal del Partido Popular, el partido en el Gobierno. Recientemente se supo que el ex tesorero del partido, Luis Bárcenas, tenía 22 millones de euros en cuentas en Suiza. Y, ¿casualmente?, el Gobierno del PP lanzó hace unos meses una amnistía fiscal que, vista hoy, parece hecha a medida…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.