El tabú de la menstruación

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En momentos de cambio como el que vivimos, se hace más indispensable que nunca compartir y divulgar informaciones reveladoras. Uno de esos documentos valiosos es, sin duda, La luna en ti, un documental que surge de la preocupación de Diana Fabiánová por uno de los grandes tabúes de la feminidad: la menstruación. Diana comienza preguntándose: ¿cómo es posible que, si yo estoy sana, un proceso fisiológico normal como es la menstruación se convierta cada mes en poco menos que un tormento? Y, a partir de ahí, se encadenan una serie de cuestionamientos, que caen del cielo porque DE ESTO NO SE HABLA y, como es sabido, nunca encontraremos las respuestas si no sabemos hacer las preguntas. Diana no intenta contestarlas todas; el filme es, antes que nada, un estímulo para seguir investigando. Es imprescindible ver la película, pero intentaré sintetizar aquí algunas cuestiones clave.

Diana va desmenuzando los traumas y las vergüenzas de las adolescentes que se enfrentan a su primera menstruación; los tabúes que, desde los mitos que relacionan el período con la enfermedad, hasta ese líquido azul (¿¿azul??) que colocan en la propaganda de productos de higiene femenina, acaban provocando que la mayoría de los hombres –y también tantas mujeres- relacionen la menstruación con algo sucio, feo, asqueroso, o cuando menos, incómodo. El símbolo de lo femenino, ese mismo proceso que crea vida y que por ello fue venerado y sacralizado por otras culturas, se entiende hoy como sucio. Sólo eso ya da noción de lo perdidos que andamos…

La luna en ti nos recuerda que nuestro ciclo menstrual nos conecta con nuestro cuerpo, con nuestro útero, y a través de él nos conecta con las otras mujeres -¿quién no ha percibido que cuando varias mujeres viven juntas acaban menstruando a la vez? ¿sólo eso no es prodigioso?-, y por supuesto con la luna. Nos hemos olvidado de todo ello, y no ha sido casual: se ha sepultado nuestro poder bajo toneladas de olvido que generan una frustración traducida de las más diversas formas, desde depresión hasta dolores menstruales.

Algunas cuestiones prácticas que es necesario divulgar, también: ¿Cuántas mujeres saben que, si toman la píldora, su regla es falsa? Simplemente NO existe. El sangrado cada 28 días no es más que una especie de placebo para que nos quedemos contentas. ¿Queremos darle a una píldora el poder de ordenar algo tan delicado como nuestras hormonas? ¿No deberíamos, al menos, saber qué le estamos haciendo a nuestro cuerpo? ¿Cómo podíamos estar tan lejos de la realidad que pensábamos que la píldora llevaba a la liberación femenina? Supongo que por la misma razón por la que, contra los dolores menstruales, nos tomamos un ibuprofeno sin tener noción de que, como explica en el filme una ginecóloga andaluza, para que los dolores remitan puede ser más útil –y placentero, y saludable- un orgasmo. Porque, aunque de esto tampoco se habla, tener una relación sexual sin llegar al orgasmo provoca una acumulación de sangre y de energía en la pelvis que no es buena para la mujer. Cómo nos lo iban a explicar si nos habían dicho que nuestro placer no valía nada, que era pecado…

Otra cuestión fundamental: los productos de higiene femenina, que han creado una lucrativa industria de compresas, tampones y protectores cada vez más sofisticados. Cuidado con los tampones: no sólo se utilizan en su producción pesticidas perjudiciales para la vagina, sino que reprimen el flujo. Recomiendo, por mi experiencia y la de otras mujeres que la conocen, la copa de luna, que, hecha de silicona, no sólo es más cómoda y saludable, sino que, de paso, es mucho más ecológica y barata. Tal vez eso explique que se conozca tan poco aunque existe hace treinta años…

¿La conclusión? La resume el antropólogo Chris Knight cuando explica que lo que fue otrora la mayor fuente de poder y conexión de las mujeres con el Universo, la menstruación, es ahora su principal fuente de opresión, de vergüenza, el mejor ejemplo de los tabúes y mentiras sobre los que se construye nuestra noción de la feminidad, sobre la que se asienta la opresión patriarcal. Chris es uno de esos hombres, que son pocos pero cada vez son más, que entiende que la liberación femenina nos liberará a todos los seres humanos, porque lo que encerró a la mujer en ese arquetipo frágil, pecaminoso y banal es, en el fondo, lo mismo que nos ha desvinculado a hombres y mujeres de nuestro espíritu y de su conexión con la naturaleza, para hacernos caer en esa carrera fatal y absurda en que lo importante es tener un coche, o varios, y nos parece divertido pasar el atardecer de un domingo dentro de bullicioso centro comercial. Nos hemos olvidado de nosotr@s mism@s…

La mujer tiene en la menstruación un momento de mayor consciencia; un momento en que lo inconsciente y lo consciente se acercan. Por eso, son días en los que necesitamos estar más con nosotras mismas; en que somos más sensibles. Como se entiende que, como mujeres, debemos enarbolar siempre las banderas de la comprensión y la solidaridad, se deduce que ‘esos días’ nos volvemos irritables y poco menos que brujas insoportables. Bueno, brujas, un poco, sí. Sólo que en otro sentido más mágico y menos hostil.

Gracias a Lorena y todas las Diosas Obscenas por insistirme en buscar esta película y por darme nuevos motivos para creer que el cambio no sólo es posible, sino que ya está en marcha. La revolución está en nuestros corazones. Lo sintetizó Gandhi en la frase que Diana Fabiánová escogió para cerrar su filme: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

La Luna en ti puede descargarse aquí.

Y la Copa de luna puede adquirirse aquí.

¡Chicas, vamos a divulgar esta información! ¡Vamos a empezar a hacernos las preguntas, a buscar las respuestas, juntas! Todas las orientaciones que me deis serán bien recibidas…

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.