El tocado de Lady Gaga

0
261

Cabría establecer como requisito obligatorio para cualquier aspirante a la dirigencia pública (aunque no se imagina cómo), no ya una formación académica y profesional, sino al menos un periplo personal de experiencia similar al de la mandataria germana.

 

A propósito de los candidatos a liderar la política española, se acuerda uno de un retrato que hacía El País de Merkel como una dirigente singular, casi exótica, con un recorrido vital que incluía una Alemania comunista, un padre párroco luterano, un trabajo de camarera, una etapa de okupa, una licenciatura en Ciencias Físicas y una carrera política culminada en la Cancillería. El caso es que cualquiera diría que se ha dado, al menos, una vuelta por la vida alemana antes de empezar a dirigirla, como el director de hotel que empieza de botones. La izquierda no puede parar de nombrarla, como si fuera una melodía de las que resuenan en la mente, y en la agencia de publicidad Podemos es consigna, por lo que se advierte (seguro que uno se equivoca) una mezcla de envidia y amor. La política patria es el principio, o la consecuencia, del mérito ninguneado por la asociación (la asamblea promete superarla), cosechada ya en casi todos los ámbitos hasta el punto de hacer cambiar las perspectivas y sus acometimientos. El político de hoy ofrece siempre un tesoro cuando sólo puede ejercer un oficio que no es más que una colocación ventajosa, desconectada por los usos, acaso como una decadencia e incluso una perversión de la realidad que en esencia ha de gestionar. Imagínese a un Mariano camarero. Un Mariano camarero u okupa sería otro Mariano. O a Madina, a quien parece que han empujado al escenario desde bambalinas justo cuando se abría el telón. Eso le pasa por ponerse tan cerca del apuntador. El candidato socialista al parecer ni siquiera ha ocupado un cargo político (y eso que lleva en el gremio desde la cuna), al contrario que Susana, por ejemplo, camarera de Griñán y okupa de la Junta en todo caso, que ha terminado apropiándose de toda una colección como el peluquero de Picasso. Cabría establecer como requisito obligatorio para cualquier aspirante a la dirigencia pública (aunque no se imagina cómo), no ya una formación académica y profesional, sino al menos un periplo personal de experiencia similar al de la mandataria germana. Que se deje de ver en ella un toque de extravagancia en negativo (frente a lo que debiera ser natural), como si en vez de un peinado tan antiguo como el casco del káiser luciese un tocado de Lady Gaga.