En estado crítico

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Cada día desayunamos (y comemos y cenamos) con las noticias económicas del día: la prima de riesgo, los últimos datos de la EPA, los tipos de interés, etc. Pero a menudo esta profusión de datos nos impide ver que hay algo más detrás de ellos. La crisis tiene también consecuencias, y muy graves, sobre la salud de los ciudadanos.

 

Según un estudio británico, en los últimos cinco años han reaparecido en Europa enfermedades como la malaria, el dengue o la tuberculosis, asociadas a un empobrecimiento social y al recorte de las medidas sociosanitarias. Algo similar ha ocurrido con el VIH, cuya incidencia por ejemplo en Grecia ha aumentado más de un 200%, mientras se reducen los programas de prevención y tratamiento de esta enfermedad. El director de ONUSIDA, Luiz Loures, ha advertido del peligro de que la crisis haga retroceder los avances conseguidos hasta ahora en la lucha contra el sida. Los oncólogos también temen que la investigación del cáncer se vea ralentizada y que se dificulte el acceso de los pacientes a las nuevas terapias.   

 

Pero no hablamos solo de enfermedades físicas, la crisis económica también ha tenido consecuencias en la salud mental. Una investigación de la Universidad de las Islas Baleares mostró como entre 2006 y 2010 se incrementaron las consultas en Atención Primaria por problemas psicológicos como depresión, trastornos psicosomáticos o abuso de alcohol. En la misma línea, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha alertado de un aumento del estrés y la ansiedad como consecuencia de la situación de incertidumbre tanto para las personas con empleo como las desempleadas.

 

Numerosos expertos han relacionado también la situación financiera con el incremento de la tasa de suicidios, que en el caso de Grecia ha sido de hasta un 40% en 2011 con respecto al año anterior.

 

Otro tipo de problemas médicos, que pueden considerarse menos importantes (aunque a la larga pueden tener graves consecuencias o esconder otras patologías), también se han resentido en los últimos años. Se han reducido considerablemente las visitas al dentista, a cuya consulta sólo acudimos cuando es estrictamente necesario (habitualmente cuando el dolor es insoportable) en lugar de realizar revisiones periódicas.

 

Y no nos podíamos olvidar de la salud sexual. Los expertos han comprobado como se han incrementado los casos de impotencia y falta de deseo sexual en España sobre todo en personas con problemas para llegar a fin de mes o sin trabajo.