‘Encre sympathique’: Modiano esencial

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Al contrario de lo sucedido con otros premiados por la Academia sueca, hay que reconocer que el Nobel de literatura no ha afectado la capacidad creativa de Patrick Modiano. Desde 2015 en que fue galardonado, el escritor francés (Boulogne-Billancourt, 1945) ha publicado una novela, Recuerdos durmientes, y una novedosa obra de teatro, Nuestros comienzos en la vida, ambas en 2017. Ahora, en octubre de 2019, ha aparecido otra novela, Encre sympathique, que en este caso remite al mejor Modiano de siempre, al del Goncourt de La calle de las tiendas oscuras (1978), al de Barrio perdido (1985) o al de Un circo pasa (1992), unas obras con las que la nueva narración tiene más de una vinculación.

Estamos ante un relato bien armado, con un planteamiento y un desenlace en los que las teselas aparentemente desordenadas de un argumento confuso –la desaparición y búsqueda de una joven a lo largo de los años por el narrador– acaban por encajar en un brillante final. En la novela todo es la conocida combinación de lo banal, de lo cercano y anodino que Modiano convierte magistralmente en extraordinario, en literatura. La novela, que se desarrolla en París, Annecy y Roma, unos escenarios conocidos en la obra de Modiano, va aumentando su interés a medida que avanza la lectura con una clave de relato de intriga, de sutil novela negra. Siempre equidistante del misterio por muy doméstico o vulgar que pueda parecer como es la desaparición de Noëlle Lefebvre, de la historia de amor, de las actividades extrañas que realizan tipos raros o de los recuerdos, el escritor regula con oficio el relato, las pistas y las revelaciones de manera que el interés aumenta con la lectura.

Encre sympathique muestra lo más habitual y esencial de la literatura de Modiano. Su argumento, su planteamiento, sus personajes, lugares y entornos son aquellos que han definido desde Villa Triste su obra. Es otra novela de indagación, de búsqueda de un personaje. Una investigación en la que, como ha señalado con frecuencia el escritor, lo importante no es tanto el resultado de la búsqueda como la búsqueda en sí y sus efectos en los protagonistas. Y es que en esta obra de Modiano, a medida que avanza, hay una mayor sutilidad y todo es menos evidente, menos cierto. Nada es extremo ni excesivo en su narrativa y tanto los acontecimientos como los sentimientos afloran con naturalidad, despojados de todo dramatismo, sin esfuerzo aparente, es decir, como al acaso. En este caso se trata de la búsqueda de la joven Noëlle Lefebvre, una investigación que, a pesar de las escasas referencias cronológicas que proporciona, sabemos que se desarrolla a lo largo de años con tanta calma como constancia, como si supiera de su resultado. Un largo periodo que en realidad es la búsqueda del pasado –¿también de su recuperación?– en un esfuerzo por corregir años más tarde lo sucedido en la juventud temprana. Es el mismo asunto, la misma indagación que está presente en casi todas las novelas de Modiano tal que la citada Calle de las tiendas oscuras, Café de la juventud perdida, en la que Louki es la protagonista, Barrio perdido –siempre hay algo perdido en la obra de Modiano, sea el pasado o la memoria– o La hierba de las noches, en la que el enigma lo representa Dannie.

El de Encre sympathique es un texto bien hilado y bien construido, breve pero complejo, como es habitual en la obra de Modiano, que de nuevo parte de un asunto banal que acaba teniendo repercusiones extraordinarias. Un argumento en el que los acontecimientos y el pasado reaparecen a medida que pasa el tiempo, como si fuera un precipitador que lo revelase, al igual que hace el calor con la tinta simpática que inspira el título. En fin, una novela de la memoria, el elemento que sirve de guía entre la neblina habitual del mundo modianesco y que permite encontrar los rastros y las pistas que conducen a un personaje, en este caso a la desaparecida Noëlle Lefebvre. Pero también, como tantas otras de Modiano, es al mismo tiempo una novela de aprendizaje, que en este caso se extiende a lo largo de una vida.

En la obra está presente lo habitual de la poética de Patrick Modiano, aquello que atrae tanto como repele a entregados y críticos, respectivamente. Esta el paisaje urbano parisino –Plaza de la Opera, Rue Vaugelas, Avenue Victor-Hugo– y romano –Via Veneto, Piazza del Pópolo–; los tipos raros de nombres extraños –como reconoce el mismo Modiano– y pasado complejo tal que Gérard Mourade, Roger Behaviour, Georges Brainos, Robert Etienne, Sancho Lefebvre, Jacques B. Le Marquis, Daniel V., Serge Servoz… están las sociedades mercantiles como La Caravelle, las listas, agendas y cuadernos, las revistas y los carnets, los cafés y bares como el Cintra, los garajes y los coches –atención a ese Chrysler descapotable–, los internados, las salas de fiesta como el dancing La Marine, los almacenes Lancel, los autobuses, la fotografía, las fichas y los expedientes guardados en carpetas azules. Y cómo no, los cines, como el Rex, en el Boulevard Poissonnière, que fue un Soldatenkino durante la Ocupación, un periodo al que Modiano no puede evitar hacer un guiño al mencionar de pasada a Othon de Bogaerde. Es este un belga vinculado con los gánsteres colaboracionistas de los bureaux de compra del París oku como André Gabison, judío de origen tunecino al tiempo que agente del Abwehr y personaje de Modiano aparecido en Accidente nocturno.

La mención a Bogaerde y su cercanía le permite al escritor sugerir relaciones complicadas y actividades de origen oscuro de tipos que aparecen en Encre sympathique como Brainos o Sancho Lefebvre. Tanto Bogaerde como Gabison, de los que nos ocupamos en Noche y niebla en el París ocupado y París-Modiano, recalaron en Madrid durante la posguerra, el primero como un sorprendente cónsul de Liberia, contribuyendo al cruce entre ficción y realidad que a veces acompaña la obra de Modiano.

También en Encre sympathique de nuevo aparece la agencia de detectives del barón Constantin von Hutte que tanto protagonismo tuvo en Calle de las tiendas oscuras, ahora como una escueta “agencia Hutte”, en la que trabaja el protagonista, Jean Eyben, otro Jean de nuevo como narrador. Una recuperación que es un guiño.

Quizás sea Encre sympathique el mejor Modiano de los últimos años, de la etapa posterior al Nobel; una novela que nos lleva de vuelta a los mejores relatos del escritor francés, con idéntico ritmo y capacidad literaria. Leyendo esta nueva novela de Patrick Modiano se confirma aquello de que el pasado siempre esconde algún misterio, de que “en la vida lo que cuenta no es el porvenir, sino el pasado”, como decía ya en 1978 en Calle de las tiendas oscuras. Unas palabras que más de cuatro décadas después para el ya Nobel francés siguen vigentes.

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