Enviado especial

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Cuando Cataluña sea independiente me gustaría ir allí a escribir crónicas de viaje como las de Camba. Un país tan cercano y a la vez tan lejano tiene que ser una inexperiencia precisamente inenarrable...

 

Cuando Cataluña sea independiente me gustaría ir allí a escribir crónicas de viaje como las de Camba. Un país tan cercano y a la vez tan lejano tiene que ser una experiencia precisamente inenarrable, más incluso que ejercer de cronista de cualquiera de los múltiples y heterogéneos parlamentos españoles. Sus atavismos magnificados y repetidos, casi retorcidos hasta la sequedad. Conocer el desempeño organizativo y constructivo que supere al simbolismo y a la inventiva que se conocen hasta ahora me generan casi un morbo enfermizo. Qué excitación produce el desarrollo de una patria. De esta patria. Dicen que esta vez ya es la definitiva y yo pienso que a ver si es verdad. Tanto si es cierto como si no, todo son ganancias: o se acaba con la tabarra (la leche de fórmula de mi hija debe de contener independentismo catalán entre sus ingredientes por cómo se queda dormida, profundamente, tras el biberón), ciertamente agotada, o se tiene para escribir mil novelas o diez mil crónicas de nuevas costumbres. Yo quiero ser enviado especial y escribir sobre ser español en Cataluña, sobre las dificultades con el idioma, sobre sus apartamentos turísticos o sobre su butifarra, por ejemplo. Cómo se llamará la nueva moneda; quién será el ministro de Defensa; qué defensa será esa o quién será el embajador en Madrid son cuestiones apasionantes y más allá del qué o del quién está el cómo igual que en una novela de Pynchon. A mí no me importa que será de Cataluña sino cómo será el ser de Cataluña. He leído aquí los interesantes artículos de @XabierFole sobre literatura norteamericana y, trasladando sus enseñanzas, no me importa el desenlace de Cataluña igual que no importan los desenlaces de Pynchon, los de David Lynch o los de Foster Wallace. A mí lo que me interesa es contar la génesis de la patria postmoderna desde el surrealismo. Cataluña es ‘La subasta del lote 49’, ‘Twin Peaks’ y ‘El Rey Pálido’, o si se prefiere ‘V’, ‘Carretera perdida’ y ‘La broma infinita’. Y ya puestos yo en ellas quiero llegar a descubrir que el absurdo tiene significado con todas esas notas a pie de página y detrás de todas esas tramas y sub-tramas. Quiero alcanzar a comprender in situ que el llanto radiofónico de Junqueras proviene de la trascendencia del significado de su anhelo y no del puchero que parece desde mi televisor, o que la obstinación psicodélica, psicotrópica incluso, de Mas refleja fielmente el disparate como metáfora de nuestra existencia. Y si no tampoco importa. Simplemente me gustaría ser un narrador privilegiado, el hombre sándwich de Camba, de las costumbres catalanas primitivas para luego, se me ocurre, recopilarlas en un libro y cogerle y descontextualizarle, con perdón, medio título al ensayo de Fole: ‘La obsesión postmodernista y la fascinación por el absurdo: Artur Mas y Oriol Junqueras’.