Esclavas con tacones

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El mercado del amor fingido, del amor pasado por billetes de colores, de los tratos entre consumidores absortos, de las frías palabras mezquinas cruzadas entre calles empedradas. El mercado del placer supuesto, del juego que no es de niños, aunque en él si participen. El mercado del discurso hipócrita, de la risa fácil entre amigos, de moteles escabrosos y hostales descalabrados. El mercado de los sentimientos fríos, del contar de los minutos para que todo pase deprisa, de princesas de labios rojos sujetando las paredes. El mercado de la ausencia de caricias, de los tacones clavados en los parques, de las luces de neón, de las lágrimas que no se ven. El mercado de alquilarse a hombres sin nombre mientras la mirada perdida vuela lejos de la cárcel que suponen los cuerpos.  

 

El informe de la Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres “El cliente de invisible a responsable” desvela una serie de datos escalofriantes. La mitad de los hombres que pagan por sexo están casados o viven en pareja, y lo que es más grave, la mayoría son conscientes de que el grueso de mujeres que ejercen la prostitución lo hacen en contra de su voluntad

 

Algunos datos, en el mundo 4 millones de mujeres y niñas son traficadas anualmente para su explotación sexual. Sólo en Asia, más de un 1 millón de niñas son vendidas para la industria del sexo. En España se estima que 300.000 mujeres ejercen la prostitución y el número de locales para estos fines ha aumentado. Los españoles son los europeos que más prostitución consumen,  el 39% han sido “clientes” de este negocio y el  6% de los hombres acude de forma asidua. 

 

A pesar de estos datos, en muchas ocasiones de forma interesada se ha desligado la prostitución de la trata de mujeres y menores. Como vemos, la prostitución se normaliza, en ocasiones se justifica o se entiende. No existe consenso a la hora de rechazarla como una forma cruel de violencia principalmente contra la mujer.

 

Es necesario un cambio de mentalidad, un cambio de mirada. No es sólo un asunto de mujeres prostituidas, es un asunto de hombres que pagan a mujeres que en más del 90% de los casos se prostituyen contra su voluntad. Cierto es, que existe un porcentaje de mujeres que ejerce de manera voluntaria, pero la cuestión es si eso justifica el inmovilismo a la hora de atajar el problema de una vez por todas. Evidentemente, la respuesta es no.  Entre todas las prostitutas que ejercen de manera voluntaria el porcentaje de mujeres que se prostituyen sin ser empujadas a ello por sus condiciones socioeconómicas desfavorables es mínimo. Los derechos de elección “laboral” de una minoría dentro de la minoría no pueden ser el argumento para mantener esta forma de violencia de género contra las mujeres. 

 

En mi opinión, la clave no está en institucionalizar la explotación sexual, sino en buscar la abolición de la misma. La regulación o legalización de la prostitución expande la industria del sexo, por tanto se desarrolla todo el entramado paralelo que acompaña este negocio (trata de mujeres y niñas, violaciones, explotación infantil…).

 

Desde mi punto de vista, legalizar la prostitución sería la aprobación social y cultural de esta forma de la violencia contra las mujeres. Se debe ir al núcleo del problema, el respeto hacia las personas y en especial hacia las mujeres en su sentido más amplio. La prostitución es una de las principales manifestaciones del machismo intrínseco de nuestras sociedades, legalizar sólo es reafirmar esta actitud. Es impactante que no se otorgue a las mujeres prostituidas contra su voluntad el mismo trato que a cualquier otra mujer víctima de violencia de género. Resulta muy hipócrita y contradictorio hablar de lucha por la igualdad entre hombres y mujeres mientras desde algunos sectores se pretende legalizar la prostitución convirtiendo con ello a las mujeres en objetos. 

 

Teniendo en cuenta que el 90% de las mujeres que ejerce la prostitución lo hace contra su voluntad (según determinó una ponencia parlamentaria), esta puede considerarse explotación sexual. Por tanto, en la mayor parte de los casos se vulneran derechos fundamentales de las personas que se prostituyen. Legalizar no es ser más progresista, ni crea una sociedad más libre, es negar la posibilidad de que la sociedad y las administraciones busquen otras opciones económicas y laborales a estas mujeres. 

 

Legalizar la prostitución no erradicaría la trata de personas con fines sexuales pues seguirían existiendo espacios al margen de los controles legales. Esto está sucediendo en Holanda, para muchos ejemplo de país que ha legalizado la prostitución, donde ha aumentado de forma considerable la explotación de menores con fines sexuales. En la prostitución no se trata con nobles empresarios sino con mafias y explotadores sexuales que únicamente buscan el máximo beneficio. Legalizando la prostitución se crean dos mercados, uno donde las prostitutas son tratadas como “trabajadoras del sexo” con derechos sólo en la teoría y otro mercado al margen de la ley, con precios más baratos, más demanda y por tanto con mujeres explotadas más rentables para los proxenetas. En los países donde se ha legalizado la prostitución esto ha ido ligado a un incremento del crimen organizado con fines de explotación sexual. Además, ha aumentado la prostitución infantil y la trata de mujeres gracias a la flexibilización de la legislación. 

 

Vivimos en una sociedad donde los derechos laborales se vulneran continuamente. Debemos preguntarnos que derechos van a respetar proxenetas, mafias y “empresarios” de clubs que exigen recaudaciones altísimas a las mujeres de las que obtienen beneficios. Los derechos que se conceden a las prostitutas apenas se pueden ejercer en la práctica. En Holanda, el sindicato FNV ha denunciado que los derechos de las “trabajadoras del sexo” son continuamente quebrantados. Las prostitutas no ejercen sus derechos por miedo a que se conozca como se ganan la vida, por miedo a no encontrar otro trabajo dentro o fuera de la industria del sexo o por miedo a ser agredidas o presionadas por sus “jefes”. Es muy complicado dotar a este mundo de derechos laborales reales cuando en esta “industria” ni siquiera se respetan los derechos humanos. Legalizando la prostitución se crean auténticos guetos donde las mujeres son vistas únicamente como objetos sexuales. Para que sirve dotar de supuesta libertad de elección y derechos laborales cuando la libertad es elegir ser explotada sexualmente por sus condiciones socioeconómicas desfavorables y los derechos laborales sólo existen en la teoría. 

 

Existen alternativas a la legalización, Suecia aprobó una ley que penaliza la compra de servicios sexuales y despenaliza la venta de los mismos. En Suecia las mujeres prostitutas son consideradas víctimas de violencia de género, en este país se considera que la igualdad de género es inalcanzable mientras exista la posibilidad de que hombres sigan explotando sexualmente a mujeres. Pero en Suecia no se han quedado simplemente en la persecución del cliente, también se han puesto en marcha planes educativos que persiguen un cambio de mentalidad respecto a la prostitución. Además, se invierten los fondos necesarios para ayudar a cualquier mujer que quisiera abandonar la prostitución. En cambio, en España el debate se ha centrado en la voluntariedad de ejercer la prostitución. Se ha soslayado que la mayor parte de las mujeres se prostituyen contra su voluntad.

 

Es un problema de concepto, legitimar o no la sumisión sexual de una persona a otra por dinero. Legalizar la prostitución es resignarse a luchar contra lo injusto de su existencia. Erradicar las mafias que trafican con personas, acabar con la objetificación sexual de las mujeres, buscar una salida laboral a las personas que ejercen obligadas, perseguir a los clientes y poner en marcha un cambio de mentalidad en la sociedad (como se está haciendo con la violencia de género en el ámbito domestico) son algunas de las medidas que se deberían tomar. 

 

Dignificar la prostitución como un empleo no dignifica a las mujeres sino que reafirma la idea de que estas pueden ser tratadas como un objeto por los hombres. El problema es grave, el debate aparece y desaparece, hay demasiados intereses económicos, demasiado machismo en la sociedad y muy poca voluntad política. Una combinación a la que desgraciadamente estamos acostumbrados. 

 

Legalizar es el camino fácil pero no el correcto, poner fin a la explotación sexual es francamente difícil pero es el camino que la sociedad debe tomar. 

Luis Calderón. Periodista y diseñador gráfico en continua formación. Entusiasta de la cultura alemana, la literatura y los nuevos medios digitales. Especializándome en comunicación empresarial y medios sociales. Este blog es una mirada diferente al mundo del periodismo  Dímpel Soto Haciendo honor a su tierra de origen, esta gallega (Vigo, 1984) ha vivido en Galicia, Barcelona, Londres y Madrid. A veces por trabajo, a veces por supervivencia. Periodista de vocación, ha trabajado como redactora y productora de televisión (BTV, TVE, Goroka.TV), así como en prensa digital (UABDivulg@) y gabinetes de comunicación. A día de hoy reflexiona sobre su futuro en dimpelsoto.wordpress.com y se declara adicta al Community Management. Proponedle una entrevista y moverá el mundo... por conseguirla.