Escuetas impresiones andorranas

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De Andorra siempre mantuve un conocimiento superficial. Conozco, claro, por los medios, los asuntos de trapicheo que se traen algunos, sobrados de dinero, empadronándose en el principado para evitar, -mangoneando así, sin residir siquiera en este pequeño país (cantantes, futbolistas, ‘youtubers’, políticos…)- pagar en España los impuestos debidos. Sé que la jefatura del estado de Andorra está formada por dos co-príncipes: las personas del obispo de Seo de Urgel y la del Presidente de la República Francesa. Que han de ser intransferibles, pues en los actos de estado andorranos no puede representar al primero alguien de la diócesis ni al segundo nadie del gobierno francés. Creo que fue Mitterrand quien incumplió con el establecimiento de esta figura insustituible, enviando a alguno de sus ministros, lo que resultó, además de originar un fuerte reproche, completamente inviable.

Mi destino en Andorra, hace unos días, era un hotel en la capital de la parroquia de La Massana. La Massana me sonaba porque alumnos del IES donde trabaja mi mujer viajan todos los años a ese pueblo durante unos días prenavideños para esquiar en una de las pistas cercanas a ese pueblo. El territorio andorrano, con 468 kilómetros cuadrados  y 80.000 habitantes, se compone de siete parroquias: Canillo, Encamp, Ordino, La Massana, Andorra la Vella, Sant Julià de Lòria y Escaldes-Engordany. Un sendero, a través de la abrupta montaña, las une a todas ellas, y curiosamente su marca coincide con la distintiva concha que identifica al Camino de Santiago.

Superé la aduana de la diminuta nación, después de haber desconectado los datos móviles del teléfono para atenerme solamente a la wifi del hotel si no quería sufrir un gravoso gasto extra telefónico, y atravesé varios túneles que salvaban acusadas subidas. He de confesar que al pasar por la capital, Andorra la Vieja, recibí una mala impresión, al observar el abigarramiento de sus construcciones, sin ningún cuidado estético, sus tiendas y más tiendas, su visible señal de negocio imperante al que, al parecer, su alcaldesa, la española Conxita Marsol Riart,  del partido centroderechista Demócratas por Andorra, no quiere de ninguna manera renunciar ni atenuar con una correcta imagen de justa referencia histórica. La Massana, aunque en menor grado, también acusa esto. Como en Andorra la Vella, sus edificios están a punto de alcanzar las cuerdas de los montes.

Mas esta impresión espinosa quedó subsanada en el confort del hotel Magic de La Massana, disfrutando de una acogedora habitación, un salón-comedor que ofrece una excelente variedad en su buffet, un amplio bar tipo pub irlandés y una zona gratísima habitada por un pequeño pero eficaz gimnasio, una coqueta piscina sumamente transparente y fresca, el siempre atractivo jacuzzi, sus calientes burbujas invitando a su uso constante, y un par de saunas, una húmeda y otra seca. Instalaciones que he utilizado placenteramente todas las tardes. En toda Andorra hay mucho tráfico durante el día pero a la noche se queda tranquila. Por consiguiente, mi descanso nocturno no ha sido alterado por rabiosos motores ni altercados nocturnos.

Andorra es un país que tiene como único idioma oficial la lengua catalana, aunque son hablados muy extensamente el español, el francés y el portugués. Ya no es un paraíso fiscal. Los andorranos se muestran ajenos al cercano proceso independentista catalán, aunque se sintieron molestos por el cabildeo de los Pujol y sus maletines atiborrados de pasta. Padecieron una sanción internacional con motivo de consentir estos manejos.

En mis jornadas andorranas me apunté a un grupo de senderismo, realizando durante unos días bellas y muy activas caminatas. Divisando hermosísimos paisajes montañosos, llamativos, sublimes cortados. Vi algunas vacas, pocas, y muy pocos terrenos cultivados, casi exclusivamente de tabaco. Antes Andorra elaboraba manufacturas con sello propio, y ahora sólo seca las anchas hojas y vende a las empresas tabaqueras el producto. Los recorridos añadían paradas culturales. Dos de ellas sobresalientes. La primera fue la visita al Santuario de Nuestra Señora de Meritxell, patrona del país. Situado en la parroquia de Canillo, es un espacio muy moderno levantado por Ricardo Bofill, pues la primitiva iglesia se incendió. La imagen de la virgen es una reconstrucción realizada en este siglo XXI. También vi el magnífico templecito románico en la Cortinada, pueblito de la parroquia de Ordino. Precioso el carillón, el púlpito, los retablos, los antiguos frescos que aún se conservan.

Los del grupo de senderismo disponíamos de un guía local, un muchacho andorrano, delgado, muy en forma, completamente volcado al deporte. Después de conducirnos en nuestra caminata, concluida normalmente a primera hora de la tarde, se iba a su parroquia a comer con su mujer, y de inmediato ambos hacían hora y media de escalada en un rocódromo ubicado al lado de su casa. Cuando llega la temporada de nieve, a finales de noviembre, y que dura hasta abril, es profesor de esquí. Se conoce todos los picos, varios de casi tres mil metros. También experto nadador, entrenándose en los numerosos lagos glaciares que pueblan el territorio.

La economía de Andorra está ligada a su potente naturaleza. Sobre todo a la nieve. Desde muy niños, todos sus habitantes saben esquiar. Si los ingresos andorranos dependen, en verdad, completamente del turismo, la larga temporada para practicar en la nieve se constituye en próspera temporada alta. El guía, dudoso y sonriente, ya dice que si se ven afectados muy en serio por el cambio climático, se tendrán que dedicar a otra cosa, a plantar lechuguinos o a cazar gamusinos, animales imaginarios que intensamente viven en el folclore de la nación.

Nuestro guía nos ilustraba con detalles de la historia de Andorra. En una caminata señaló el camino por donde huían a Francia los republicanos españoles de la represión de Franco al finalizar la guerra civil. Indicando las casas que habitaban la panorámica, explicaba que los tejados de pizarra sirven para que pueda escurrir la nieve y para que caliente la vivienda en verano, cosa que hoy ya va siendo impensable hoy. Asimismo refería que la adopción del catalán proviene del idioma aragonés, antigua lengua que aún se sigue hablando en algún valle oscense. Y el indudable héroe de ese pequeño estado es Carlomagno. El territorio fue el escenario de la lucha entre francos y andalusíes hasta la invasión de Carlomagno, fecha tradicional de la independencia de Andorra (año 788). Su himno se titula precisamente «El gran Carlemany», cuya letra es de Juan Benlloch y la música de Enric Marfany. Fue interpretado por primera vez el 8 de septiembre de 1921 en el Santuario de Meritxell, día de la celebración de la patrona. Este es su primer verso: «El gran Carlomagno, mi padre, me liberó de los árabes».

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