Estelle 17-07-2010

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Pues nada, como siempre en ruta antes de las 6 de la mañana llevando a Estelle y su preciosidad, Lorene, a Ouaga, supongo que para ver al padre, pero lo mismo es sólo para ver a la familia. Aquí la gente no cuenta demasiado y da corte preguntarles: hablan todo el tiempo, es casi de lo poco que se puede hacer aquí, pero de ahí a que te cuenten alguna cosa mínimamente personal hay un abismo.

 

Estelle y Lorene, cuando vino a casa para que le hiciera, e imprimiera, unas fotos con su hija

 

Al año pasado la llevamos mi amiga Leyre y yo, hasta la aldea donde viven sus dos hijos mayores, Flora y Fabrice. No recuerdo sus edades pero alrededor de 10-12 años, como mucho. Ella está separada o divorciada (o lo mismo ni se llegó a casar) y me había contado que hacía ¡2 años! que no veía a sus hijos. Me quedé de piedras y le prometí que la llevaría. Tampoco es que estén en la otra parte del mundo, aunque hay que ir a Ouaga (180 kms) y luego a Garango, donde viven, que podría ser, por el camino más corto, otro tanto o menos.

Recogimos a un familiar suyo en Ouaga, otra mujer, que se supone que nos iba a guiar hasta allí. Aunque no os lo creáis no había podido encontrar en todo Ouaga un solo mapa de carreteras de Burkina, como los que puedes encontrar en cualquier gasolinera en España (meses después mi amigo Javier Navas, el de los retratos increíbles, me regaló uno que tenía)

Me dieron ganas de matarlas a las dos, pero varias veces y con dolor.

Empezaron a meternos por caminos de tierra a cual peor y a partir de un determinado momento y ya no recuerdo las horas que llevábamos y casi sin gasolina empezaron a preguntar a todo el que nos cruzábamos. Y aquí preguntar algo son dos cosas, si no más: por una parte un buen rato de conversación, saludos de cortesía, etc.

No vale aquello de ‘perdone, ¿para ir a Garango voy bien por aquí…? Y que, además, te digan si sí o si no, o ‘tuerza en aquel camino o en la siguiente aldea…’.

No, la charla dura y es en mooré con lo que no tengo ni idea de qué dicen o si es importante. Pero incluso para decir que no tienen ni idea la cosa no se resuelve en un minuto. Y, por otra parte, es que aunque no tengan ni idea intentan ayudar y hablar y hablar por si lo mismo se aparece la Virgen o el arcángel Gabriel (que son musulmanes la mayoría) para ayudar.

Las muelas… yo estaba que echaba las  muelas, porque yo quería volver aquel mismo día y las horas pasaban… Leyre, un encanto, intentaba tranquilizarme…

 

Fabrice, Estelle y Flora en la cour de sus suegros

 

 

Al final llegamos y se me pasó el enfado con sólo ver la cara de sorpresa de los niños al ver a su madre y la sonrisa de felicidad de Estelle. Aunque sigo sin comprender cómo una madre no consigue hacer economías para poder ver más a menudo a sus hijos. Supongo que aparte del dinero será que la familia del ex marido acepte tenerla allí el tiempo que se quede por más regalos o cosas que lleve para comer o compensar su estancia. Es otro mundo.

El padre no estaba, vive en Ouaga.

 

La vuelta fue otra cosa: llegamos en un periquete a Ouaga. ¿Por qué? La maldita ‘guía’ nos llevaba por caminos de tierra para evitar ir por una carretera asfaltada que como creo haberos contado todas son de peaje. ¿Cuánto ahorro? 400 Fcfas: 60 céntimos de €.

A cambio de ese ‘ahorro’ habíamos tardado 2 horas de más y gastado unos 20.000 Fcfas de gasolina. Ganas me dieron de pedirla que bajara un momento, en lo más perdido de la brousse, y haber arrancado dejándola a su suerte… pero no hay leones ni bichos salvajes: los mosquitos es lo peor y de eso puede que tenga más en Ouaga.

 

Ahora Estelle va con Lorene a ver a sus hijos. Está de baja por maternidad, el bebé no tiene 3 meses todavía y va a ir a enseñárselo a sus hijos, Flora y Fabrice.

Le he preguntado qué les parecía tener una hermanita, si estaban contentos y con ganas de verla y qué le habían dicho cuando había hablado con ellos por teléfono.

Me ha contado que es una sorpresa, que ni les había dicho que estaba embarazada, ni que había tenido otra hija.

 

Lorene, una preciosa ‘sorpresita’ para sus hermanos

 

 

Pensé para mí, ‘pues sí, va a ser toda una sorpresa’.

Ya os he dicho que es otro mundo. Ni mejor, ni peor: distintos.

Y, sin embargo, todos iguales.

Si nos pinchan, ¿no sangramos?

Me voy a tomar un vasito de sangría helada para sobrellevar estas sorpresas.

 

 

GALERÍA DE RETRATOS DE JAVIER NAVAS