Estos son mis poderes

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Es una frase histórica, pero me viene de perlas. Me aplasta la ola de “poderes” que inunda el lenguaje hablado (y también el escrito). Casi nunca hacen falta; si se suprimen no es que no pase nada, es que el texto mejora y se hace comprensible. Sé que soy muy pesada con esto, y con otras muchas cosas, pero más pesados son ellos. Ví y escuché el otro día a Ken Robinson en uno de los “TED talks” que se pueden ver en esa web, y fue concretamente aquí: Educación mata creatividad. Es una charla desternillante y sabia sobre nuestro mundo, el origen de la educación tal como la conocemos, el cerebro humano y el futuro. ¡Véanle cuanto antes, sobre todo si tienen “locos bajitos” en casa o pueden llegar a tenerlos! Su argumento principal era que los niños son creativos –todos- y van dejando de serlo a medida que crecen y pasan por el sistema educativo. La clave es que ellos prueban (ponía ejemplos geniales), se arriesgan, porque no tienen miedo a equivocarse. “Si no estás dispuesto a equivocarte, nunca se te va a ocurrir nada original. Nuestras empresas también funcionan así: estigmatizan los errores, y en los sistemas de educación el error es lo peor que puedes hacer”.

 

Siempre he mantenido que el lenguaje que hablamos los españoles, lleno de circunloquios sin sentido, eufemismos y “palabras parapeto” como poder y hacer (y de dislates sintácticos y calcos disparatados del inglés, pero esa es otra historia), denota que tenemos pánico a equivocarnos. Una especie de “miedo escénico” contemporáneo y colectivo, quizás porque, en magnitudes históricas, hace bastante poco que salimos a la palestra de la opinión pública libremente expresada. Aquello de “hija mía, tú sobre todo no te signifiques”, generalizado y llevado a su culminación.

 

Una dictadura es una dictadura, es… no es una rosa. ¡Vale, sólo es una hipótesis!

 

Dos ejemplos de esa furia de poderes: La tele informa de que hay unos cuantos chicos y chicas que quieren ser astronautas. La frase es: “Comparten el sueño de poder ganar una plaza de astronauta con la NASA”. Mi pregunta: ¿para qué sirve ese “poder”? Ellos sueñan con ganar la plaza ¿no? Otro ejemplo, éste de la radio: en la plaza madrileña de Callao alguien ha instalado un artefacto que “mide la capacidad de vulnerabilidad ante los robos callejeros” (¿?). Ahí está otra vez la idea de poder agazapada. ¿Qué es eso de  capacidad de vulnerabilidad? En todo caso mediría la vulnerabilidad, o, a más a más, el nivel de vulnerabilidad.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.