Festival de Primavera

0
201

Estamos en vísperas del Año del Tigre, según el zodíaco chino, y ya se respira una atmósfera festiva en las calles de Beijing y de otras ciudades y pueblos asiáticos que siguen el calendario lunar para celebrar sus fiestas tradicionales. El Festival de Primavera (春节) es la más importante del año. Muchos afortunados disfrutan de días libres para visitar a sus familias. En un país como China, con más de 1.300 millones de habitantes y una población migrante que oscila entre los 80 y 300 millones de personas, se puede imaginar el caos y la picaresca que se vive durante estas fechas en la red nacional de transporte, sobre todo en las estaciones de ferrocarril y autobuses, con más estafas y robos de lo normal. Hace unas semanas comentaba brevemente mi experiencia del año pasado, cuando viví mi primer Festival de Primavera en China, y lo atónita que me habían dejado los mensajes de jóvenes que ofrecían dinero a quien le acompañase a casa, en calidad de novio o novia, en año nuevo. Estos días, la prensa china se ha hecho eco de este mismo fenómeno y ha concluido que éstas son unas fechas en las que las familias esperan cambios en la vida, por lo que llevar a la pareja o a un amigo a casa es señal de buen augurio.

Alguna vez escuché que los chinos, más que religiones, tenían supersticiones. No sé si se puede ser tan tajante, pero lo ciento es que en la cultura popular abundan los dobles sentidos, una semántica realmente compleja sólo para iniciados y que suele ser el origen de la incomunicación con los culturalmente ajenos. Durante el Festival de Primavera se busca constantemente la buena fortuna a través de una serie de ritos muy arraigados. La decoración, predominantemente en rojo y dorado y con mensajes positivos (felicidad, dinero, abundancia, riqueza…), los petardos para ahuyentar a los malos espíritus, barrer la casa antes de año nuevo para eliminar las desgracias del pasado,… y un sinfín de acciones que se hacen para atraer la buena suerte. Los ritos se funden con las tradiciones de las tres escuelas -budismo, taoísmo y confucionismo- hasta el punto de que es difícil discernir los orígenes de cada uno. Como fiesta familiar se se rinde culto a los ancestros, también se acude a los templos para quemar incienso y se visita a los astrólogos taoístas para consultar sobre fechas propicias y otros aspectos. Tengo la sensación de que buena parte de la espiritualidad oriental, al menos en China y en los pueblos que han heredado su cultura, subyace en ese sentido ritual y supersticioso que se evidencia en fechas tan significativas como el Festival de Primavera.

Vigo, 1983. Licenciada en Periodismo y Especialista en Información Internacional y Países del Sur por la Universidad Complutense de Madrid. Tras experiencias académicas y profesionales en Madrid, Freiburg, Utrecht, Berlín y Londres, en 2008 llegó la ansiada oportunidad de ampliar horizontes en Asia. Cuatro meses antes de los Juegos Olímpicos me trasladé a Beijing con un visado de trabajo pero sin propósitos definidos, abierta al descubrimiento de un nuevo mundo, y aquí sigo, observando los cambios de una sociedad en constante transición que desafía mis neuronas constantemente.