Fracasa mejor

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Foto: Corina Arranz

 

Entre los silencios que nos acompañan, y a los que no nos acostumbramos porque tenemos miedo, los de James Joyce y Samuel Beckett. Entre los silencios que nos aterran, los de nuestra propia cara en el espejo del río, en el cristal de la ventanilla del lento tren que remonta la corriente del Hudson con nuestros sueños a bordo. Es una metáfora, es cierto, y parece como si estuviéramos cansados de ellas, de su ineficacia. Hace demasiado tiempo que el mundo es ancho y ajeno, pero tenemos la fea costumbre de olvidarnos de que no somos los únicos seres vivos en este planeta, y de que hay cadáveres abonando los campos del pasado y de que nuestra ceniza abonará (¡ojalá!) las cebollas y los ajos del porvenir. Fracasa otra vez, fracasa mejor. Estamos en ello, mientras nos olvidamos de lo más revolucionario que se atrevió a plantear Mijaíl Bulgákov con El maestro y Margarita en plena Rusia de Stalin: la compasión. 

 

El puente sobre el Hudson que Corina Arranz fotografió al atardecer sirve para enhebrar la aguja del tiempo. Vamos.

2 COMENTARIOS

  1. Preciosa foto de puente.
    Preciosa foto de puente. «Puente con estado de ánimo», seguro que si Van Gogh lo hubiera visto, lo habría pintado.

  2. El Hudson, por su majestuosa
    El Hudson, por su majestuosa capacidad para reflejar ciudades como Nueva York, academias emblemáticas como West Point, puentes de hierro y (todavía, en algunos tramos) la naturaleza indómita antes de que los ojos occidentales lo «descubrieran», tiene una insólita capacidad para mostrar nuestros estados de ánimo como si en realidad le pertenecieran a él. Algo que Walt Whitman vio como pocos, y James Salter aprovechó en «Años luz».

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