Fútbol americano

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Puse el partido en la televisión para ver si podía disfrutar de uno de estos lances, pero no fue posible. Tampoco fue posible, por lo que me cuentan y he leído y escuchado, ninguna hermosura en el debate...

 

Yo ayer, en lugar de ver el debate a cuatro (Rajoy estuvo en él con más presencia que si realmente hubiera estado, como el ausente Marlon Brando en aquella cena de El Padrino II en la que Michael comunica que se ha alistado), quise hacer algo diferente.

 

Haciendo zapping encontré lo que necesitaba: un partido entre los Denver Broncos y los New England Patriots. Yo no sé nada de fútbol americano. Sólo conozco a algunos quarterbacks famosos que es lo que más me gusta del juego, para ser concreto, el lanzamiento largo del quarterback: el pase preciso de un golpe de brazo y la recepción en carrera del wide receiver rodeado de contrarios. Es una jugada hermosa donde el talento, la velocidad y la habilidad se conjugan durante el recorrido por el aire de un balón con forma de melón.

 

Puse el partido en el televisor para ver si podía disfrutar de uno de estos lances, pero no fue posible. Tampoco fue posible, por lo que he leído y escuchado, ninguna hermosura en el debate.

 

Dicen que ganó Pablo Iglesias (¿de verdad puede ganar algo Iglesias con esa moderación de Tartufo?, sí, sí y sí, me digo, claro que de existir YouTube en el siglo XVII nos hubiéramos perdido a Molière), pero yo hoy me acordaba al despertar de John Elway y de Joe Montana, que eran los dos mejores quarterbacks de aquel año que ganaron los 49ers, con Jerry Rice completando touchdowns para disfrute mío.

 

He visto las imágenes y algunos momentos del debate ¿En verdad estaban tan pálidos? Porque cuando reían parecían el Drácula de Coppola celebrando la feliz estancia en el castillo de Jonathan Harker. Nevaba en Denver como en los Cárpatos y yo me imaginaba a Albert, a Pedro y a Pablo con sus cabelleras rociadas de nieve por estas fechas.

 

Nunca unos debates (tampoco se ha dado la oportunidad), tuvieron mejor aspecto de anuncio navideño. Un mundo ideal en el que los candidatos son colegas y chocan sus manos en vez de dárselas. ¿Se imaginan a Pedro llamándole «enano» a Pablo como si en vez de Iglesias fuese Mármol?

 

Aduce Rajoy problemas de agenda y de tradición, porque piensa que el presidente sólo tiene que debatir con el jefe de la oposición como sólo se come turrón a partir del veinticinco de diciembre, o del veinte. Claro que yo no sé que es lo que se esperaba de un señor registrador de Pontevedra que aún reparte collejas. ¿Acaso sumarse a ese tuteo de la nueva política?

 

Hubiera sido un punto oírles decir: «Mira Mariano…», pero a Rajoy no se le puede llamar Mariano si uno no quiere que se desmorone el mundo conocido al estilo de la CUP. Lo que Rajoy parece, incluso no estando (que en él es estar más que estando), es el olmo seco de Machado ahí tras el atril: «…antes que te descuaje un torbellino…», mientras lo que parecía que había por detrás de los demás eran tres flanes moviéndose al ritmo del plato. Como para no ponerse el fútbol americano.