Golum de Umbula

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En este artículo hablamos de cómo la dictadura de Obiang adopta formas varias para engañar a la disidencia. Llevamos varias semanas en Malabo y nos hemos quedado mundos. 

 

¿Han leído el título? ¿Lo han leído bien? Golum de umbula. Es lo que nos sale cuando pensamos en el régimen de Obiang Nguema Mbasogo, su señora y su hijo. O sea, ya no sabemos qué decir. De hecho, llevamos varias semanas en Malabo y nos hemos quedado mudos. Hemos estado, según los que reciben las «órdenes de superioridad», a punto de ser detenidos, quizá interrogados y luego torturados. Creemos que todavía no estamos a salvo, pero no podemos dejar de seguir respirando para seguir viendo, aunque cada vez nos quedemos sin decir nada, y porque, franca verdad, lo hemos dicho casi todo.

 

Estamos a 13 de marzo de 2014, siglo XXI después de la crucifixión de Jesús, y podemos decir que Guinea tiene un mal régimen, los guineanos, pobres de nosotros, nos hemos acomodado y los que alguna vez se levantaron y pensaron que esto se puede cambiar, y estén donde estén, siguen con su drama personal, el creer que esto está así precisamente porque ellos, y representando a su partido o lo  que fuera que tuvieran, no están en el poder. La acomodación a la que nos referíamos se traduce en conductas llamativas, muchas de las cuales han sido descritas en los medios de difusión que recogen las historias guineanas. Por ejemplo, y sólo un ejemplo, ¿qué es esto de que pretendas que te vean por las calles de Malabo con un 4×4 llamativo si el salón de tu casa solamente es el doble de grande que la anchura de tu coche y es en el mismo salón donde colocas el colchón sobre el que duermen tus hijos, dos de ellos matriculados en un centro escolar carente de una biblioteca?

 

Escribimos esto, la última parte del párrafo anterior, porque hay muchos guineanos, creyentes o no, que piensan rotundamente que el que esto escribe es un aguafiestas, que qué es esto de iniciar una huelga y cuando todo estaba preparado coges tus cosas y te largas a la península a comer patatas, eres un desgraciado. Entonces te lo tragas, qué le vamos a hacer, pero descubres que casi los mismos guineanos te ven, y según dónde se encuentran, hacen lo posible para que se sepa que no están en tu compañía, o se largan sin contemplaciones. Ah, entonces miras y piensas en lo que hubieran hecho si  la huelga antes mencionada hubiera durado 100 días. Hubieran salido del país, no hubieran querido ser testigos de nada que les salpicara y les llevara a declarar nada, que la cosa no está para bromas. Y cuando todo amainara, volverían a sus 4×4 y a los pequeños salones de sus casuchas con estos colchones orinados por cien mil infantes de su familia.

 

Cualquiera podría creer que hay cierto resquemor. ¡Qué va! Hay cierto guineano que mucho antes de la huelga mencionada terminó la redacción de su trabajo de fin de carrera y la dedicó primero a Su Excelencia Obiang Nguema Mbasogo, general en jefe de la dictadura guineana. Y que conste inmediatamente que no es alguien de su casa, porque en ella no hay estudiantes de nada. Hace poco supimos que este bello ejemplar de guineano dejó dicho que no podría entrar en cierto centro público porque también lo frecuenta el que esto escribe. O sea, si le hubieran dicho que nos lapidara para rematarnos durante la huelga, quizá lo hubiera dudado, pero hubiera tenido la oportunidad de demostrar al que ahí estuviera que dedicó su obra de fin de carrera a Su Excelencia, y a ver qué pasaba.

 

¿Esto dicho arriba tiene que ver con el drama de los políticos? Que los listos saquen sus conclusiones, pero el que esto escribe cree que este asunto está en las manos de los que no quieren un 4×4 viviendo en una chabola. Al hablar de chabola, podemos rellenar la lista de lo demás, el colegio de Neymar, ¿se acuerdan?, los hospitales públicos donde pagas de todo, y los privatizados, donde los que nos mandan no quieren pisar; y la ausencia de libertades, o sea, que te violen, te abran el coche, te arranquen del volante y no tengas dónde recurrir para que se juzgue tu caso. O que simplemente una bala perdida te rompa un ojo y no tengas a nadie que te escuche. O que te rompa la casa la autoridad y no tengas dónde ser oído porque que tu casa sea pobre a la vista es un reclamo para los 6 mil turistas que nos visitan cada dos años, y esto no puede ser.

 

¿Hemos hablado del drama de los políticos guineanos, del interior y del exilio? Pues no sabemos qué citar primero. Hace poco el jefe de cierto partido de la oposición se vio con Obiang Nguema, y bien trajeados los vimos, y nos llegaron, a través de terceros, que había sido un encuentro cordial, incluso muy cordial para creer que es un buen augurio. Y dijimos, enfadados, qué como unos mayores de edad podían creer que un sátrapa acurrucado en el poder podía ser incapaz de engatusar a su oponente con media sonrisa bien dibujada. Bien, lo que nos gustaría decirle a este líder de la oposición es que deje a los que mandan que pregonen y expliquen su aperturismo y buen talante, que medios no les faltan. Esto porque a renglón seguido nos hemos enterado que existe un plan maquiavélico y oscuro para eliminarlo ante la menor oportunidad. Entonces dudaríamos de su reacción ante esta noticia, porque, francamente, que se materializara no sería la consumación de un drama, sino la confirmación de una tragedia. Hemos terminado. El autor de la tesina, y otros guineanos que se escapan porque nuestra presencia delataría su cobardía se han salvado de ser citados, y porque son muchos y, francamente, más que desprecio, merecen nuestra indulgencia.

 

Malabo, 13 de marzo de 2014

 

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.