Guinea Ecuatorial: Ya no quedan excusas para nadie

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Guineanos de todos los niveles culturales:

 

Habiendo leído u oído todo lo que ha acontecido en el mundo en este año bisiesto 2012, podemos decir que ya no hay excusas para seguir pasivos y sedentes. Es decir, no hay excusas para la inacción.

 

El general-presidente Obiang, dictador que pese a su condición de militar dicta las leyes guineanas, ya tiene cierta edad y pronto podrá sonreírse y decir que le quiten lo bailao, pues sí ha bailado mucho, y con muchas mujeres diferentes. De hecho, es el tipo de dictador que se propuso como meta tener ayuntamiento con las mujeres de las diferentes etnias guineanas, con las que ha tenido un montón de hijos. Pero esto no es importante.

 

El general tiene la edad que tiene y conoce de memoria la esperanza de vida de los guineanos. Y es cuando quiere atar las cosas para que le siga durando la sonrisa una vez embalsamado y depositado en su basílica, pues dejará en el poder a Teodoro Nguema Obiang. Pero hay muchas razones por las cuales todos los guineanos de ambos sexos, y de todos los niveles culturales, tienen que decir que esto no es aconsejable:

 

—Uno, que su régimen no es democrático.

—Dos, que Guinea es un país sin libertad ni desarrollo humano.

—Tres, todavía el país se llama república, la única razón por la que los reyes precoloniales de las otras etnias de Guinea siguen dormidos bajo la historia colectiva.

—Cuatro, ¿por qué en Guinea no podemos tener escuelas decentes, y no simples paredes llenos de basura?

—Cinco, el resto de las razones.

 

Ahora más que nunca, y aunque el velo tupido que siempre ha tapado los ojos y el entendimiento de los dictadores le impide darse cuenta, Obiang necesita de la seguridad de los demócratas guineanos. Pero de todos. Ahora se tienen que juntar y reprenderle por el caótico régimen que carcome al país, estigmatizarle por las horrendas prácticas de sus años de poder, pero darle la seguridad de que sería abucheado, sí, pero dormirá con la seguridad de ser el primer ex presidente guineano que morirá de viejo, o de la misteriosa enfermedad que le amenaza, pero no fusilado como un vulgar perro como ocurrió con el anterior, y con muchos presidentes africanos que cogieron la bandera de las manos del primer presidente después de la independencia.

 

Es la hora para que los guineanos, residentes en el interior y en exterior, entiendan que la mención que hacen de la restauración democrática significa que el presidente de la liga política que constituyeran puede ser cualquier persona solvente, pues se entiende que la elección democrática será la norma en el país al que quieren volver. Es decir, ¿cómo no logran unir sus esfuerzos para recuperar la libertad si quedó claro que solos no han tenido éxito? Y hacemos esta pregunta porque no queremos decir que es penoso vivir la lucha por el primer puesto protagonizado por los demócratas, aunque ellos nos hagan creer que ya recuperado el poder se someterán al dictamen de las urnas cada cinco años.

 

Es la hora justa hora para los líderes étnicos, estos de tan profundos sentimientos por la gente reprimida de sus pueblos. Es la hora para que sepan que con anterioridad a la independencia existían en sus comunidades formas autóctonas de ejercicio de la autoridad que se arrinconaron para dejarse regir por un modo central. Esto sería simplemente para recordar a Obiang, general en jefe que estudió derecho en la UNED, que sus pretensiones de convertir el país en una monarquía absoluta crearía una amenaza de separatismo que ni su ejército pertrechado por mercenarios sería capaz de evitar. Esto se dice porque sabemos que hay muchos que todavía dicen en voz alta que la decisión de dar una independencia conjunta fue aprovechada por unos cuantos para cometer abusos en nombre de una legalidad que no existe. Aquí simplemente les recordamos que no les faltarán razones para rebatir los argumentos con los que Obiang justifica su intento de legar el poder a alguien de su casa enriquecida con el dinero de todos. (Encima de que sería imposible de que no digan eso de “que me quiten lo bailao”, no se justifica su intento).

 

Es la hora justa para los que pagan en todo el mundo “civilizado” sus hipotecas, y también educan a sus hijos, aprendan que el asunto de Guinea no es lo que se creían hasta ahora, que es de los políticos, y sólo de ellos. Hay muchos, lo sabemos, que tendrán un poco de tiempo cuando se jubilen, y tendrán recuerdos de su tierra africana y usarán los ahorros para volver a ver, y quizá echar una de sus últimas raíces, y eso si hay suficiente paz. Estos han de saber que es imposible que se cambie el régimen sin el concurso de ellos y de todos estos que dicen que no son políticos y quizá profesiones de artes aplicadas o simples lijadores de bombillas.

 

A todos ellos les hemos de recordar que si por sólo once años del régimen de Macías hemos tenido que soportar 33 años de un régimen que todavía no permite la discrepancia ni nadie tiene la seguridad de que no será detenido sin garantías jurídicas, las consecuencias de este mismo régimen podrían ser otros 60 años de opresión de unos sobre otros. Y es que las generaciones futuras heredan las consecuencias del presente. Como dice la Biblia, ningún árbol malo da buenos frutos. ( Si no lo dice, debería)

 

Se podría cerrar este artículo diciendo que basta ya de tanta tontería, pues una actuación democrática sería beneficioso para todos. Aunque no lo sepa ni pueda entenderlo, también para Obiang. Ya es la hora de desterrar las excusas, todas, y presentar, donde sea, con los intermediarios que sean, una alternativa solvente. ¿Alguien ha visto que no hemos hecho mención de ninguna potencia colonial mundial, ni de los intereses petroleros de ningún país desarrollado, tampoco de las necesidades de control que tienen sobre lo que ocurre en Guinea? No es porque no existan. Pero Guinea Ecuatorial es un país de negros. Es necesario darnos prisa para tener preparada esta alternativa para que cuando no se pueda llevar a cabo por enfrentarse a los intereses descritos no nos echen la culpa de lo que está en manos de otros. Y esto porque ya está escrito que los negros no pueden alcanzar ciertos estados de alma. Aun así, y visto el caudal de recursos que regalamos, por la mano errada del régimen, a los que más tienen, hay muchos indicios de que esto sí está en nuestras manos. Incluso fue un negro el que dijo esto de que Yes, we can.

 

Barcelona, semana santa, 2012

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.