Habimálati unkung

0
256

 

Es lo que me sale cuando contemplo desde Guinea lo que sucede en ella. Y mirando con entrambos ojos, puedo decir sin lugar a dudas que en mucho tiempo no podré quitarme la impresión de que Guinea Ecuatorial es el país cuyos responsables políticos tienen el peor nivel de formación. Y  si se confirma mi pobre impresión, no es ninguna casualidad. Es la recogida pasmosa de los resultados sembrados por un régimen sin cabeza.

 

Así empieza la cosa: has estado en China, en Singapur, en España o en Ghana. Pero digamos que has estado en España y viste cuán dinámico es su sociedad civil. Haces como si esto no fuera importante y terminas tus estudios y regresas a Guinea. Y te cuentan lo que tienes que hacer: ir a ver al presidente de la comisión de seguimiento de la provincia a la que perteneces por nacimiento, y él te guiará. Y así empieza tu andadura. Vas y descubres que el tal presidente es un señor al que conoces, y del que sabes que no estudió nada, incluso lo dejaste en quinto de promoción. Ahora es gran jefe y es el que decide lo que se hace en política y en todo lo relacionado a tu provincia. Su voz es la última voz, y aunque se trate de un tema sobre el que tienes un doctorado cum laude. Claro, si esto es la realidad que tienes que vivir, ¿cómo Guinea no va a ir como va?

 

Hace poco los guineanos que leemos nos desayunamos y nos merendamos la noticia esa de que el general-presidente de la dictadura guineana se ofende porque le llaman dictador. Y la noticia salió en Le Monde, y no parece que se lo toman a chunga en las Galias. ¿Que se duele porque gentes envidiosas le llaman dictador? Pues su malestar es la prueba tocante de que Guinea es una habimálati unkung, una nada llena de confusiones, y es el resultado de creer que basta con mostrar cualquier disposición laudatoria en la Guinea de hoy, y la de ayer, para ostentar un cargo público. Que hayas estudiado en France no vale nada si no sabes adular y aplaudir. Y claro,  así nos va, nada tiene nombre, vivimos de vergüenza en vergüenza, como condenados a estar en la oscuridad.

 

¿Se indispone el general porque mentes aviesas le recuerdan la cartilla? ¿Guinea no es, pues, una dictadura? ¿Entonces a santo de qué dijo aquello de «ojo con las ideas importadas» y con tanto tiento nos tiramos 20 años ensayando la democracia? ¿Se olvida el general que durante muchísimos meses nos levantábamos todos los días con la canción aquella de candidato único, compuesta por una de sus aduladores más fervientes, y prueba escuchable hasta el hastío de que quería ser el único gallo que cantara en el suelo patrio?

 

Pues bien, hoy no es dictador, y vamos al punto donde empezamos: cuando el mismo general decía aquello de que era dictador porque dictaba las leyes, hacía la declaración más rotunda jamás hecha por un mandatario, que en su país su palabra, y la de los que hablaban en su nombre, sí era ley. Aquí nadie obedece el teorema de Arquímedes ni nadie se atreve a discutir con estos presidentes de la comisión de seguimiento el teorema de Fermat. Entre nosotros la mención de estudios y diplomas se considera un grave insulto, pues no se puede contradecir al que tiene la autoridad. ¿Resultado?: habimálati unkung, la nada, el cero patatero, la tontería elevada a la categoría de ídolo público o adorno. Y esto ocurre con todo, para hacer un puente, para diseñar una urbanización, para hacer carreteras, para hacer un aeropuerto, para hacer un cartel, en todo los que deciden son los que no tienen cuarto de bachiller, pero hoy pueden ser ministros porque la adulación servil es bien pagada.

 

¿Resultado real en Guinea? Pues que cuando el general-presidente cuasi vitalicio decía que no quería ser llamado dictador, se celebraba en Baney algo que se llama Movimientos Amigos de Obiang. Pues bien, ¿a santo de qué un jovencito de apenas 40 años puede llamarse «amigo» del general, y siendo annobonés, destinar un cuarto de su paga mensual a engrosar las cuentas de un hombre que se ofendió cuando un periodista «envidioso» le recordó que era el presidente más rico de África? ¿Cómo se come el hecho de que empresas que se dedican a lo que se dedican pueden dedicar muchos millones para apuntalar algo que nadie sabe lo que es, pero que recibe el apelativo final de Obiang?

 

Pues no responderemos a ninguna pregunta, pero la ignorancia que se fomenta en Guinea hace que el general se olvide que no se le llama dictador por una simple cuestión lingüística. No, general, no es un simple epíteto inventado por sembradores de cizaña. Y es que las dudas esas existen porque no hay en toda Guinea ningún espejo que devuelva la imagen de los horrores que creáis con vuestro destierro de la ciencia. Nadie ve el mal gusto en el construir, nadie sabe cómo se comporta en la calle, nadie sabe escribir ningún cartel oficial, todo lo que hay que hacer depende del general o de los indoctos que hablan en su nombre.

 

Y con toda esta estulticia en las amígdalas, nos hacéis pasar vergüenza con eso de Cumbre de ASA celebrada en la «Isla de Malabo» y otras mil cien decisiones que cualquier persona mínimamente formada sabría someter a los dictados de la ciencia. El que esto escribe ha visto el resultado bochornoso de este proyecto fantasma llamado Saneamiento y Canalización de los Ríos. Que los que mandan miren los resultados y díganos si en toda la cúpula directiva de lo que llamáis la dirección política no podía haber ninguna cabeza que trajera la idea de hacer al menos un lavadero con las mismas aguas sucias, y porque los necesitados no las dejarán de usar, y también porque en todo el país no hay suficiente dinero para comprar una potabilizadora de agua para la zona afectada.

 

En nuestros paseos por la zona afectada por este vergonzoso proyecto hemos visto a varios guineanos lavándose con agua de las alcantarillas. O sea, directamente con aguas fecales. Esto en la zona del río San Nicolás, por otro nombre Matadero. Pues bien, cuando lo vayan a confirmar, y cualquier viajante o peatón puede dar fe de este doloroso extremo, convendría recordar que en los terrenos afectados por el aludido proyecto fantasma hay casas construidas en el mismo lecho fluvial, que tendrán que ser destruidas si la persona que lo ideó insiste en  seguir con la tontería aquella para justificar otro asalto a la hacienda pública. Si ya es doloroso que con tanto dinero no hagáis nada para el bienestar de los ciudadanos, sería deplorable que por el fomento de la ignorancia que habéis hecho durante tantos años echéis al agua muchos años de padecimiento privado.

 

¿Que el general ya no gusta de ser llamado dictador? Pues que repase la lista de los países donde sus presidentes son capaces de mostrar la cara en un vergonzoso acto de adulación pública y que se emita sin recortes en la televisión nacional, y sin que haya nadie que ponga un poco de cordura. Porque si ya es censurable este miedo a la ciencia, sería condenable que sigáis creyendo que Guinea Ecuatorial solamente está poblada de botarates sin alma.

 

Malabo, 4 de marzo de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.