Hristo Bótev: de coquetear con el anarquismo a héroe nacional

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España es un país particular donde símbolos oficiales que (quizá) debieran representar ampliamente a la sociedad, como lo es la bandera, es apropiada por unos y rechazada por otros. Sin embargo, en Bulgaria existen símbolos que son aplaudidos por la gran mayoría del país. Y no hablo solo de su bandera, la cual puede ser alzada por cualquier persona independientemente de su ideología. Me refiero también a una figura, a un héroe nacional, aceptado y glorificado por toda la sociedad.

El rostro de Hristo Bótev (Kalófer, 1848 – 1876) puede verse ondeando en banderas de grupúsculos fascistas, cristianos ortodoxos, socialistas herederos del régimen estalinista, democristianos de centro, neoliberales, europeístas, euroescépticos y socialconservadores, entre otros. Esto no se debe a, como muchos podrían pensar, que el ideario de Bótev sea tan humanista o transversal que rompe barreras entre ideologías, sino todo lo contrario: es fruto de una concienzuda despolitización y de un vacío de contenido ideológico de su figura en la que, de todo su pensamiento y lucha, lo único que se resalta es su crítica y oposición al yugo otomano. Sin embargo, no se tiene en cuenta que Hristo Bótev, además de ser un revolucionario que luchaba por la liberación de su pueblo, era un revolucionario internacionalista comprometido con la justicia social y liberación general de todos los pueblos oprimidos.

Hristo Bótev. Poesía.

Hristo Botev fue uno de los primeros poetas búlgaros cuya obra compartí en mi blog. Por entonces no era un gran aficionado a la poesía, pero había ciertos poemas que leía y me marcaban profundamente. Algo así me ocurrió con la poesía de Hristo Bótev, la cuál tuve el placer de descubrir en la traducción de Zhivka Baltadzhieva, ya que en aquella época era incapaz de leer en búlgaro, pues había estudiado el idioma solo durante un semestre.

Hablo concretamente de cuatro poemas: “Patriota”, “Mi Plegaria”, “Elegía” y “En la taberna”. Demasiado actuales pese a haber sido escritos en el siglo XIX, me dije al leerlos. Era el año 2014 y con motivo de la por entonces publicación de su poesía en español, el departamento de eslavas de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) organizó una lectura de sus poemas a cargo de los alumnos de búlgaro, en la que participé leyendo el poema “Elegía”. No quiero imaginarme cómo sería mi lectura y pronunciación en búlgaro, posiblemente nefasta, pero sí recuerdo que sentí muy profunda y cercana la obra recitada. Esta fue de las poquísimas veces que accedí a leer en público, ya que padezco de un miedo escénico patológico que me impide hablar delante de personas desconocidas en cualquier idioma.

Memorizar la palabra de Botev

Un año más tarde mi blog, el cual comencé en noviembre de 2012, cuando estaba en segundo de bachillerato y en el que trataba temas político-sociales del momento, ya había entrado de lleno en la difusión de la bulgarística, especialmente de la poesía búlgara. Y evidentemente empecé por Bótev, clásico de la poesía moderna en búlgaro. Meses más tarde, me contactó una lectora habitual de mi blog, ahora buena amiga. Anastasía, como se llama la chica, es búlgara criada en España y me comentó que llegó a mi blog no precisamente buscando la literatura de su tierra natal en español, sino a raíz de unos textos de feminismo queer que había publicado. Lo interesante de la cuestión es que mi amiga Anastasía comenzó a valorar la obra de Botev al releerla en mi blog. Sin duda un motivo que me enorgulleció pero que para una chica de ideas anarquistas tiene unas razones claras y evidentes: la apropiación por parte del estado de la figura de un poeta y revolucionario al que posiblemente no le gustaría ver su rostro estampado en carteles sujetados por popes, neofascistas y fervientes defensores del nacionalismo búlgaros. Mi amiga Anastasía me comentó que de pequeña estaba harta de que la obligaran a leer memorizando a Botev y, sin llegar nunca a profundizar en su obra, acabó casi olvidando a este autor que, unos quince años más tarde, empezaría a redescubrir y apreciar.

¿Es lícito que el estado convierta en mártir o héroe nacional a un revolucionario que coqueteaba con el anarquismo? Caso similar apreciamos ahora en Francia, país que pretende canonizar a Rimbaud, poeta rebelde, que apoyó a la comuna de París y ferviente defensor de la causa obrera, trasladando sus restos al Panteón.

Bótev y el anarquismo

En 1863 Hristo Bótev fue enviado por su padre al liceo de Odessa (Ucrania)i, donde además de aprender turco, griego y ruso y de sumergirse de lleno en la literatura rusa, empezó a leer a Bakunin. Sería allí dónde sus ideas políticas empezaran a tomar forma y donde establecería relaciones con revolucionarios y anarcocomunistas rusos y polacosii, entre ellos con el destacado bakuninista Rusel Sudzilovski.

Sobre la relación de Bótev con el anarquismo, Petar Simeónov (miembro de la Federación de Anarquisas de Bulgaria) comenta: “no sería exacto clasificar a Bótev como anarquista porque en su época incluso los mismos anarquistas no se denominaban así. Pero lo que sí está claro es que Bótev fue cercano no solo con las ideas, sino también con personalidades del anarquismo de su época. Están documentadas sus correspondencias con Sergéi Necháyeviii, además de compartir las ideas de Bakunin, de citar a Proudhon… ¿Qué más cerca del anarquismo podría estar el posiblemente más lúcido joven búlgaro de su tiempo?”.

Bótev y la Comuna de París

Bótev fue un ávido defensor de la Comuna de París de 1871, tal como queda reflejado en su panfleto Smeshen plach (Patético lloriqueo), donde con una fina ironía critica a todos los que se oponen a la Comuna de París y lloran por la Francia civilizadaiv.

Bótev y el nacionalismo

Como afirma el historiador y politólogo Ivaylo Dinev, “las ideas de Bótev están fuertemente relacionadas con las ideas internacionalistas, la igualdad entre los pueblos, así como dentro de los propios pueblos; incluso podemos apreciar conceptos sobre federalismo cercanos al anarquismo. Es como si nos hubiéramos olvidado de estos hechos y aceptemos un discurso que es mucho más fácil y cómodo”. A ese fácil y cómodo camino se refiere también Julia Vladimírova, periodista del canal Televisión Libre de Bulgaria, cuando afirma: “la canonización de Bótev nos arrolla con frases banales”.

Sobre la vinculación de Bótev con el nacionalismo, su traductora al español, Zhivka Baltadzhieva, comenta no hace falta más que leer los poemas de Botev y sus artículos de periodista para ver que esto solo es una sucia invención. Ya sabemos a quien sirve. El poeta soñaba con la “pura y sagrada república”, donde todos los esclavizados, todas las etnias, podrían vivir en igualdad de derechos y oportunidades. Era un auténtico revolucionario, un hombre de pensamiento muy avanzado. Sí, revolucionó primero el lenguaje y con esto las mentes. Cambió la mentalidad, la visión. Y tuvo que pagar con su vida”.

Bótev y el estado

Sobre la cuestión de Bótev y su canonizamiento por parte del estado Petar Simeónov comenta: “Para el poder lo más cómodo es que los luchadores por la libertad sean convertidos en luchadores por el estado. Por ejempo Bótev, el cual ha demostrado un total rechazo a todo poder, propiedad, así como al Estado, hoy es privado de su propia palabra”. Tal como escribiría el revolucionario búlgaro en mayo de 1875 en su periódico Zname (Bandera): “la base de todo gobierno es la mentira, el robo y la violencia… Tenemos todo el derecho, junto a Proudhon, de afirmar que todo gobierno es conspiración y conjura contra la libertad de la humanidad.

Cuatro poemas de Hristo Bótev (Traducción de Zhivka Baltadzhieva. Del libro “Hristo Botev. Poesía” (Amargord, 2014).

Puesto que puede ser arriesgado afirmar con total certeza si Bótev era o no anarquista, siempre nos quedará su palabra, su poesía, que a parte de ser actual, nos refleja con una fina ironía su crítica a los patriotas de poca monda, al poder de la iglesia y a la resignación propia del pueblo búlgaro.

iOdessa es una ciudad de la actual Ucrania y de la región histórica de Besarabia, donde habría emigraciones masivas de búlgaros a finales del siglo XIX.

iiHristo Botev. Poesía (2014: 27, Zhivka Baltadzhieva, Amargord).

iiiSerguéi Necháyev fue un destacado revolucionario y militante ruso anarquista.

ivhttp://litclub.bg/library/bg/botev/publ/plach.htm

 

Marco Vidal González (Sanlúcar de Barrameda, 1995) es un friki de las tortugas. Le gusta la dialectología y leer poesía, así como escribirla y traducirla. Es uno de los redactores de la revista búlgara Нова социална поезия (Nueva Poesía Social). No puede parar de escuchar Boards of Canada. Puedes seguirlo en La Tortuga Búlgara.

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