Ignacio González y sus tres medidas

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Un día leyendo la Guía del Ocio me encontré con la frase agudizar el ingenio”, un caso que cae dentro una categoría de mi cosecha: oídocampanas. Es cuando la gente quiere reproducir (vía oral o escrita) un dicho, una frase hecha, y, sin percatarse (qué bonito verbo y qué poco se usa) de cuál es su significado, la reproduce por aproximación, y simplemente la transforma en otra cosa. Ejemplos muy citados, para uso de los humoristas, son por ejemplo frases como la `hernia fiscal´, `la carretera de circuncisión´ o `el cuerno de la ambulancia´. Hay algo por ahí que suena, pero no acabo de acordarme cómo es, y entonces reproduzco por aproximación fonética. En el ejemplo de hoy se ha perdido el `aguzar el ingenio´, que era lo suyo. Aguzar se usa poco, así que la frase hecha es una forma de que siga ahí, presente en nuestras conversaciones. Agudizar se usa más (y total, mira, las dos empiezan por `agu´ y terminan en `zar´…) Es una pena. Podrían darse sesiones de dichos y frases idiomáticas en los colegios, con citas literarias muy pertinentes y sabrosas. Yo me ofrezco.

 

Pero lo que me encanta de hoy es otra cosa. El ínclito presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que no ha sido elegido para ese cargo por los madrileños (lo mismo lo mismo que la alcaldesa Ana Botella), y que me está arrastrando a la perversión inimaginada de echar de menos a Esperanza Aguirre, me ha regalado una frase que no tiene precio, y se lo agradezco. El Consejo de Estado concluye que el euro por receta –que ya aplica Cataluña y a punto de implantarse  en Madrid- podría no ser constitucional. Y va el presi y balbucea ante las cámaras: “Pues nosotros vamos a mantener la medida, en la medida en que entendemos que es una medida que…”. Yo mentalmente le termino la frase: “…nos va a proporcionar más de 30 millones de euros”. Bueno, esto también lo quiero comentar en las sesiones esas que voy a dar en los colegios. 

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.