Ir al teatro a ligar

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Se puede ligar en tres momentos del espectáculo: antes, durante y después. Pero lo que está claro es que en el teatro se liga.

 

He intentado olvidarlo, pero no se me va de la cabeza, y tampoco puedo ocultarlo por más tiempo. Ayer me encontré a Vera Yobardé y se lo comenté, pero, aunque sé que ella me escuchó, no es lo mismo.

 

Contra la democracia 

Foto con sorpresa cortesía de Álvaro Vicente

 

He oído algunas veces cómo el público en siglos anteriores al XXI iba al teatro a ligar, quizá ya desde los griegos… En los corrales de comedias los hombres se colocaban en distinto lugar que las mujeres, ellas en la llamada cazuela, un gran palco frente al escenario, y bajo sus pies,  entre el escenario y la cazuela, los hombres en el patio de mosqueteros. Los hombres miraban hacia atrás a las mujeres, y las mujeres miraban a los hombres y entre el patio y la cazuela corrían muchos gestos, gritos, miradas obscenas, cartas de amor… Incluso alguna vez llegué a leer que las mujeres orinaban, y como el suelo de la cazuela estaba inclinado hacia el patio de mosqueteros, los orines caían a los hombres… era otra forma que tenían de llamar su atención… Con toda esta comunicación entre mujeres y hombres en los corrales, parece lógico que mucho caso no hicieran a lo que sucedía en escena… Es decir, si uno se dedica a ligar, no se entera de la obra…

 

En siglos posteriores, ya en teatros más modernos, los que sentaban en los palcos tenían una vista privilegiada sobre los palcos de enfrente y sobre el patio de butacas, y podían elegir a alguien, y hacerle señas, y con los prismáticos observar sus gestos, y después… lo que surgiera. Y claro, al teatro iban con sus mejores galas, por si surgía algo, sobre todo si tenían palco… He de reconocer que aún hoy en día el palco es el mejor lugar para observar a los espectadores… Y si el espectáculo no te gusta, puedes echar un vistazo al patio de butacas y analizar todo lo que allí sucede, puedes ver, por ejemplo, a una alcaldesa, mujer de un presidente de gobierno, aburrirse y sacar el móvil en el estreno de una obra del novio de la Preysler, estando sentada la alcaldesa justo al lado del novio de la Preysler… Y muchas más cosas se pueden ver, pero me las callo

 

Hoy en día seguimos haciendo vida social en el teatro, todos hemos hecho muchos amigos nuevos allí, gente a la que encontramos a la entrada o a la salida de la función, o sentada en la butaca de al lado, cañas tras la función con desconocidos con los que ahora nos llevamos bien, muy bien, e incluso… Son numerosas las parejas que se conocieron como espectadores en un teatro… Se puede ligar en tres momentos del espectáculo: antes, durante y después. Pero lo que está claro es que en el teatro se liga.

 

Por eso, lo que vi el otro día no debería sorprenderme tanto… Aunque lo que me sorprendió fue el modo… Fue durante un espectáculo de una compañía rumana que recaló este fin de semana en el Valle Inclán. Estaba en la última fila de butacas, la cuarta, en un lateral (el público estaba sentado a 3 bandas) y en la segunda fila, debajo de mí, a los 20 minutos de función un señor de unos 50 o 60 años sacó el móvil y comenzó a usarlo. No le tenía justo debajo, por eso no pude llamarle la atención, que lo hubiera hecho gustosamente… Y los que él tenía detrás o al lado no le dijeron nada, no les debía molestar la luz, tal vez no le veían, tal vez no lo consideraban molesto… El señor debía ser algo corto de vista y las letras en su móvil tenían un tamaño muy grande, tan grande que yo, 2 filas más atrás y un par de asientos a la derecha de él, podía leer lo que se estaba escribiendo con alguien. Me desconcentró un poco y dejé por momentos de atender al espectáculo, al encontrar en su pantalla… Lo siento, no pude evitar leerlo, normalmente se me van los ojos tras unas letras, no suelo mirar en los móviles de la gente, pero es que aquello no me lo podía creer… Y supongo que en esos momentos afloró toda mi curiosidad voyeur… Leí que recibía frases como: «¿Cómo eres?» Él entonces respondía: «Alto, interesante, 1’87, guapo, fuerte…» (Juraría que estaba mintiendo, porque no parecía ni alto, ni guapo, ni fuerte…) Y le llegaba otra respuesta: «¿Qué hacemos?» Y él: «Podemos ver una película y después lo que surja…» Y recibía: «Vivo sola.» Una y otra vez guardaba el móvil, y una y otra vez recibía un mensaje nuevo y lo sacaba para seguir escribiendo con esa letra tan grande… Recordé entonces que había oído hablar de unas aplicaciones para buscar pareja que localizan gente en las proximidades, y entonces pensé si no habría otra persona en la sala (u otras, porque no se escribía con una sola mujer) que a su vez estuviera respondiéndole desde la oscuridad de su butaca… Miré al resto del público tratando de encontrarla, pero nadie tenía esa actitud de ligue a oscuras… Intenté verle la cara al señor para saber quién era… tal vez me sonara de algo… Pero no pude. Siguió así hasta el final del espectáculo, sin importarle demasiado que los demás espectadores leyéramos lo que sucedía en su móvil (estoy seguro que no fui el único que lo hizo, las letras eran demasiado grandes y no ocultaba mucho lo que estaba haciendo…) Al finalizar tampoco le vi la cara, porque me puse a hablar con Mr. Pap, que estaba sentado a mi lado, y también tenía que comentar la obra con la señora Herrero (que sufraga el teatro madrileño pagando su entrada), y con «el que lleva las redes» a XperTeatro, y con el señor Vicente (que me ha cedido generosamente la foto para ilustrar la entrada… y por cierto, la foto esconde una sorpresa…)

 

Por momentos me siento un poco mal por haberme inmiscuido en la vida privada de este señor leyendo la pantalla de su móvil, y pensaba que era una insensatez y una violación de su intimidad contarlo aquí… Pero en otros momentos pienso que, por el descaro con el que lo usaba y el tamaño de la letra, invitaba a leer, no le importaba demasiado que los de alrededor… Al fin y al cabo, si hubiera estado toda la función diciéndole piropos a una mujer a su izquierda o metiéndole mano a otra a su derecha, también habría sido espectador de sus artes de ligoteo… Si en el siglo pasado se utilizaba para ligar en el teatro el último modelo de prismáticos, ahora se usa el último modelo de móviles, y no hay nada malo en ello… Al fin y al cabo el señor no estaba haciendo más que lo que siempre se ha hecho en el teatro, y yo no he hecho más que lo que siempre se ha hecho en el teatro, estar pendiente no sólo de lo que sucede en escena, sino de lo que sucede entre el público…

 

@nico_guau

El Gallinero es la bitácora de un grupo de dramaturgos que interpretan el papel de un periodista. Un espacio donde se informa del teatro que no acostumbra a salir en los medios de comunicación, de los recovecos que componen la vida teatral de Madrid y los espectáculos/ espacios/ creadores/ gestores menos conocidos.   En El Gallinero escribe nico guau, y en una época escribieron muchas más gallinas: Antonio García, El Trapo, Folguera, la señora del fondo, Manuel Rodríguez, Muflón Silvestre, Pelma y gris, Turuleta, Vera Yobardé... Si queréis contactar con nosotros, podéis hacerlo en elgallinerofronterad @ gmail.com, quitándo lo espacios alrededor de la @.