La batalla por Kobane (Ayn Al-Arab): Viendo la guerra siria desde Turquía

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Está claro que el Estado Islámico es un monstruo. Lo han descrito como brutal y errático. Pero este monstruo resulta que no es del todo errático ni del todo incompetente. Lo ha demostrado con sus ataques coordinados en los últimos días en el norte de Irak

 

Lo que temían algunos y muchos sabían que pasaría está pasando. Las garras de la guerra de Siria comienzan a arañar a los países vecinos. Durante la mitad de este año, el Daesh, o Estado Islámico, ha hecho avances importantes en Irak en una campaña relámpago. Aunque los bombardeos de la coalición liderada de nuevo por Estados Unidos ha logrado frenar el avance, se comienza a armar la nueva guerra en Oriente Próximo.

 

Durante las últimas cinco semanas el mundo ha visto la nueva batalla contra el temido EI desde Turquía. Kobane (en kurdo; Ayn Al-Arab, en árabe) es una ciudad siria, a escasos kilómetros de la frontera turca en Mustipinar. Las imágenes de explosiones; las banderas y los combatientes del EI subiendo montañas; los cascos y los chalecos de los periodistas cubriendo en vivo con el fondo de Kobane, ha hecho que los medios dirijan de nuevo su mirada hacia Siria.

 

Pero el relato de la guerra de Siria ha cambiado sustancialmente a raíz de los últimos acontecimientos. Hace mucho tiempo que el cuento de la revolución quedó atrás, tanto para los medios como para algunos sirios. El régimen de Bachar al Assad, que ha estado librando una guerra fratricida contra facciones rebeldes durante más de tres años, parece olvidado. Olvidadas parecen también las más de 220.000 personas que han muerto a causa del conflicto y los millones de desplazados. Atrás han quedado las bombas de barril que llueven sobre Alepo, los ataques con gas, las matanzas. Pero para quien no ha quedado atrás es para los sirios.

 

El presidente sirio, Bashar al Assad, lleva a cabo desde hace más de tres años una cruenta campaña contra los sectores rebeldes y los civiles que viven en sus territorios. Los rebeldes, una mezcla de diferentes grupos, lealtades y objetivos, han estado en constante mutación, en cambios de alianzas, pero sin una coordinación efectiva en la guerra. Los estadounidenses, que durante todo este tiempo han dudado si dar apoyo real a las fuerzas que combaten contra Al Assad, los clasifican entre moderados y extremistas. Esa estrategia de buscar buenos y malos, en obviar los muchos tonos de gris, ha acabado por fortalecer al EI, convertido en el nuevo coco a quien temer y aniquilar.

 

Las tácticas brutales del EI son conocidas. El terror que causan en las poblaciones donde tienen presencia y el morbo que genera entre algunos espectadores extranjeros al ver sus banderas en las montañas cerca de Kobane multiplica su efecto atemorizador. Como dice Ahmet, un kurdo de Siria de 43 años, sentado con su familia en uno de los campos de refugiados de la ciudad turca de Suruç, cercana a la frontera: “A Daesh (EI) no le importa nada. Quiere cortar las cabezas de los niños, de los bebés y de los que encuentren”.

 

Está claro que el EI es un monstruo, pero lo han descrito al mismo tiempo como brutal y errático. No obstante, resulta que no es tan errático ni del todo incompetente. Lo ha demostrado con sus ataques coordinados en los últimos días en el norte de Irak y con la conquista y control de ciudades y regiones enteras entre Irak y Siria. Su objetivo es claro: ocupar y mantener territorio y poblaciones.

 

Es el caso de Kobane, la pequeña ciudad fronteriza que militar o estratégicamente no representa mucho para los gobiernos involucrados, como señaló el portavoz del Pentágono, el almirante John Kirby. Se han difundido informes y debates acerca del peligro que representan las fuerzas del EI tan cerca de la frontera turca, en la que llevan tanto tiempo. El despliegue de tanques turcos en la linde o los bombardeos de los aviones de la coalición que lucha contra el EI son un indicio de lo que realmente simboliza Kobane, de lo que en realidad representa estratégica y militarmente para los gobiernos de la coalición.

 

Para Turquía, país miembro de la OTAN, los kurdos del YPG que defienden Kobane son terroristas, al igual que los kurdos turcos del PKK, grupo con el que mantienen negociaciones de paz, y que también ha sido calificado como terrorista por Washington. Sin embargo, Estados Unidos y los otros integrantes de la coalición no han dejado de reconocer que los kurdos del norte de Irak han demostrado fuerza y capacidad para contrarrestar a las fuerzas del EI.

 

De momento, los kurdos iraquíes son aliados frente a un enemigo común, y por eso el ejecutivo turco ha aprobado que un grupo de peshmergas del norte cruce territorio kurdo para ayudar a las fuerzas del PYG en Kobane. En cierta medida, el contencioso recuerda en parte a lo que le pasa a Estados Unidos con los rebeldes sirios: no saben cuáles son los buenos y los malos, y por eso no han armado adecuadamente a ninguna de las facciones rebeldes que luchan contra el régimen de Damasco.

 

Quizás ahí mismo radique también la importancia simbólica que tiene Kobane: escenario donde mostrar las cartas y las alianzas. Sin embargo, lo que parece haber quedado en evidencia es la falta de objetivos claros y, por ende, la ausencia de una estrategia nítida para combatir al EI.

 

Para el gobierno de Turquía ha llegado el momento de ver quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos, y hasta dónde está dispuesto a llegar en el seno de coalición. Con 30 muertos en las protestas desatadas en las calles de varias ciudades turcas desde hace dos semanas, Ankara se pregunta si jugar sus cartas con respecto a Kobane y el rol que han de desempeñar los kurdos. Pero el objetivo y el camino que la coalición ha de seguir para continuar las operaciones sigue sin estar claro.

 

Desde las colinas de la frontera asistimos a la batalla de Kobane, donde fuerzas del YPJ defendieron con lo que pudieron su ciudad del ataque de EI hasta que Estados Unidos se decidió a brindar apoyo aéreo. Se cree que unas 150.000 personas han huido de la ciudad hacia Turquía, con lo que se ha engrosando todavía más el número de refugiados sirios en el país.

 

Pero al sur, este y oeste de Kobane está el resto de Siria, y la guerra continúa, aunque hace mucho que no sepamos lo que pasa. Mientras los ojos del mundo y de la coalición enfocan Kobane, las pocas fuerzas rebeldes que resisten en Alepo siguen combatiendo para defender la última ruta de acceso a la ciudad que controlan. Los rebeldes pelean contra las fuerzas del gobierno por un lado, y en otros frentes contra elementos del Estados Islámico. Pero en esta batalla no disfrutan del apoyo aéreo de los aliados, puesto que la coalición no está oficialmente en guerra contra el régimen de Bachar al Assad. Directamente no lo ha estado durante los últimos años.

 

El relato de la guerra de Siria como una revolución para derrocar a Al Assad se va extinguiendo poco a poco. Todos los esfuerzos bélicos se dirigen a combatir al coco del EI. Una de las preguntas que surgen de inmediato es: ¿qué papel jugará el presidente sirio en este escenario de esta nueva guerra?

 

 

 

Mauricio Morales es bogotano de 32 años. En 2008 comenzó a desempeñarse como fotógrafo de planta para el diario bumangués Vanguardia Liberal. Viajó en diciembre de 2012 a Turquía para cruzar Siria y cubrir la guerra como corresponsal para AFP, Polaris, European Press Agency y Terra Networks. Ha colaborando con medios como Semana, El Espectador, Esquire Colombia y The City Paper. Su trabajo ha sido publicado en The New York Times, Time Lightbox, L. A. Times, Washington Post, France 24 y Huffington Post, entre otros. Actualmente tiene como base Turquía. En fronterad ha publicado Alepo, una isla en el mundo. Siria no volverá nunca a ser lo que era. En Twitter: @moralesphoto

 

 

 

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Autor: Texto y fotos: Mauricio Morales