La crueldad y otras palabras

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“Los condenados a muerte por Franco será porque se lo merecían”. La frase la pronuncia el alcalde de Baralla (Lugo) hace unas semanas. Gran revuelo, claro. Hay quien dice, incluso, y no es un chiste, que el tema se ha politizado… (el alcalde es del PP). No es que a estas alturas me sorprenda la nube de caspa franquista que sigue planeando sobre nuestras instituciones democráticas. Pero escuchen cómo responde el alcalde de Baralla a los denuestos con que le responden (las frases no son rigurosamente textuales, pero prometo que no están manipuladas, si acaso son imprecisas): “La frase se quitó del concepto; claro, estás acalorado… Pero si a alguien le ofende, si hay que retirarla, ¡la retiro, por supuesto, y no pasa nada!”.

 

Hay dos cosas en este personaje y en sus palabras. La primera es lo de “se quitó del concepto”. Al hombre le sonaba eso tan socorrido de “se sacó del contexto”. Muchos gallegos cuyo patrón lingüístico más profundo es el gallego tienen un lío entre sacar y quitar cuando hablan castellano; se dice mucho, por ejemplo “quitar las entradas” o “quitar el carnet de conducir” (en el colegio, la monja de Lengua nos hacía recitar: “Se quita lo que se pone, se saca lo que se mete”). Y luego, contexto y concepto ¡son tan parecidas! Total, sólo cambian esas tres letritas, tex/cep… Daría hasta ternura, si no se tratara de crueldad –consciente o no, me es igual-. Y también de otras lacras cívicas.

 

Por otra parte, veo en su reacción un toque de banalidad que ya se está haciendo normal en nuestra vida pública. He dicho una barbaridad… bueno, puede (pero ya está dicha…), si he ofendido a alguien que me perdone, yo es que me acaloro… ¿Se acuerdan del chiste de Chumy? Un verdugo con un hacha le corta una mano a un cautivo, y luego dice, poniéndose la mano en la boca “¡Huy, perdón!!”.

 

Por la radio oí que ciertos equipos de fútbol españoles recibieron dinero por “dejarse perder”(¡!). Dos veces. La frase chirriaba. A la hora de las noticias lo cambiaron por “dejarse ganar”. En el “dejarse perder” subyacía un “dejarse vencer” o “dejarse derrotar”, pero la mejor opción, sin duda, es la que eligió la emisora al final.

 

Los pajaritos que corretean en formación disciplinada a la orillla del mar, con aspecto de zancudas en miniatura, que ejecutan un auténtico ballet cuando siguen las idas y venidas de las olas y comen (¿qué?) en la arena cada vez que el mar se retira, se llaman aquí zarapitos, me informan, por si alguien también tenía curiosidad. Luego me dicen que también correlimos, y en castellano chorlitejos.

 

Otra información: en la playa coruñesa de Carnota me dicen que los peces en forma de anguila que abundan en los cauces que llena la marea al subir, y que se entierran y emergen sin parar, se llaman pipiones. Y que son magníficos como cebo para pescar lubinas, aquí robalizas. Yo recuerdo esos peces aquí en Carnota hace más de treinta años, cuando los pescaban clavando una hoz en la arena.

 

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.