La cuadratura del círculo

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La semana pasada, la agencia de calificación de riesgos más influyente del planeta, Standard & Poor’s, decidió rebajar la calificación1 de nueve países de la zona euro, entre ellos Francia, Italia y España; al día siguiente las agencias volvían a la carga, amenazando esta vez al fondo de garantías constituido por la Unión Europea. Pareciera que preparan su definitivo golpe mortal a la aventura de Eurolandia. Bruselas calificó la decisión de «aberrante».

 

Como siempre que, desde el inicio de la crisis financiera internacional a fines de 2007, las agencias dan uno de estos golpes a países que otrora parecían intocables, políticos y analistas insisten en la necesidad de regulación de estas agencias: primero, por el oligopolio que mantienen -S&P, Moody’s y Fitch suponen el 95% de la cuota de mercado-; segundo, por los conflictos de intereses tan naturales en entidades que califican a sus propios clientes, y que quedaron en evidencia después de que las tres agencias mantuvieran su matrícula de honor a entidades financieras al borde de la quiebra -como Lehman Brother’s- y a productos financieros que demostraron poco después estar muy lejos de la solvencia, como paquetes que incluían hipotecas subprime, que todavía están expandidos por todo el mundo, con un grado de premeditada complicación tal que ni siquiera sabemos muy bien dónde están. Como si se tratase de un campo de minas. El documental Inside Job lo explica de un modo muy pedagógico: hemos asistido a una estafa piramidal de niveles planetarios. ¿Os acordáis de Madoff? Lo suyo es calderilla en comparación con la gran estafa global que han orquestado quienes toman las decisiones que mueven el mundo.

 

La tríada de agencias descalificadoras ya han hecho tambalear gobiernos y han conseguido tumbar algunos. Como después de cada rebaja, los políticos afectados, que tan conformes estaban con el funcionamiento de las agencias cuando las calificaciones eran buenas -y utilizaban esas calificaciones como propaganda de su buena salud financiera-, aluden ahora a esos conflictos de interés y recuerdan que esas entidades no tienen autoridad moral para calificar su solvencia. Llaman a una reforma legal que nunca llega -algunas propuestas, tan obvias como prohibir que una agencia califique a compañías en las que participan accionistas de las propias agencias. Como dice Joaquín Estefanía en este artículo, sólo eso ya demuestra la influencia de esos lobbies y deja intuir que algunos círculos económicos y financieros -esos que mandan mucho- se están beneficiando con todo ello. Mientras, los gobernantes de países mejor tratados por las agencias aprovechan la coyuntura para sacar provecho. Así, Angela Merkel urge a acelerar el «ajuste» tras la rebaja de S&P. Ajustes, reformas, flexibilizaciones y toda la amplia gama de eufemismos que significan desmantelación del Estado de bienestar europeo. A los españolitos nos lo pueden decir más alto, pero no más claro: si no hay reforma laboral, habrá más rebajas de nota (nótese que aquí reforma quiere decir cortes de derechos laborales).

 

De algo no cabe duda: las agencias están contribuyendo notablemente a aumentar la inestabilidad en la zona euro, y ello, probablemente, le viene muy bien a alguien; a esos que, mientran especulan con la moneda y con los títulos de deuda, chantajean a los gobiernos para que ejecuten la ortodoxia liberal de recortes y privatizaciones que ya tuvo pésimos resultados en la América Latina de los años noventa. Como la soberbia de los poderosos les ha llevado a perder la prudencia, en sus informes las agencias dibujan la cuadratura del círculo: le dicen a España que si no acomete Las Reformas con urgencia se rebajará su calificación, al tiempo que reconoce que esos recortes prolongarán el estancamiento económico, lo que a su vez llevará a una rebaja de su nota. Y entonces, si se trata apenas de decidir cómo uno quiere ser cocinado, ¿por qué ceder a su chantaje? ¿Por qué renunciar al bienestar que la clase trabajadora europea tardó décadas en construir?

 

1Nota al pie: Las agencias evalúan la solvencia de entidades o países para pagar su deuda a tiempo, lo que guía a los inversores a la hora de comprar títulos de deuda. Su relevancia se debe a que la normativa de algunas entidades y organismos prohibe la compra de títulos por debajo de una cierta calificación.

 

* Os cuelgo aquí un reportaje sobre cómo funcionan las agencias descalificadoras.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.