La despedida más esperada

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El viernes 4 de febrero al final no mereció el nombre que le pusieron por la mañana: DÍA DE LA DESPEDIDA. En su apartamento en Viena Elsayed Kandil con sus amigos están dispuestos a pasar la noche en vela a la espera de la buena nueva, con botellas de champán preparadas en la heladera. Parecía que esperaban el Año Nuevo pero sin saber a qué hora exacta llegaría. “En Egipto  le decimos a  Mubarak: ¡te dejamos que te lleves tu dinero, incluso te cantamos el himno, pero vete ya! ¿Qué ha hecho de bueno para nosotros  en 30 años? Nada. Ha destruido el país, ha empobrecido a la gente, la agricultura, la educación, mientras que los suyos se cobran un buen pedazo de provisiones cada vez que compra armamento…y de la tortura ni te hablo porque tendríamos conversación para 100 años”.

 

Hace ya algún tiempo que conozco a Esayed Kandil, actor de teatro que salió de su país en la década de los 70 huyendo de la represión, después de pasar por prisión y por torturas por pertenecer a un movimiento de izquierdas. “Cuando murió Nasser sacaron a los islamistas de las prisiones a la calle, los atizaron para derrotarnos a los de izquierdas, que acabamos en el exilio. Hay muchas fracciones de los Hermanos Musulmanes y Mubarak ha reprimido a algunas pero ha dejado vivir a otras para instrumentalizarlas y legitimar su política de represión”.

 

En junio de 2010, en el café Nil regentado por egipcios en el séptimo distrito de Viena, Elsayed estuvo explicándome durante horas la nueva ola de persecución que estaban padeciendo los opositores en su país en vísperas de unas elecciones que todos sabían que estarían trucadas. Entonces, a la televisión pública austriaca le propuse realizar un reportaje en Egipto. Pero no fue considerado un asunto de especial interés. Hace medio año el tema “no vendía”, no garantizaba una buena cuota de audiencia.  

 

Sólo el Islamismo se ”vendía” bien en occidente. A los Hermanos Musulmanes se les da espacio, menos publicidad tienen la pobreza en Egipto o de los demás 25 partidos de oposición, porque con ellos no se consigue un buen «rating». No es difícil entonces que tengamos una visión algo deformada de la realidad interna de Egipto. Ahora nos toca escuchar. Elsayed Kandil  está convencido de que la nueva generación de egipcios no quiere un estado islámico. Confía en que los jóvenes del movimiento 6 de Abril, impulsores de las protestas, no callarán hasta que no se produzca una verdadera apertura. Cuánto optimismo.

 

¿Y el ejército? – pregunto yo –  ¿Cómo se explican esos gestos de fraternidad entre los soldados y los manifestantes desde el primer día de las protestas? ¿Y cómo se explica que en el siguiente acto los soldados permitieran la violencia? El ejército estaba sobre el escenario pero actuaba de espectador cuando los policías camuflados liderando hordas de apoyo a Mubarak arremetieron contra los manifestantes. Yo supongo que, tolerando la erupción de violencia, el ejército está reforzando su protagonismo para un futuro muy cercano. En vistas del caos, será más fácil legitimar que sea el ejército y no un comité de civiles el que asuma las riendas de una transición.  Este guión es más reconfortante para los países aliados de Egipto, que durante tres decenios aplaudieron la política exterior egipcia haciendo la vista gorda ante las injusticias cometidas por el poder dentro del país.   

Sabiendo con quién está hablando, Elsayed  Kandil me advierte que no tengo que confundir el carácter del ejército egipcio con el de los ejércitos sudamericanos de épocas dictatoriales. “El ejército en Egipto siempre está del lado del pueblo y no dispararía contra ciudadanos egipcios, no importa de qué bando sean. Es así desde la primera vez en la historia que un egipcio fue nombrado ministro de Defensa, en 1850”, explica Elsayed Kandil. “También es así en Túnez, pero no en las monarquías árabes como Marruecos o Jordania, ni tampoco en Siria, donde el ejército sí actúa como represor de los habitantes de forma parecida a como ocurría en América Latina”.   

 

Julieta Rudich  (1962), periodista y realizadora de documentales en castellano y alemán. Como corresponsal desde Viena para el periódico español "El País" y para  las radios Cadena Ser y Radio France International informa sobre asuntos que ocurren en Austria. Al mismo tiempo, para la televisión pública austriaca ORF,  3 SAT y otros dirige y produce reportajes televisivos sobre temas internacionales de relevancia sociopolítica. Como integrante del equipo del programa semanal "Weltjournal" ha viajado los últimos años por numerosos países, entre los que figuran Irak, Argelia, Marruecos, Líbano, Zimbabue, Mozambique, Etiopía, Ghana, Chad, Estados Unidos, México, El Salvador, Colombia, Venezuela, Brasil, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay, su país de origen. Por sus documentales fue galardonada en 1992 con el  Fernsehpreis der Volksbildung y en 1996 con el premio al mejor documental cultural del New York International Independent Film and Video Festival. Su documental “A la sombra de Saddam”, filmado en Irak en 2002, fue emitido por numerosas cadenas en varios idiomas.