La estantería

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Cuentan que en el despacho de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense que compartían (o comparten) Monedero e Iglesias, destacaba (o destaca) en plena pared central una estantería ahíta de películas porno.

 

Cuentan que en el despacho de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense que compartían (o comparten) Monedero e Iglesias, destacaba (o destaca) en plena pared central una estantería ahíta de películas porno. Ayer se vio en la televisión parte de ese lugar mientras Pablo despachaba, nunca mejor dicho, muy a lo Strelnikov dentro de su tren soviético, a un periodista de Telemadrid que se dedicó a mostrar la suciedad de la Facultad y las timbas de porros y cerveza en sus pasillos, además de la intimidación de los alumnos e incluso del vicedecano, un tipo vestido con una trendy camisa/chaleco que, al tiempo que expulsaba al periodista y su cámara, le preguntaba porque no iba también a visitar las casas de los curas que abusaban de los niños.

 

Eso el vicedecano, que antaño era un nombre que evocaba a un señor como el de ‘Up!’ con un traje con efluvios de naftalina. La imagen del despacho sugería aires okupas hasta por el aspecto del brillante inquilino, como si fuera aquel apartamento de Nueva York del joven Marlon Brando en el que entraba y salía todo el mundo y hasta iban a comer los vagabundos (el lumpen, que diría Pablo), quien hoy ha cortado de raíz sus apariciones televisivas después de su sonada derrota ante Ana Pastor (la última estrella del wrestling periodístico) como Tyson cuando dejó de ganar por nocaut antes de cumplirse el primer minuto.

 

Mientras tanto anda calmándose el mono de ubicuidad con el tuiter, hablando de dignidad a propósito del Papa en el Parlamento Europeo, tuits que vienen a sumarse, acaso con la intención de Montaigne en sus Ensayos: “…Porque me pinto a mí mismo. Mis defectos se leerán al natural, mis imperfecciones y mi forma genuina en la medida que la reverencia pública me lo ha permitido…”, a aquellos en los que habla de las armas como derecho y otros cuentos: eróticos, galantes, fantásticos, de horror y de guerra como las selecciones de Maupassant.

 

Uno se pregunta si casta (que en lenguaje podemístico es como decir chusma) no serán aquellos profesores de la Universidad pública que atienden a sus alumnos en un despacho presidido por una colección de pornografía. Porque uno es de los que guardan la imagen de los despachos de sus profesores con las paredes llenas de libros y diplomas, y en todo caso se imagina el porno en el cajón.

 

¿Será adoctrinamiento, aunque tan sólo provenga la idea de un elemento (o muchos del mismo tipo) decorativos, una profusión de imágenes, como la del Zoo Tv pero sin música, en la que aparece Chomsky y después Ginger Lynn, Marx y luego Nacho Vidal mientras se trata de Ciencia Política o de Teoría del Estado? Debe de ser que uno es un fascista sin remedio, además de un machista como esa reportera que hoy ha cometido la imprudencia de preguntarle al querido líder por las últimas noticias acerca de su “compañera”.

 

Cuando Pablo gane las elecciones y Tania sea la primera dama (si es que no han cambiado la denominación por machismo o, en el caso de que no lo hayan hecho, a ella misma no le resulte vejatorio un término tan imperialista), en ese salón de Moncloa donde se recibe a las visitas quizá haya sitio para todo ese porno, porque piensa uno que deberá seguir luciendo en el lugar más visible como un estandarte, la coleta y el porno como la mochila de Sánchez (¡y de Pocholo!) o los nuevos símbolos de España, la subversión quien sabe si incluso en el plató de una futura versión española del ‘Aló Presidente’ producida por La Tuerka, por supuesto sin ánimo de lucro.