La extraordinaria vida de Julio Ramón Ribeyro

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“Soy un autor casi completamente desconocido. En consecuencia, debo exponerme a sufrir todas las dificultades de los escritores noveles: demora en la lectura de mis manuscritos y mala lectura de estos”, cuenta Julio Ramón Ribeyro, en una carta desde París en la década de 1960 a su hermano Juan Antonio. En otras, confiesa que no es un escritor de verdad, le invaden las dudas, el pesimismo. Agrega que el rótulo de escritor le cae como un elefante, tremendamente grande y pesado, y que preferiría ser como esa cuña de Stendhal, solo: un observador del corazón humano.

Sin embargo, durante los años siguientes, Ribeyro produciría memorables libros de cuentos, diarios, ensayos, novelas y teatro. Narrativas que cautivarían a miles de lectores e influenciarían a numerosos autores hispanoamericanos de variadas generaciones. Y ya para 1994, había obtenido el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, codiciado galardón por su enorme prestigio y dote económica. De la misma manera, por esos años, su nombre se relacionaba con el género del cuento, con escritores como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

En Ribeyro, una vida (Revuelta Editores, Lima, 2021), descubrimos un libro fascinante, lleno de perspicacias y revelaciones. Si ya le apasionaba el trabajo de Julio Ramón Ribeyro, este tomo de casi seiscientas páginas profundizará la comprensión sobre su vida y obra. Y si aún no está muy familiarizado con la travesía existencial y los escritos del creador de La palabra del mudo, Jorge Coaguila, autor de esta biografía, conseguirá que se apresure en leerlo, porque lo llevará de la mano a esa indagación profunda, y con pericia, al gran mito en que se ha convertido Ribeyro. En sus páginas, le sigue la pista con pasión. Cava, desentierra, analiza, investiga, descubre datos y relaciona sucesos, con sumo conocimiento, detalle y disciplina. De modo que terminamos observando a un escritor reflejado a todo color y en todas sus dimensiones esenciales.

Desde el inicio, el biógrafo oficial nos plantea su principal problema. Constata que existen versiones diversas sobre los eventos en la vida del autor: “No hay que olvidar que varios entrevistados son narradores, quienes tienden a maquillar los hechos para tener una mejor historia que contar. Además, algunos no recuerdan exactamente cómo sucedió el hecho, dan fechas distintas”, asevera Coaguila. Por lo tanto, actúa como un incorruptible experto en arte que va identificando si una pieza artística es falsa o auténtica, ya que, a simple vista, parece muy difícil distinguir los relatos originales de los engañosos.

Asimismo, el libro, no solo desvela la vulnerabilidad física del autor, la lucha ardua contra su enfermedad, sino, en particular, su batalla para hacerle frente a las demandas domésticas, su insuficiencia para desafiar a la vida codiciosa y capitalista que se nos impone. Poco a poco, nos pinta el retrato de un hombre virtuoso, impresionante, pero a la vez tímido y dócil, que solo vive, transpira y respira ese mundo mágico que es la literatura. Los temas laborales, de dinero, de poder o de notoriedad le parecen áridos desiertos ajenos y mundanos.

Habrá algunos lectores desconfiados que pensarán que sus vivencias no estuvieron colmadas de acción, aventura, y que, seguramente, ni siquiera acompañó a la procesión del Señor de los Milagros un par de cuadras, o que todo se puede reducir a algunas anécdotas graciosas o trágicas. En cambio, la biografía de Ribeyro contada por Coaguila, se lee como una novela de Charles Dickens: su origen en el seno de una familia notable y distinguida, la debacle económica con la partida prematura del padre, su escape limeño y la emoción de recorrer las calles adoquinadas del Viejo Continente. Su paso como conserje de hotel, cargador de bultos en una estación de tren y recogedor de periódicos caducos.

Sus sueños precarios y oscuros en una buhardilla de la Ciudad Luz. Además, su enfermedad, sus amores, su tránsito por la diplomacia y por ese círculo famoso de intelectuales y artistas latinoamericanos de los tiempos del Boom, hasta desembocar en la consagración del artista que hoy todos conocemos. Un escritor de la cotidianidad, los héroes discretos, la introspección, la ironía y el humor.

Nos encontramos entonces frente a una biografía escrita desde la admiración y el cariño a Ribeyro, pero con la disciplina y rigor probatorios de un magistrado inglés. Escrita también para los admiradores antiguos y nuevos. Y para resituar a nuestro gran cuentista ante futuras generación de lectores. Su biógrafo nos envuelve en ese universo inquietante donde el hombre y el artista se interceptan. Un individuo genial, complejo y contradictorio. Coaguila sostiene, además, con abundantes razones, la manera en que Ribeyro transformó los acontecimientos y a la gente que apreció y apareció en su vida, en esa extraordinaria forma intelectual y artística llamada ficción.

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