La puerta abierta

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Mientras leo Farándula, de Marta Sanz, pido un deseo para 2016 –como quien se pide una pizza, un helado de doble bola, limón y chocolate– escribir como ella. Saber utilizar la palabra adecuada, escoger siempre el adjetivo pertinente. Me lo pido.

 

Mientras leo Farándula, de Marta Sanz, pido un deseo para 2016 –como quien se pide una pizza, un helado de doble bola, limón y chocolate– escribir como ella. Saber utilizar la palabra adecuada, escoger siempre el adjetivo pertinente. Me lo pido.


Mientras voy lamentándome –ay, Laura, tendrías que haber aprendido más vocabulario en el cole– la furgoneta avanza veloz hacia un lugar llamado Cabo de Buena Esperanza. Tiene gracia que uno de los puntos situados en el extremo sur del continente africano se llame así: Cabo de Buena Esperanza. Como si el continente, llegado a su fin, pidiera él también un deseo. La esperanza, bien lo dice el refrán, es lo último que se pierde.


Subrayo una frase en el libro de Marta Sanz que dice: “El azar, en realidad, o no existe o es siempre perverso”. La subrayo porque se acerca el final de un año y llega el momento de las valoraciones, las listas. Y las quejas. Sigo sin saber qué es lo que hace a un año bueno, si es el azar, la suerte, la voluntad. Si es el trabajo, el amor. Si es una mezcla de todo, un conjunto de buenas elecciones. Quién sabe.


Frente a lo escarpado de estos acantilados del cabo querría tener un papel en el bolsillo para apuntar algunas cosas obvias pero importantes ahora que quedan dos días para que termine el 2015. Como que es importante no dejar lo bueno siempre para la último. Como que debería estar prohibido dejar que las cosas caigan por su propio peso porque las cosas caen, claro, pero hacia el lado contrario. Como que Julio Ramón Ribeyro tenía mucha razón con aquello de que las cosas a veces llegan tarde. Y en esta vida no hay nada peor que tarde.


¿Y cómo llega la felicidad entonces?


Recuerdo una viñeta de Mafalda que me hace sonreír. La madre de Malfalda se va a hacer la compra y le dice que cierre la puerta y que no la abra por más que alguien llame. La niña, inquieta, le pregunta: ¿Pero y si es la felicidad?


La felicidad no es un sentimiento, es una elección. Pero hay que dejar la puerta abierta, no sea que llegue sin avisar. Tal vez sea esa una de las claves para tener un buen año.


A lo que íbamos, que todo esto no es más que una excusa para desearos a todos una buena entrada de año y un feliz 2016.