La radio tampoco es manca

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A continuación, varias perlas recogidas al vuelo de la radio mientras me ocupo de las labores propias de mi sexo:

Cada vez que nos hacemos mayores”. Es un ejemplo exacto pero triste del empobrecimiento de la lengua, el no saber usar algo tan lógico como “a medida que…”; en la radio es muy frecuente, por la inmediatez.

 

“Tengo un dolor que me duele”, éste era en una especie de consultorio médico (repito lo de la inmediatez…).

Un político habla y dice: “…la forma de la formulación”. No es por meterme con ellos más todavía de lo que están recibiendo hoy en día, pero, oiga, es que la política y la palabra –la palabra bien dicha- tendrían que estar muy unidas, y la verdad es que el político tipo habla peor que la media de la población (que ya es decir), pero sobre todo habla más feo

Tampoco es manco este anuncio en la radio: “Tener un hijo no es nada fácil para las personas que la naturaleza se lo ha negado”. ¿Es tan difícil tener redactores publicitarios que sepan que existe la posibilidad de escribir en ese caso “a quienes”?

 O esto, hablando de “Método 3”: “Es una vergüenza que intenten comercializar con una conversación privada”. ¿Que no distinguimos comerciar de comercializar? ¿Ni idea de lo que es un verbo transitivo? O quizá es simplemente lo de alargar por alargar.

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.