Las pequeñas cosas

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Leo que el poeta venezolano Eugenio Montejo dijo en 1997: “Viene una gran tragedia; se nota en las palabras”. El poeta Juan Carlos Méndez, autor de la cita, describe luego el panorama lingüístico que trajo el chavismo: “Palabras cuartelarias, modos imperativos, discursividad militar decimonónica, desprecio a la capacidad de síntesis…”. Es una interpretación legítima, pero lo interesante para mí es que apunte al lenguaje en uso como algo más significativo que la simple comunicación, algo que refleja los duelos y quebrantos de una comunidad concreta.

En el caso de España, no puedo dejar de relacionar ese deterioro con el triste espectáculo que me ofrece cada día mi barrio madrileño de Chamartín antes y durante la pandemia (en el suelo: mascarillas, guantes, excrementos perrunos, plásticos de todo tipo, latas de refrescos, cajetillas; en los iglús: trastos, cajas de cartón y enseres de gran tamaño). Y, malpensada que soy, imagino que lo mismo más o menos pasa en toda la ciudad. Ni harta de anís se me ocurriría dar la chapa con LA OTRA COSA, no sólo porque hartos estamos todos de padecerla -en todas las acepciones de la palabra-, sino porque esas pequeñas cosas que se observan en la calle me parecen una metáfora y un síntoma terribles del estado de las otras más grandes.

Hace unos pocos días pasé por una calle cercana llena de terrazas, y las pequeñas mesas estaban cuajadas de gente que fumaba, bebía y gritaba alegremente sin distancia ni mascarilla. Y no, no eran jóvenes haciendo un botellón, sino adultos muy creciditos… Sentí que estábamos en mundos separados, que éramos extraños. Todo eso me da una idea penosa de mis vecinos, me siento como la doña Urraca del TBO, los miro con sospecha cuando me los cruzo…

Para mí que la clave es la carencia de civismo. La Educación entró en déficit hace muchos años, precisamente cuando era de esperar que floreciera. Y de esos polvos vienen estos lodos, lodos que muchos políticos, estadística en mano, se empeñan en desconocer. Incultura + desfachatez+ chulería vernácula igual a desastre. El poeta temía “una gran tragedia” en su país, por la deriva del lenguaje. Pues eso también: aquí no nos privamos de nada…

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Anunciata Bremón
Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.

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