Lecciones de la crisis: Nadar para morir en la orilla del cemento

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Hace unos días Daniel W. Drezner publicó en su blog de Foreign Affairs un estupendo artículo en donde jocosamente proponía una explicación de la nueva estrategia general estadounidense a través de vídeos populares de youtube. De repente, y en el marco de una de las revistas más serias de política exterior, Drezner consiguió hacer visible un estado generalizado en la opinión pública; que Estados Unidos está perdiendo su hegemonía en el mundo pero actúa como si nada estuviera ocurriendo a su alrededor. 

 

La idea me pareció magistral, y enseguida empecé a pensar en la cantidad de paralelismos que se podían establecer entre muchos de mis vídeos favoritos de Youtube y la situación de España. Tras meditarlo mucho creo que he encontrado un perfecto resumen de la crisis económica y de valores que sufre nuestro país en cuatro segundos que pasarán a la historia como “el vídeo del niño más tonto del mundo”. Gloria amateur:

 

 

“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. O “al pot petit hi ha la bona confitura”. Cualquier refrán se queda corto a la hora de definir la capacidad de síntesis de este vídeo. El niño (España recién democrática,) animado por su padre (el mercado), se dispone a dar un salto definitivo hacia la piscina (la opulencia). Por si las moscas lleva un par de manguitos de plásticucho (escuálido superávit presupuestario). Con lo que no cuenta es la desmesurada extensión de cemento que se extiende a sus pies (burbuja inmobiliaria), que le separa irremisiblemente de las refrescantes aguas de la susodicha piscina. Convencido como un tonto total de que con cerrar los ojos al cemento y dar el salto basta, el pequeño se da de bruces con la dura (literalmente) realidad de un pésima planificación del movimiento (modelo productivo). Hostión al canto y probablemente un trauma que le hará utilizar las escaleras la próxima vez y meterse en el agua poquito a poco.  

 

O quizás pruebe ser un espécimen clásico de ser humano y de aquí un tiempo vuelva a saltar desde la misma posición, con las llaves de un apartamento en quincuagésima línea de playa a pie de autopista, como ciertamente parece ser el caso del lugar donde se sitúa el vídeo. Esta parece ser al menos la lección más desalentadora de la crisis. Sin lugar para la reflexión seria de cómo hemos llegado al suelo, levantarse se convierte en un mero y doloroso trámite para volver a besar el cemento. Ya se sabe, todo padre que se precie se siente orgulloso de que su hijo progrese a base de trompazos con tal de que algun día llegue a la orilla.

 

 

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